Las vías europeas a la independencia

Jóvenes montenegrinos celebran la victoria a favor de la independencia en el referéndum celebrado en 2006. :: reuters
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Jóvenes montenegrinos celebran la victoria a favor de la independencia en el referéndum celebrado en 2006. :: reuters

En todos los casos resultó crucial el reconocimiento internacional, algo que está descartado en el proceso catalán Se han dado procesos pacíficos, pero en la memoria perduran las guerras de Croacia o Bosnia

ANDER AZPIROZ

madrid. Los movimientos independentistas no son una novedad en Europa. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 han proliferado. Algunos se cerraron con una separación amistosa, como fue el caso de la República Checa y Eslovaquia, pero en el recuerdo aún permanecen las sangientas guerras en la antigua Yugoslavia.

Puede ser un modelo a seguir para Cataluña, según defendió este lunes el eurodiputado del PDeCAT Ramón Tremosa. El dirigente secesionista afirmó que en Eslovenia hubo una declaración de independencia unilateral y, tras meses en los que el Gobierno de Belgrado se negó a negociar, «empezaron a caer los reconocimientos internacionales». En efecto, el rápido respaldo a Eslovenia de varios países europeos, especialmente el de Alemania, allanó el camino a la nueva república. No obstante, Tremosa obvió en su análisis otros elementos que, como mínimo, ponen en entredicho la analogía con el proceso catalán. En primer lugar porque, a diferencia de la Constitución española, la yugoslava sí reconocía el derecho de autodeterminación. El eurodiputado también dejó de lado que la separación eslovena no se produjo de forma pacífica, sino tras un breve conflicto conocido como 'La guerra de los diez días', en el que perdieron la vida cerca de 60 personas. Solo el reconocimiento internacional evitó un derramamiento de sangre como el que después asolaría Croacia y Bosnia. Y a diferencia de lo ocurrido en Eslovenia, los países de la Unión Europea han dejado claro que no reconocerán a una futura república catalana.

El modelo esloveno que defiende el PDeCAT incluyó una guerra de diez días con 60 muertos En Eslovaquia y la República Checa ha surgido un movimiento a favor de la reunificación

Ambos territorios exyugoslavos lograron la independencia, pero a costa de pagar un alto precio humano y material. Croacia vivió una guerra entre 1991 y 1995 que se calcula que se saldó con más de 25.000 muertos y 200.000 desplazados. Bosnia sufrió aún más: 100.000 muertos y un millón de desplazados. En ambos casos resultó decisivo el reconocimiento internacional.

La decisión del Gobierno de Belgrado de no intervenir cuando se declaró la independencia en 1991 evitó el derramamiento de sangre.

Los montenegrinos eligieron la independencia y separación de Serbia por estrecho margen en un referéndum celebrado en 2006. La consulta fue pactada y con unas reglas marcadas que lo diferencian del celebrado en Cataluña. Entre otros requisitos, para que la votación fuese válida debía registrarse una participación superior al 50% -la del 1-O fue del 43%-.

Estonia, Lituania y Letonia fueron anexionadas por la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial. Sus ansias de recuperar la independencia se vieron satisfechas en 1991 a raíz de la implosión de la URSS, que se desintegró en distintas repúblicas sin derramamiento de sangre tras un pacto entre los dirigentes políticos. Las repúblicas bálticas fueron reconocidas de inmediato y la Unión Europea las recibió con los brazos abiertos.

En el caso de checos y eslovacos, la separación se produjo a raíz de un proceso bautizado como 'divorcio de terciopelo'. El 1 de enero de 1993 se separaban ambos estados tras una negociación amistosa. En este caso, la mayoría de las fuerzas políticas de Chequia y Eslovaquia estaban a favor de la independencia. En cambio, gozaba de menor aceptación entre la ciudadanía. A día de hoy, ambos estados mantienen unas relaciones excepcionales y ha surgido un movimiento llamado Checoslovaquia 2018 que propugna la reunificación.

La última secesión consumada en Europa ha sido la de Kosovo, territorio que pertenecía a Serbia, pero con mayoría de población albanesa. Los excesos del Gobierno de Belgrado contra la población llevaron a una intervención de la OTAN, que bombardeó durante tres meses Serbia en 1999. En 2008 se produjo la declaración de independencia de manera unilateral. Varios países, entre ellos España o Rusia, se han negado hasta ahora a reconocer el nuevo estado. La diferencia entre Kosovo con Cataluña es que el primero contó con el apoyo de Estados Unidos y la mayor parte de los socios de la Unión Europea.

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