Valls afirma que en Francia la justicia «sería más dura» con los independentistas

Aznar oberva a Saénz de Santamaria en presencia del exprimer ministro francés Manuel Valls. :: jose usoz/
Aznar oberva a Saénz de Santamaria en presencia del exprimer ministro francés Manuel Valls. :: jose usoz

El ex primer ministro galo cree que Puigdemont esta amortizado políticamente y que el proyecto soberanista «se está hundiendo»

L. GIL / K. DOMÍNGUEZ

san sebastián. El ex primer ministro francés Manuel Valls cree que el proyecto independentista «se está hundiendo» y que la estabilidad en Cataluña «puede recuperarse». Eso sí, con años. «Lo que es positivo es que se ha despertado un sentimiento de patriotismo en el siglo XXI», remarcó el exdirigente socialista antes de recibir ayer en San Sebastián el premio Gregorio Ordóñez 2017 de manos de Ana Iríbar, viuda del concejal donostiarra del PP asesinado por ETA en 1995.

El que también fuera exministro del Interior, de origen catalán, compartió la postura adoptada por el Gobierno de Mariano Rajoy para frenar el desafío soberanista y mantuvo que en Francia, ante un desafío como el de Cataluña, la Justicia actuaría «al mismo nivel, incluso sería más dura». Reconoció en el acto, que reunió al expresidente José María Aznar y la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría, que el Rey y el Ejecutivo «tuvieron los discursos y la actitud que había que tener» y la Justicia española «ha actuado de forma clara». Ahora bien, el problema sigue estando ahí. «No se ha solucionado», insistió Valls, que auguró una batalla «larga y dura» en Cataluña.

El exprimer ministro y ahora diputado raso, que ha tenido una participación muy activa en los últimos meses en numerosos actos en Barcelona en apoyo a los partidos constitucionalistas, consideró «terrible» que los separatistas hayan roto, en su opinión, la identidad catalana. Contraponer el sentimiento español al catalán, subrayó, «ha sido un fracaso» para el proyecto soberanista. Pero «eso se tiene que recuperar», para ello, aconsejó, se necesita «autoridad y diálogo».

«El ridículo puede matar», advierte el político francés sobre el exmandatario huido a Bruselas

La huida de Carles Puigdemont a Bruselas tras ser citado a declarar ante la Audiencia Nacional y su plan para ser investido por vía telemática constituyen para el ex primer ministro francés dos capítulos estrambóticos y, advirtió, que «el rídiculo puede matar». Valls consideró que el expresidente de la Generalitat está amortizado políticamente y el proceso soberanista, aunque tenga la mayoría en el Parlamento catalán, también. «Los franceses entienden que cuando alguien no respeta la Constitución de un país, eso se paga», remachó.

Papel activo contra ETA

Valls recibió el premio de la Fundación Gregorio Ordóñez por su «papel activo en la derrota de ETA». Durante su trayectoria en el Gobierno de François Hollande, primero como responsable de Interior y después como primer ministro, mostró una plena sintonía con los gobiernos españoles y fue «leal con nuestras instituciones y ciudadanos», destacó la viuda de Ordóñez en la ceremonia.

El exprimer ministro reclamó que a pesar de la inactividad de ETA esa «colaboración ejemplar» que su país ha mantenido con España en materia antiterrorista debe continuar. «La colaboración debe seguir hasta el final, hasta la derrota completa de ETA», afirmó Valls. «No puede haber cambios», sentenció. Al asunto también se refirió la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, que unas horas antes presidió una reunión de la dirección del partido en el Paías Vasco y en la que afirmó que «la derrota final» de ETA será que «no ganen el relato y no nos cambien la historia».

En la entrega del premio Gregorio Ordóñez estuvo la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, y la también ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. Además, estuvo presente el expresidente José María Aznar y su exministro del Interior Jaime Mayor Oreja, y representantes de Ciudadanos y del PSOE.

Había interés en observar el encuentro entre la vicepresidenta y Aznar, exponentes de las dos almas del PP, después de los duras críticas que Aznar ha lanzado a la 'número dos' de Mariano Rajoy por su gestión de la crisis catalana. Ambos se saludaron de forma fugaz y gélida, sin dirigirse la palabra, aunque cruzaron miradas que evidenciaron su distanciamiento.

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