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En Trevijano de Cameros un antiguo corral se convierte en una perfecta atalaya sobre el mirador del Leza y las cumbres blancas de la Mesa de Cebollera
16.04.10 -
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Casa del Maestro Ciruela
Al calor del fuego. Chemi ojea una revista junto a la chimenea. :: J.T.
Dice un dicho popular de su abuela que «el maestro Ciruela es aquella persona que no sabía leer y puso escuela». Y viene a cuento porque Chemi está construyendo una escuela popular en Trevijano, junto a la casa rural, para ofrecer cursos de cerámica rakú, una técnica tradicional oriental que retorna al tratamiento de la arcilla con el fuego para conseguir piezas de texturas metálicas…
En la línea del cielo se dibuja el perfil de casas y pajares asomados al barranco, que se distribuyen de norte a sur por todo el collado y donde emerge la fortaleza de la iglesia de San Cristóbal.

Una agradable sensación de tranquilidad se percibe al llegar a la plaza de esta aldea tras remontar una carretera estrecha que serpentea la pendiente sobre la gran grieta del río Leza. Un hombre con boina sentado al sol de una tarde de primavera pregunta la hora.
Detrás de la pared del frontón aparece una casa de intenso color rojo vino sobre la piedra caliza. Un antiguo corral en la cuesta camino de las eras del Plano, desde donde se puede observar, trescientos metros más abajo, el pueblo de Soto en Cameros, el Mirador del Cañón del Leza y las obras del embalse de Terroba o las cumbres blancas de la Mesa de Cebollera, hacia el oeste.
Jardín y chimenea
La casa rural ha tenido dos etapas. La primera, desde 1995, cuando se llamaba Casa Daría. La segunda, desde 2006, que cambia de nombre y de propietario pero mantiene la misma oferta original de tres habitaciones que comparten un baño. La rodea un jardín en esquina protegido por un muro de piedra y barandilla de forja.
La entrada es un portón de madera de dos hojas con cuarterones, junto a la ventana de la cocina donde reposan las macetas con plantas que han aguantado un largo invierno. Un salón de ambiente rústico con la chimenea en el rincón, cestos de mimbre colgando de las vigas y piezas de barro en los estantes.
Las habitaciones tienen los muros pintados de amarillo mostaza, techos blancos en las bovedillas y vigas de madera oscura. El sol de la tarde ilumina un pequeño dormitorio a través de una ventana donde descansa un gato. Sobre el cabecero rústico de madera y formas curvas hay un estante con un portavelas, cerámicas y un cuadrito… como una capilla.
Chemi buscaba una casa en un pueblo para vivir fuera de la ciudad y pasar el mayor tiempo posible en la naturaleza. Conocía Trevijano y Luezas por algunos amigos y aquí encontró su aldea perdida, un pueblo que ha resurgido tras los años de la emigración y que ha conseguido mantener una población estable con artesanos de telares, cerámica y trabajos de empedrado y bioconstrucción.
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