«Veía gente tirada en el suelo, ensangrentada, por todas partes»

La Policía identifica a un grupo de peatones con los brazos en alto poco después del atropello en Las Ramblas. AFP/
La Policía identifica a un grupo de peatones con los brazos en alto poco después del atropello en Las Ramblas. AFP

Los viandantes de Las Ramblas relatan escalofriantes escenas vividas durante el ataque terrorista

FERNANDO J. PÉREZ Y M. JOSÉ CARRERO BARCELONA.

Óscar Cano es un taxista de Barcelona que, muy a su pesar, ha logrado una notoriedad no deseada al ser testigo directo de la secuencia completa del brutal atentado. Acababa de dejar a unos clientes en la Plaza Catalunya «cuando veo cómo una furgoneta sube el bordillo de Las Ramblas y se pone a circular a toda pastilla por la zona peatonal... Así empezó la sangrienta carrera de 600 metros que se ha saldado con al menos trece muertos y ochenta heridos. «He visto salir volando a varias personas», contaba el taxista visiblemente.

Cano aseguraba que en el primer tramo de la turística calle no se registraron víctimas. Su testimonio lo corraboró Joan Pere Margalef, un vecino de la localidad tarraconense de Flix. Ayer había ido a Barcelona a encontrarse con unos amigos sevillanos, pero mientras estos visitaban el palacio Güell, él decidió esperarles en un banco de Canaletas. La tranquilidad le duró muy poco. «De pronto se ha oído un ruido muy fuerte, me he levantado de un brinco y me he colocado detrás de la silla; justo entonces una gran furgoneta blanca me ha pasado por delante a gran velocidad. Todo el mundo gritaba, pero en este tramo no ha llegado a atropellar a nadie, ha sido más adelante», decía.

En la avenida
Cientos de ciudadanos y turistas salieron ayer a Le Pro después de que la Policía levantara las medidas de prevención. AFP
Solidaridad
Una víctima del atentado recibe el socorro de los ciudadanos que se encontraban en las inmediaciones. AFP

Pere Margalef, de 62 años, escuchó el estruendo del impacto de la furgoneta contra uno de los quioscos de la avenida. Como el resto de personas que pudieron reaccionar, corrió refugiarse en la heladería Amorino. Poco después, por orden de los Mossos d'Esquadra bajaron la persiana del comercio y allí se quedó, junto a otros paseantes y clientes durante más de dos horas, hasta que la Policía evacuó el local.

Otros viandantes que tuvieron la suerte de esquiva el mortífero vehículo buscaron el cobijo de portales, tiendas, bares y hoteles. Erminia Mata se escondió en una tienda, desde donde contemplaba horrorizada la escena. «Veía gente tirada en el suelo, ensangrentada, por todas partes».

El hotel Lloret Ramblas está situado frente a la fuente Canaletas, el lugar donde la afición blaugrana festeja las victorias del Barcelona. Este lugar fue ayer el escenario donde se materializó un nuevo acto de barbarie terrorista. Rebeca, una empleada del establecimiento, no daba crédito a lo que había visto. «La furgoneta ha bajado por el centro arrasando con todo. He visto a varias personas atropelladas. Nuestros huéspedes están nerviosos; algunos lloran porque no saben dónde están algunos de sus familiares, pero no sabemos muy bien qué ha pasado», explicaba hacia las seis de la tarde cuando aún estaba sin confirmar que el atropello masivo era un atenttado yihadista.

Las líneas de metro que corresponen a esta zona se cerraron. Los viajeros que las utilizaban en ese momento y cuyo destino era la plaza de Cataluña supieron por megafonía que el suburbano iba a saltarse la estación. «Nos han dicho que debido a un incidente continuábamos hasta Urquinaona, sin más explicaciones, pero gracias a los móviles hemos sabido que había un atropello masivo... claro que aún no se hablaba de atentado», explicaba David López, un periodista granadino afincado en la Ciudad Condal. «Cuando hemos llegado Urquinona, la gente no quería salir del metro, se sentía más segura allí dentro. Enseguida han acordonado la zona y no podíamos movernos. Era un caos, estábamos aterrorizados: veíamos pasar ambulancias, una tras otra y los helicopteros... Gracias a que tengo una amiga que vive ahí mismo, he subido a su casa y allí me he quedado. La gente lloraba, los turistas estaban desencajados».

