La última misión de un «militante disciplinado»

Ángel Garrido Presidente en funciones

P. DE LAS HERAS MADRID.

Ángel Garrido, el elegido por Mariano Rajoy para sustituir a Cristina Cifuentes al frente de la Comunidad de Madrid de aquí a las elecciones que tendrán lugar dentro de un año, es un gran desconocido para el gran público, a pesar de llevar casi 30 años en política. Hasta que su «amiga y jefa» lo llamó a ejercer como número dos de su candidatura, primero, y de su Ejecutivo, después, se dedicó a la política municipal. El PP nacional dudó sobre la conveniencia de entregarle el cargo, precisamente, debido a su proximidad con la expresidenta. Finalmente, ha considerado que la suya era la mejor opción, la que permite salir del paso a la crisis que ha sacudido al partido en los dos últimos meses sin achicharrar a un posible cabeza de cartel para la contienda que viene.

Garrido, que en la actualidad es consejero de Presidencia y de Justicia y presidente del Canal de Isabel II, ejercerá así una suerte de presidencia transitoria y casi funcionarial. Recientemente, se definió a sí mismo como «disciplinado militante», dispuesto a acatar la decisión que sobre su futuro tomara Rajoy. Y ese es el papel que le corresponde desempeñar. Perderá su poder en el PP de Madrid porque el presidente ha querido que el cargo de secretario general, al que le aupó Cifuentes, quede en manos del fontanero mayor de Génova, Juan Carlos Vera. Y, con toda seguridad, renunciará al resto de puestos en el Gobierno regional. Él mismo lo vaticinó la semana pasada. «Sólo se puede ejercer de presidente y consejero de Presidencia durante pocos días», dijo.

La expresidenta de la Comunidad ve cumplido así su deseo de que sea su mano derecha quien ocupe su lugar, pero no lo hará como, seguramente, ella había imaginado. El próximo presidente de Madrid, ya lanzó el mismo día en que asumió la presidencia en funciones el mensaje de que no crearía problemas. En una comparecencia en la sede del Gobierno regional, reivindicó la figura de su antecesora («nos sentimos deudores», dijo), pero al mismo tiempo marcó su terreno de juego. «Si alguien entiende que la lealtad a una persona, como en el caso de Cristina, inhabilita para serlo con otra se equivoca; hay que ser leal profesional y personalmente con la persona que encabece un proyecto».

«Ángel Garrido es de Ángel Garrido», dijo de él en 2015 otra expresidenta regional, Esperanza Aguirre, cuando se le preguntó si consideraba una traición que éste hubiera apostado por Cifuentes en la batalla interna por la presidencia del partido en Madrid. El dirigente popular, con fama de sensato e interlocutor agradable, aseguró hace unos días en Telemadrid que habla casi a diario con su antigua jefa, con la que fraguó una estrecha relación durante los años en los que ésta ejerció de secretaria ejecutiva de Política Territorial (2004-2008). Pero en su discurso del Día de la Comunidad, el 2 de mayo, evitó cautelosamente mencionarla.

Este ingeniero de minas que pasó su infancia en Vallecas, formó parte de UCD, y desarrolló la mayor parte de su carrera en el ámbito local -primero en Pinto, luego como concejal de distrito en Madrid durante 13 años y finalmente como presidente del pleno del Ayuntamiento con Ana Botella- intentó con Cifuentes romper con el pasado del PP. A ella el pasado le acabó atrapando. En Génova confían en que con él no ocurrirá lo mismo.

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