
Los árboles de La Rioja
Hayedo con ‘n’
La rara forma de su tronco, que debió de torcerse de joven, hace del Haya Torcida, uno de los ejemplares más curiosos. Se encuentra en Anguiano, en el collado Flecho.
El tejo hacia la cumbre
Este gran Tejo del Urbión (en realidad son dos) es especialmente hermoso por su disposición en la ladera de la montaña, camino del Urbión por el barra
Un arbusto gigante
El tamariz es una mata o arbusto, por lo que resulta extraordinario este ejemplar de porte arbóreo y de origen natural existente en Alcanadre, conservado entre cultivos de cereal.
Un altar en pleno campo
Aunque el tamaño de este Roble de la Virgen de Cañas ya es motivo de singularidad, lo que lo hace más especial aún es que en el pasado su tronco guardó una imagen religiosa.
Orfebrería natural
Parece obra de un escultor o de un orfebre este espectacular Pino Candelabro de Villoslada, que se encuentra camino de Hoyos de Iregua, más allá del cortafuegos de La Blanca.
Un carrascal en la llanura
Encinas de gran porte y diámetro (sobre todo una) pueblan este gran encinar o carrascal próximo a Villarroya, singular por su extensión y por halla
Hasta aquí, la huerta
Hoy hay otros cultivos a su alrededor, pero el majestuoso Pino (piñonero) de la Huerta de Cidamón recibe su nombre porque antiguamente el regadío llegaba hasta sus pies.
Un pinar muy especial
En las faldas del Castillo de Vinuesa, en Villoslada, se conserva gracias al clima extremo de montaña un pinar de pino negro, especie muy singular y escasa en La Rioja.
El ciprés que resiste
El Árbol de Pitas, con el apellido de los dueños de la finca de Calahorra en la que se asienta, es un gran ciprés que domina toda una extensión de terreno sin apenas árboles.
Un recorrido a través de los mejores árboles. Son una invitación a conocer rincones de la región, su historia y sus leyendas
«En Italia, en el borde del Etna, se dice que el Castaño de los Cien Caballos sirvió de refugio a Juana de Aragón y sus jinetes. También cuentan que Alejandro Magno y una tropa de siete mil soldados acamparon una noche bajo una higuera tan grande que fue capaz de albergarlos a todos. Y que Napoleón sólo tuvo el hijo varón que tanto ansiaba cuando durmió una noche debajo de una gran olma, símbolo de amor y fecundidad».
Los árboles, los seres vivos más antiguos del planeta, están unidos (como recoge el libro ‘Árboles, leyendas vivas’, de Susana Domínguez y Ezequiel Martínez, SDLEdiciones, 2005) a multitud de historias y leyendas a lo largo y ancho de todo el mundo y muchas civilizaciones les han otorgado un simbolismo espiritual. Los pueblos celtas, nórdicos y orientales, antes de cortar uno, pedían perdón mediante un rito para librarse del castigo del espíritu que lo habitaba. Lo mismo que en el otro extremo del globo, en Papúa Nueva Guinea, donde antes de talar una palmera, el chamán golpea su tronco para despertarla. Griegos y romanos, musulmanes y judíos, escandinavos y orientales han tenido sus árboles sagrados.
También en la España de hoy sobreviven, aunque a duras penas, árboles legendarios: «Tejos milenarios venerados por los celtas, castaños de más de doce metros de perímetro, pinos de más de cincuenta metros de altura, robles que ya vivían cuando Colón descubrió América, sabinas donde se apareció la Virgen, árboles con historias de reinas, amores y duelos, olmos que inspiraron a Machado». En definitiva, árboles cuya historia ha formado parte de la vida de muchas gentes y que hoy han llegado a nosotros como algo mágico que debemos mantener y transmitir.
Conocer es respetar
Conocerlos es una manera de despertar el respeto hacia estos árboles y, con ellos, hacia el medio ambiente en general. Despertar quizás una relación no tan lejana en tierras como La Rioja, con un pasado rural tan arraigado. «¿Por qué muchos vecinos de Santo Domingo se colocaban en fiestas una hoja de encina en la solapa de la chaqueta? ¿Qué hacían los de Nájera recogiendo un ramito de laurel cada primero de mayo en el mismo lugar donde se levantó un gigantesco olmo? ¿Es una simple casualidad que las imágenes de la Virgen más veneradas hayan aparecido ocultas en los troncos de los árboles? ¿Por qué estos árboles sagrados suelen ser robles?»
La ‘Guía de árboles singulares de La Rioja’, reeditada por la Consejería de Medio Ambiente con la colaboración de la Asociación Ecologista de La Rioja, es una fantástica publicación para conocer la historia, leyendas y costumbres de esta región a través de sesenta árboles muy especiales y legalmente protegidos.
Conocer, por ejemplo, que frente a Tobía, encaramado a sus peñas, vive desde hace 400 años el Roble de las Once, un hermoso ejemplar cuya singularidad, además de su tamaño, radica en su relación tradicional con el pueblo. Resulta que en agosto, los primeros rayos de sol que son capaces de superar la imponente muralla de roca parecen iluminar de golpe la hermosa copa del árbol justo a las once. Además, en la segunda mitad del mes, cuando se celebra la fiesta de Acción de Gracias, era costumbre colgar de sus ramas un jamón para premiar al joven que gane la carrera desde el pueblo hasta el trofeo.
En otro valle hermano, el del río Cárdenas, cerca de San Millán de la Cogolla, se encuentra un serbal o mostajo muy singular. Los serbales son arbolillos de escasa dimensión que rara vez alcanzan mucha altura. El llamado Mostajo del Cárdenas, sin embargo, tiene 15 metros en su copa y es quizás el ejemplar conocido más grande de la Península y seguramente de los más longevos; podría tener entre 300 y 400 años. Es durísima la madera de su tronco, que se yergue a orillas del río, junto a la senda que remonta La Demanda.
Las Encinas de Villarroya, el Quejigo en Mansilla, el Roble Gordo o las Palomas de Pradillo, el Roble de la Virgen de Cañas, el Quejigo del Cerro Laguna de Mansilla, el Haya de los Carrias de San Millán, el Haya Torcida de Anguiano, el Pino Candelabro de Villoslada, el Cerezo de Chorrato de Ojacastro, el Tilo del Calamantío de Mansilla, el Tilo Fallizco de Valgañón, el Saúco de Zorraquín, el Maguillo y el Arce de Roñas de Anguiano, el Fresno de la Virgen de Canalejas de Zarzosa, el Roble de la Sola de Canales, el Moral del Papel de Cidamón son algunos árboles con nombre propio y sonoro.