Turull se encara con el juez y le acusa de haberle convertido en un «preso político»

Forcadell alega que no tuvo un papel destacado en el 'procés' y que siempre respetó el reglamento del Parlament

M. SÁIZ-PARDO MADRID.

La tercera jornada en el Tribunal Supremo para notificar los procesamientos por rebelión y malversación a los líderes del 'procés' confirmó que la estrategia de los exmiembros del Ejecutivo de Carles Puigdemont ya no pasa por intentar defenderse de los cargos, negar la violencia o desmentir el uso de dinero público. Los más cercanos al expresidente huido se volcaron, un día más, en intentar desacreditar a la justicia española y en atacar al juez Pablo Llarena, convertido ya en verdadera bestia negra de los encausados desde que el pasado 23 de marzo propusiera juzgarles por delitos que suman más de 30 años de cárcel. Jordi Turull, exconsejero de la Presidencia, no hizo nada por rebatir las acusaciones que le señalan como altavoz del 'procés' y movilizador de la masas desde su puesto de portavoz de la Generalitat. «No sé si yo era un preso político en noviembre, pero ahora sí que usted me ha hecho un preso político. No tengo ninguna duda», espetó a Llarena el también excandidato a presidir la Generalitat. Turull recordó al juez que le envió a prisión poco antes de enfrentarse a la segunda jornada de su investidura en el Parlamento catalán, y que su encarcelamiento le privó de cualquier opción. «El Gobierno nos dice cuándo nos procesa y el Supremo nos dice a quién podemos votar como candidato a la Generalitat», denunció el imputado, antes de acusar al instructor del alto tribunal de estar colocado en el vértice del «cruce de poderes» entre el Legislativo y Ejecutivo.

Turull no fue el único que se situó en la línea de enfrentamiento al Supremo que el lunes inauguró Jordi Sánchez y que el martes siguieron los exconsejeros Josep Rull y Raül Romeva. Dolors Bassa recriminó ayer a Llarena que no fuera un juez «justo».

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