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NATURALEZA

Un recorrido a través de los mejores árboles. Son una invitación a conocer rincones de la región, su historia y sus leyendas
20.08.10 -
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Roble gigantesco en los montes de Villoslada
Un recorrido a través de los mejores árboles. Son una invitación a conocer rincones de la región, su historia y sus leyendas
«En Italia, en el borde del Etna, se dice que el Castaño de los Cien Caballos sirvió de refugio a Juana de Aragón y sus jinetes. También cuentan que Alejandro Magno y una tropa de siete mil soldados acamparon una noche bajo una higuera tan grande que fue capaz de albergarlos a todos. Y que Napoleón sólo tuvo el hijo varón que tanto ansiaba cuando durmió una noche debajo de una gran olma, símbolo de amor y fecundidad».
Los árboles, los seres vivos más antiguos del planeta, están unidos (como recoge el libro ‘Árboles, leyendas vivas’, de Susana Domínguez y Ezequiel Martínez, SDLEdiciones, 2005) a multitud de historias y leyendas a lo largo y ancho de todo el mundo y muchas civilizaciones les han otorgado un simbolismo espiritual. Los pueblos celtas, nórdicos y orientales, antes de cortar uno, pedían perdón mediante un rito para librarse del castigo del espíritu que lo habitaba. Lo mismo que en el otro extremo del globo, en Papúa Nueva Guinea, donde antes de talar una palmera, el chamán golpea su tronco para despertarla. Griegos y romanos, musulmanes y judíos, escandinavos y orientales han tenido sus árboles sagrados.
También en la España de hoy sobreviven, aunque a duras penas, árboles legendarios: «Tejos milenarios venerados por los celtas, castaños de más de doce metros de perímetro, pinos de más de cincuenta metros de altura, robles que ya vivían cuando Colón descubrió América, sabinas donde se apareció la Virgen, árboles con historias de reinas, amores y duelos, olmos que inspiraron a Machado». En definitiva, árboles cuya historia ha formado parte de la vida de muchas gentes y que hoy han llegado a nosotros como algo mágico que debemos mantener y transmitir.
Conocer es respetar
Conocerlos es una manera de despertar el respeto hacia estos árboles y, con ellos, hacia el medio ambiente en general. Despertar quizás una relación no tan lejana en tierras como La Rioja, con un pasado rural tan arraigado. «¿Por qué muchos vecinos de Santo Domingo se colocaban en fiestas una hoja de encina en la solapa de la chaqueta? ¿Qué hacían los de Nájera recogiendo un ramito de laurel cada primero de mayo en el mismo lugar donde se levantó un gigantesco olmo? ¿Es una simple casualidad que las imágenes de la Virgen más veneradas hayan aparecido ocultas en los troncos de los árboles? ¿Por qué estos árboles sagrados suelen ser robles?»
La ‘Guía de árboles singulares de La Rioja’, reeditada por la Consejería de Medio Ambiente con la colaboración de la Asociación Ecologista de La Rioja, es una fantástica publicación para conocer la historia, leyendas y costumbres de esta región a través de sesenta árboles muy especiales y legalmente protegidos.
Conocer, por ejemplo, que frente a Tobía, encaramado a sus peñas, vive desde hace 400 años el Roble de las Once, un hermoso ejemplar cuya singularidad, además de su tamaño, radica en su relación tradicional con el pueblo. Resulta que en agosto, los primeros rayos de sol que son capaces de superar la imponente muralla de roca parecen iluminar de golpe la hermosa copa del árbol justo a las once. Además, en la segunda mitad del mes, cuando se celebra la fiesta de Acción de Gracias, era costumbre colgar de sus ramas un jamón para premiar al joven que gane la carrera desde el pueblo hasta el trofeo.
En otro valle hermano, el del río Cárdenas, cerca de San Millán de la Cogolla, se encuentra un serbal o mostajo muy singular. Los serbales son arbolillos de escasa dimensión que rara vez alcanzan mucha altura. El llamado Mostajo del Cárdenas, sin embargo, tiene 15 metros en su copa y es quizás el ejemplar conocido más grande de la Península y seguramente de los más longevos; podría tener entre 300 y 400 años. Es durísima la madera de su tronco, que se yergue a orillas del río, junto a la senda que remonta La Demanda.
Las Encinas de Villarroya, el Quejigo en Mansilla, el Roble Gordo o las Palomas de Pradillo, el Roble de la Virgen de Cañas, el Quejigo del Cerro Laguna de Mansilla, el Haya de los Carrias de San Millán, el Haya Torcida de Anguiano, el Pino Candelabro de Villoslada, el Cerezo de Chorrato de Ojacastro, el Tilo del Calamantío de Mansilla, el Tilo Fallizco de Valgañón, el Saúco de Zorraquín, el Maguillo y el Arce de Roñas de Anguiano, el Fresno de la Virgen de Canalejas de Zarzosa, el Roble de la Sola de Canales, el Moral del Papel de Cidamón son algunos árboles con nombre propio y sonoro.
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