Las aguas de dos ríos recorren el caserío tradicional de Villavelayo antes de llegar al embalse. Después de la plaza hay que cruzar un puente medieval sobre el río Najerilla, aunque aquí le llaman río Canales. Por su calzada pasaba hasta el siglo XIX la Cañada Real Soriana.
Destaca un caserón con escudo, el palacio de Fernán González, y una casa rehabilitada con soportales de madera. Otro puente medieval de sillería, de nombre La Barra, cruza el río Neila, para salir del pueblo hacia La Rinconada, camino del pueblo de Neila y las Lagunas. Un tercer puente de similares características se encuentra a tres kilómetros del pueblo, en el barranco de Fuente Escoba.
Desde la casa rural se observa el puente de La Barra y las huertas sobre el río, además de los montes donde pasta el ganado, en el entorno del hayedo, la dehesa y el cerro Cobarajas. Pero si se mira hacia el otro lado, desde las habitaciones altas y abuhardilladas se puede ver una hermosa postal de la iglesia románica de Santa María, sobre los tejados de las casas vecinas.
Esta casa de piedra roja y arco en la entrada fue de las primeras que se abrieron al turismo rural en La Rioja, a finales de 1991, según recuerda Isabel, que lleva casi diecinueve años atendiendo a los turistas siguiendo los mismo criterios de entonces.
Aquí nada ha cambiado, de momento. La casa tiene seis habitaciones y un baño compartido en cada una de las tres plantas. Decoración rústica y sencilla. Sólo se alquila por habitaciones, aunque la demanda actual prefiere el alquiler de la casa completa.
Abrir la casa rural fue una de las mejores ideas para Isabel, ya que le permitía tener contacto con la gente joven que llegaba desde otros lugares, sobre todo de Madrid, a la vez que continuaban con la actividad ganadera en el pueblo.
En aquellos tiempos había sólo cinco casas rurales más en La Rioja: tres en
Berceoy una en
Anguiano, además de la
Casa Cospedal, en El Rasillo. Fueron los pioneros de una nueva forma de alojamiento que pronto cumplirá veinte años.