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Entre el valle y la montaña, y decorada con los elementos típicos de la localidad, Casa Llaría es una de las primeras casas rurales riojanas
23.07.10 -
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Casa rural Llaría
En el centro de Anguiano. La casa, al pie de la carretera que conduce al Alto Najerilla. :: J.T.
Entre el valle y la montaña, y decorada con los elementos típicos de la localidad, Casa Llaría es una de las primeras casas rurales riojanas
Anguianose presenta sobre una ladera antes del paso estrecho y rocoso del puente de la Madre de Dios. De mañana se observa a contraluz una sucesión de pliegues paralelos que descienden desde las cumbres del Serradero hacia el río Najerilla. Es un lugar de transición del valle hacia la montaña, desde las continuas choperas que acompañan las riberas hacia la paredes casi verticales que se rompen en el río. La calle de la carretera recorre este pueblo repartido en tres barrios, por los antiguos pajares de Eras hacia Mediavilla y Cuevas, al otro lado del puente y de los riscos. A medio camino, un letrero de carnicería y alojamiento anuncia la casa rural con nombre del apellido de Braulio.
Una gran casa blanca y gris bordea la curva de la carretera y un muro de piedra en esquina permite un hueco para subir a una placita enfrente de una fuente. La placa de casa rural asoma al comienzo de una callejuela estrecha sin nombre. En la entrada, sobre un aparador de madera hay dos platillos de barro con alubias de cosecha propia: unas son blanquillas, del arroz; otras son rojas, las más conocidas en Anguiano. Arriba, en el primer piso, en el recibidor hay dos zancos de madera colgados de la pared. Son los dos símbolos más conocidos de este pueblo: las alubias, que celebran festival en noviembre, y los zancos de los danzadores, que se lanzan por la cuesta empedrada en lasfiestas de La Magdalena.
Cuenta Eusebia ’Sebi’ que en las bajeras de esta casa hubo una antigua posada y que después también fue baile y cine. Cuando eran jóvenes y no les dejaban entrar bailaban en la carretera. Con el tiempo compraron esta casa y se bajaron a vivir desde otra que tenían en la plaza. Eran los comienzos del turismo rural y aprovecharon las primeras subvenciones para acondicionar un alojamiento de dos dormitorios, un baño compartido y salón con chimenea. Sorprenden las hermosas vistas desde los balcones sobre el frondoso cauce del río enmarcado por las peñas rocosas. La más conocida es la Peña del Reloj, que permite saber la hora del día según el movimiento de su sombra. Por debajo, en la otra orilla del río, discurre el sendero de gran recorrido que viene desde San Millán de la Cogolla y asoma por las ruinas del Convento de La Granja.
Los propietarios de la casa tenían granja de cerdos y rebaño de ovejas. Hasta hace dos años, en otra parte de la vivienda estaba la carnicería del pueblo, de ahí que se anuncie todavía en el viejo letrero. Ahora mantienen la casa rural y el cultivo de las famosas alubias y otras legumbres, como los garbanzos.
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