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CASA RURAL LA BALDUFA

Munilla alberga este rehabilitado caserón de pasado religioso e industrial
24.12.09 -

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La esencia de un sueño
En este lugar apartado del Valle del Cidacos, a orillas del río Manzanares, se encontraba la antigua ermita de Santo Tomás, en la entrada del pueblo.
La baldufa es un trompo, una peonza, un juguete tradicional que se remonta a miles de años de historia y que ya utilizaban griegos y romanos, además de las culturas orientales de China y Japón que lo introdujeron en Occidente. La baldufa es su nombre en catalán, de donde procede la familia de Marta, a la que de niña su padre le llamaba ‘baldufa’, por lo movidita que era. Ésta ha sido la razón de elegir ese término para la casa rural, como recuerdo, sentimiento y esencia de un sueño que se ha hecho realidad en el pueblo de Munilla.
Después, la ermita se transformó en fábrica de alpargatas, cuando Munilla era un importante centro industrial que llegó a contar con 16 fábricas de calzado, paños, chocolates y telares. A mediados del siglo pasado, la fuerte emigración y el traslado de las fábricas a la ciudad de Arnedo dejó los edificios abandonados y arruinados... hasta ahora. Así se lo encontraron Fran y Marta en el año 2003, durante unas vacaciones en Calahorra. En un paseo hacia el Hayedo de Santiago vieron el cartel de venta y comenzó el sueño: vivir en un entorno rural.
Hornacina sin santo
Tres años después dejaron Barcelona y comenzó la rehabilitación de este edificio de pasado religioso e industrial, mirando con detalle la conservación de los muros de piedra originales y algunos elementos singulares del exterior, como la hornacina sin santo y el arco de entrada a la ermita que ahora sirve de luminoso ventanal en el salón, junto al benditero de piedra tallada para el agua bendita. Sobre la puerta de entrada cuelga un letrero en madera con el dibujo de una peonza y el nombre de la casa. Dentro hay espacio para una gran pieza industrial, un torno de madera, junto a una escultura en el tronco de un olmo, del artista Alberto Varela que expone también originales ventanas de luz con dibujos en vidrieras y madera en el salón, donde destacan los muros de piedra y tramos de roca viva en la base. El trabajo de carpintería en la rehabilitación ha sido obra de Fran, que ahora también se prepara para guía micológico en la promoción de este recurso dentro de la Reserva de la Biosfera.
La casa es grande, tiene cuatro plantas y ascensor. El comedor se encuentra en la segunda, un espacio amplio que, de momento, ofrece servicio sólo para las personas alojadas pero que está preparado para futuro restaurante. Las habitaciones se distribuyen en la tercera planta y sólo una en la cuarta, muy luminosa, más grande y con altillo de madera. Los dormitorios tienen nombres que simbolizan los cimientos del proyecto: ilusión, esperanza, amor, sueño, alma, deseo, vida y descanso. La baldufa ha dejado de girar y se ha quedado a vivir en Munilla.
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