El otoño en la naturaleza se traduce en color. Una paleta cromática de infinitas tonalidades que van del amarillo al marrón tiñendo sutil y fugazmente muchos de los montes riojanos. En esta época el hayedo es el rey del bosque que aporta magia y encanto a muchos rincones. Afortunadamente en La Rioja contamos con numerosos espacios naturales en los que podemos dejarnos embaucar por el embrujo de los hayedos. En nuestra región, crecen siempre en lugares relativamente altos, entre los 1.200 y los 1.600 metros de altitud aproximadamente, en aquellas zonas donde las precipitaciones son abundantes y las nieblas frecuentes. Si nos fijamos en nuestros paseos por el campo veremos que los bosques de hayas se encuentran situados en laderas de orientación norte donde los frentes procedentes del Atlántico y cargados de humedad liberan el agua al encontrar el obstáculo de la montaña.
En las inmediaciones de Ajamil de Cameros, localidad enclavada en pleno Camero Viejo y a más de 1.000 metros de altitud, tenemos la posibilidad de disfrutar, en esta época del año, como auténticos gnomos de cuento. La localidad está rodeada por un hayedo importante, el hayedo de Santiago y regada por dos afluentes del Leza, los ríos Rabanera y Vadillos. Su situación, en las laderas de Monte Real es inmejorable ya que ofrece bonitas excursiones. En estos meses hay batidas de caza y nos encontramos en plena Reserva Regional Cameros-demanda por lo que conviene informarnos antes de realizar la marcha.
El recorrido que les sugerimos, de aproximadamente 8 kilómetros de longitud, no entraña demasiada complicación y comienza en la propia localidad de Ajamil, desde la que tomaremos una pista forestal que va paralela al río Rabanera. El camino es amplio y cómodo, incluso podemos hacerlo acompañados de niños, en un principio las laderas que nos rodean están cubiertas de matorrales, enebro y estrepa. Tras unos metros de andadura, dejaremos a la derecha una pista que asciende, para continuar la ruta paralelos al riachuelo. La vegetación va cambiando a cada paso y del matorral del principio pasamos a los chopos y los sauces para después ir viendo los bosquetes de rebollos, fresnos, tilos, avellanos y algún arce. Las primeras hayas aparecen para poco a poco ir adueñándose del paisaje.
El camino continúa en ascenso, aunque sin demasiado desnivel, y pasearemos sin perder nunca la referencia del río ya que nos acompañará hasta el final del trayecto. El senderista se va abriendo paso entre la multitud de colores y lo más probable es que tenga la impresión de que está inmerso en una paleta natural difícil de olvidar. Tras unos kilómetros veremos frente a nosotros un cartel que nos indica que estamos en el área recreativa de Monte Real, un paraje de gran belleza dotado con mesas y un refugio (para resguardarnos por si llueve), el lugar perfecto para descansar, tomar el almuerzo y emprender el camino de vuelta por la pista por la que hemos llegado.
Alternativas intrépida
Para los más intrépidos existe otra alternativa que discurre por el camino de la derecha, un kilómetro antes que el camino al refugio. Deberemos atravesar un arroyo y pasar por los corrales de Monte Real, en esta zona también encontraremos abedules que se pueden reconocer por su corteza blanca.
Al llegar a un claro volvemos a girar a la derecha para ascender por una ladera cubierta por estrepas. El descenso lo realizaremos por una amplia pista que se adentra por el pinar hasta estar de vuelta en Ajamil de Cameros.