Los vetos entre los partidos amenazan con una repetición electoral

Los vetos entre los partidos amenazan con una repetición electoral

A día de hoy solo una mayoría absoluta independentista garantiza la formación de un Gobierno

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Si los independentistas no son capaces de revalidar la mayoría absoluta que obtuvieron en 2015, el 21-D puede dibujar un escenario ingobernable en Cataluña como consecuencia de los vetos que unos y otros están planteando a los acuerdos transversales entre bloques.

Esquerra. La formación republicana parte como el rival a batir. Pero si gana, necesitará alianzas. Esquerra tiene dos escenarios sobre la mesa. El primero, reeditar el pacto a tres bandas suscrito en la pasada legislatura con Convergència y la CUP. Si suman, se verán obligados a pactar. La otra opción que tiene Esquerra es buscar un frente de izquierdas, con Catalunya en Comú y la CUP. Junqueras e Iglesias llevan tiempo trabajando esta posibilidad. El tripartito también podría darse con el PSC, aunque republicanos y socialistas lo descartan.

Ciudadanos. La formación naranja solo tiene una posibilidad de gobernar: que las formaciones constitucionalistas sumen la mayoría absoluta. Pero incluso ni así podría llegar Inés Arrimadas a la presidencia de la Generalitat, pues de momento solo el PP garantizaría su apoyo. El PSC afirmó que no respaldará ni a los independentistas ni a la derecha. Por tanto, de salida, Miquel Iceta veta al partido presidido por Albert Rivera. Pero si el 21-D la aritmética hace posible un gobierno no independentista, la presión que tendrá que soportar Iceta será muy fuerte.

PSC. Los socialistas aseguran que no apoyarán ni a las fuerzas secesionistas ni harán presidente a un candidato de derechas, donde colocan a Inés Arrimadas. Pedro Sánchez y Miquel Iceta recuperaron el famoso no es no, pero en este caso adaptado a la realidad catalana, que se traduce en que no habrá un eventual tripartito con Esquerra y los comunes, ni tampoco será posible una alianza constitucionalista, entre Cs, PSC y PP. De un plumazo, algunas de las quinielas que empezaban a ponerse sobre la mesa ya han saltado por los aires por los socialistas, que quieren presentarse como el voto útil del catalanismo moderado.

Junts per Catalunya. De partida, la lista del expresidente catalán buscará el entendimiento con los secesionistas. Pero una cosa es lo que plantea el núcleo duro de Puigdemont y otra lo que quisiera el PDeCAT, más partidario de explorar vías más realistas con los comunes y los socialistas y enterrar para un buen tiempo la dependencia de la CUP. Nadie ha ido al notario para decir que no pactará con el PP, como hizo Mas en 2006, pero los herederos del partido de Pujol cierran la puerta a Cs y populares. También al PSC, de momento.

Catalunya en Comú. Las encuestas les dan un resultado muy modesto, en torno a 10 escaños (sobre 135). Pero su situación, en el centro del tablero, puede concederles un papel decisivo. Los comunes quisieran un entendimiento a tres bandas con socialistas y ERC, pero el PSC no quiere un nuevo tripartito. A priori vetan a Junts per Catalunya, Ciudadanos y PP, pero su posición respecto a la antigua CDC podría variar.

PP. Los populares están en una situación cada vez de mayor irrelevancia en la Cámara catalana y las próximas elecciones pueden aumentar su crisis en Cataluña. Su único concurso en el baile de pactos pasa por apoyar a Ciudadanos o el PSC. El candidato del partido, Xavier García Albiol, ya ha expresado que prefiere que haya nuevas elecciones antes que un tripartito entre las formaciones de izquierdas.

CUP. Los anticapitalistas solo entran en dos salas de baile de pactos. La primera, para dar como resultado una fórmula como la que ha gobernado estos dos últimos años siempre y cuando ERC y PDeCAT no renuncien a la unilateralidad, como parece que han hecho. También entrarían en un tripartito de izquierdas con republicanos y comunes.

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