Todos los testigos del atropello masivo coincidían al relatar el momento inicial de estupor de la gente y las posteriores escenas de pánico al ser conscientes de lo que sucedía. Ellen Vercamm, una turista de vacaciones en Barcelona explicó que «estábamos a las puertas del Hard Rock Café. Íbamos en dirección a la Rambla cuando hemos visto el choque de una furgoneta blanca contra la gente. Hemos visto cómo la gente salía volando por el atropello. Y también a tres ciclistas que han salido volando», explicaba. Ellen viaja en un grupo mayor que se desperdigó en los momentos dem áxima tensión. «No nos ha pillado por dos minutos. Ha sido terrible. Somos un grupo grande y no sabemos aún si todos están bien», agregaba, aún conmocionada, mientras los Mossos le conminaban a retirarse de la calle.

Amado Nicolás también vivió el atropello en primera persona. Natural de Murcia, lleva varios meses viviendo en Barcelona por temas laborales y estaba en la zona de Las Ramblas cuando se ha producido el ataque. Iba a cruzar hacia Plaza Catalunya y «el semáforo estaba en rojo cuando he oído un golpe». Entonces ha visto una furgoneta blanca enfilar Las Ramblas. El vehículo «venía de la calzada y se ha metido por el centro de La Rambla. Parecía un accidente porque parecía que se iba a salir e iba a volcar de un momento a otro pero no, ha derrapado y ha enfilado Las Ramblas».

Albert Tort, tiene 47 años, es enfermero, vive en las Ramblas y lo que vio instantes después de atropello fue «un auténtico desastre». «La policía no me dejaba pasar pero me he identificado como sanitario y he pasado. Lo que he visto ha sido un auténtico desastre. Yo he contado al menos seis muertos, he intentado reanimar a un joven pero ha sido imposible». Isaac, de nacionalidad mauritana, se había encontrado a su amigo Ama herido en la calle Vergara mientras huía de «una furgoneta blanca que estaba atropellando a personas en Las Ramblas».

Daniel Aragonés se encontraba también en la populosa arteria barcelonesa con «mucha gente mayor y niños» cuando irrumpió el vehículo en la zona peatonal. Se estuvo que esconder rápidamente en un kiosko cercano para estar «seguro». Daniel describió escenas de «terror» y «miedo» y «una marea de gente corriendo» para alejarse de la zona o para refugiarse en portales y establecimientos cercanos. Pasado el peligro, añadió, la Policía «ha sido sacando a la gente de cuatro en cuatro de los comercios», muchos aún en estado shock.

Tras el incidente, la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra desalojaron las calles colindantes de la populosa arteria barcelonesa. Los policías gritaban a los viandantes que despejaran la calle y entraran en locales, portales y cerraran las puertas. Algunos se resguardaban en portales, otros corrían despavoridas sin rumbo fijo. Una joven intentó saltarse el control de seguridad a gritos de «no sé dónde está mi hermano, dicen que están dando tiros y no lo encuentro». Un joven, víctima del atropello, se quejaba de un fuerte dolor en la espalda mientras explicaba que «una furgoneta ha arrollado a la gente mientras cruzaba el semáforo».

La furgoneta recorrió entre «300 y 350 metros» arrollando gente en unas Ramblas «llenas de gente» en esos momentos, según algunos testimonios. La mayoría turistas. Cuando el vehículo se detuvo, el terrorista se bajó del vehículo y se dio a la fuga por «el lado izquiedo» de la calle. «Lo vi a dos metros de distancia porque la furgoneta se paró y fui a quitar a mis hijos que estaban muy cerca», explicó Ángel en declaraciones a TVE. «No vi si iba armado pero tenía algo en la mano», añadió Ángel, que describió al terrorista como «muy joven, entre 18 y 23 años, con pelo castaño y delgado».

La tensión y los momentos de pánico se extendieron a las calles aledañas a Las Ramblas. Vanessa, trabajadora de una heladería de la plaza de la Vila de Madrid, oyó primero un «fuerte golpe» y después tiros. La escena se repitió en comercios y hoteles de la zona. «Tenemos a los clientes dentro, muy nerviosos, porque no sabemos qué ha pasado exactamente», relataba un camarero del restaurante Núria, justo enfrente de la fuente de Canaletas.

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