«Los turistas preguntan dónde eran los tiroteos y quemaban las tiendas»

Una guía señala el camino a un grupo de turistas en la siempre masificada Rambla de Barcelona. :: ignacio pérez
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Una guía señala el camino a un grupo de turistas en la siempre masificada Rambla de Barcelona. :: ignacio pérez

Barcelona ha pasado de quejarse de la 'invasión' de visitantes a ver cómo los ahuyentan las imágenes de violencia

PASCUAL PEREA BARCELONA.

'Ten cuidado con lo que deseas, no vaya a hacerse realidad', dice un proverbio que Cataluña está descubriendo amargamente. Su capital, que hace unos meses se planteaba considerar a los visitantes personas non gratas y lamentaba el engorro de haberse convertido en un destino de moda, se mira ahora al espejo y advierte con preocupación que su encanto se ha ajado de repente. «2017 estaba siendo, hasta agosto, un excelente año. Al incorporarle los últimos meses, terminará siendo un año medio», lamenta Fede Prats, socio de la consultora Sintetiza y profesor universitario de Finanzas en la Universidad Abad Oliba CEU de Barcelona, así como de dirección hotelera en La Escuela de Hostelería, y de 'hospitallity' en la Escuela de Turismo Sant Ignaci y la ESCI.

No es que Barcelona haya perdido su indiscutible atractivo, pero el atentado de Las Ramblas en agosto y el desafío independentista de los meses posteriores han sido como el maquillaje del payaso diabólico: producen miedo. En octubre, la visita de turistas extranjeros se redujo un 4,7% respecto al mismo mes del año anterior. Y lo que es peor, esa cifra es solo la parte visible del iceberg. Los datos de turismo de agosto a noviembre arrojan una caída de ingresos próxima al 30%, que no se debe tanto a una menor demanda como a la caída de precios originada por un desplome de las reservas. «Se ha producido un fenómeno curioso. Durante agosto, septiembre y octubre apenas se bajaron precios, pues ya se contaba con un cierto stock de reservas previas, pero el mercado, al ver que no entraban nuevas reservas, se precipitó a bajar precios», explica Fede Prats. «Lo que preocupaba a nuestros visitantes era la situación de conflicto, por lo que esperaron a última hora a reservar para ver cómo evolucionaban los acontecimientos. Ello también repercutió en la estancia media, que se acortó». Su análisis es fácil de contrastar en la calle.

-Más que cancelaciones se nota inquietud. Muchos turistas nos preguntan dónde quemaban tiendas o los lugares donde se producen tiroteos-, señala Cristina, recepcionista en un hotel del Eixample.

El ejercicio estaba siendo, hasta agosto, excepcionalmente bueno. Pero se torció LAS OPINIONES «Septiembre fue bueno, aunque algunos me decían que no habían podido devolver sus billetes» «Al caer las reservas hubo que abaratar precios. Las pérdidas reales del sector rondan el 30%»

-Por ahora no se nota mucho, es temporada baja. Esperemos que para primavera se haya olvidado la política y el terrorismo-, dice Mohamed, un taxista marroquí.

-Buf, se ha notado un montón, del año pasado a éste yo diría que tenemos un 30% menos de clientes-, evalúa Estefan, portero de las visitas turísticas a la Casa Batlló.

-Espantoso, menos diez-, puntúa la argentina Noelia, encargada de 'animar' a los dubitativos a entrar al restaurante Catalonia, en el carrer d'Avinyó.

-Hombre, está flojo -concede Nelson, el camarero de la cervecería La Sureña en el complejo Maremagnum del Port Vell-. ¿Qué va a ser, caballero?

Es cierto que la actividad turística siempre se desploma a mediados de octubre, cuando termina la temporada de cruceros, pero este año se nota bastante más. «En cambio, después del atentado de Las Ramblas tuvimos un septiembre muy bueno, sorprendentemente. Aunque algunos turistas me decían: 'Vengo porque no podía devolver los billetes'», señala Novella, una italiana que vende periódicos y camisetas de Messi en un quiosco del paseo de Gràcia.

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