ETA se vuelca en controlar las últimas armas y sus siglas antes de su disolución

Policías franceses recogen el arsenal de ETA tras la entrega de armas del 8 de abril de 2017. :: G. irOZ / afp/
Policías franceses recogen el arsenal de ETA tras la entrega de armas del 8 de abril de 2017. :: G. irOZ / afp

Un grupo disidente que no comparte las formas del final de la violencia robó parte del arsenal aunque ha devuelto 24 pistolas

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

bilbao. ETA pretende llevar a cabo su disolución en las próximas horas tras cerrar antes uno de los principales problemas internos de cara a su final: la existencia de un grupo disidente que no comparte las formas del final de la violencia. Este sector minoritario se encuentra detrás del robo de pistolas y explosivos llevado a cabo en los días previos al desarme del 8 de abril de 2017. Y es también el motivo de que la banda vaya a crear una comisión que supervisará que nadie utilice sus siglas o sus símbolos.

El último episodio de este cerco a los disidentes se produjo el pasado 25 de abril, cuando ETA hizo llegar a la fiscalía de Bayona la localización de dos cajas con 24 pistolas que había abandonado junto a un contenedor en esa localidad. Según distintas fuentes, este arsenal formaba parte del lote que los críticos robaron.

La sustracción del material se conocía desde hacía un año. Los propios etarras enviaron una carta a los verificadores de la entrega de armas en la que explicaban que habían perdido el control de parte de sus arsenales. En noviembre de 2017, el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo emitió un informe sobre la derrota de ETA en el que citaba la intervención de grupos disidentes en la desaparición de las pistolas.

El informe recordaba que la banda había hecho llegar a los mediadores un inventario de las armas controladas, es decir, de los zulos que tenía bajo su supervisión. Una parte de sus arsenales la daba por perdida al carecer de planos de los depósitos o por considerar que eran controlados por las fuerzas de seguridad. Una vez que el 8 de abril se produjo la entrega del armamento, fue evidente que no habían aparecido una parte importante de las armas que ETA decía tener en su poder. La lectura de los expertos en la lucha antiterrorista fue que había sido robadas por disidentes, los únicos que podían tener acceso a los escondites. Según el recuento realizado por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, faltaban 40 pistolas y 300 kilos de explosivos.

Presiones

Desde esa fecha se han producido 'presiones' a las personas que ETA creía que estaban detrás del robo. Fuentes conocedoras de la situación han asegurado que en este proceso se ha hecho llegar a algunos críticos que «por las buenas o por las malas» se iban a recuperar las armas. En ese contexto se produjo la entrega de Bayona de hace dos semanas.

Además de los disidentes internos de ETA, contrarios a la forma en la que se desarrolla el proceso de disolución pero que no han expresado su apuesta por una vuelta a las armas, el sector crítico ha estado activo también contra la decisión de pedir perdón a parte de sus víctimas. Estos críticos están agrupados alrededor de ATA, el colectivo que reclama recuperar la petición de la amnistía y que ha calificado de traidores a los dirigentes de la izquierda abertzale al considerar que han abandonado a los presos. El sector de los reclusos de la banda con mayores condenas y pertenecientes al colectivo más violento e irredento de las cárceles les ha prestado su apoyo.

La cabeza visible de este sector, minúsculo y sin apenas capacidad de influencia, es Jon Iurrebaso, un exetarra que participó en las conversaciones con el Gobierno de Zapatero. Este antiguo activista hizo pública una dura misiva, después de que la banda pidiera perdón a parte de sus víctimas, en la que exigía a ETA que se disculpara ante la sociedad vasca «por abandonar la lucha sin haber conseguido sus objetivos». Iurrebaso agregó que la organización también debe disculparse por «haber entregado su arsenal armado».

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