Las turbulentas aguas del PP de Madrid

Ruiz-Gallardón, Cifuentes, Aguirre y González, en la toma de posesión de la última presidenta de la Comunidad de Madrid, en junio de 2015. :: Jaime García/
Ruiz-Gallardón, Cifuentes, Aguirre y González, en la toma de posesión de la última presidenta de la Comunidad de Madrid, en junio de 2015. :: Jaime García

Las luchas internas de años y el fuego amigo han hecho aflorar un rosario de casos de corrupción que han arrasado el partido

RAMÓN GORRIARÁN

madrid. Madrid es tierra de risas y lágrimas para el PP. Le ha dado las mayores alegrías y los mayores disgustos. Ha encadenado dos décadas de mayorías absolutas y ha protagonizado los episodios más sórdidos. Con José María Aznar reinó la paz, aunque ya se fraguaban las luchas cainitas y se reunían los ingredientes para la corrupción. Cuando Mariano Rajoy se hizo en 2003 con el liderazgo del partido aplicó su máxima de dejar hacer mientras no haya líos. Una fórmula que se ha demostrado catastrófica.

El PP ha tenido cuatro presidentes de la Comunidad de Madrid desde junio de 1995 hasta antes de ayer; dos están imputados por presunta corrupción en la empresa pública de aguas Canal de Isabel II, Ignacio González y, desde el jueves, Alberto Ruiz-Gallardón. Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes aguardan turno. La primera, por un campo de golf en el 'caso Lezo' y el Campus de la Justicia; la segunda, por la adjudicación de una cafetería en la Asamblea regional dentro de la trama Púnica. Un lodazal consecuencia de años de disputas internas y fuego amigo que condujeron a denuncias ante los tribunales.

Dos décadas de mayoría absoluta alimentaron la sensación de impunidad y de que había barra libre

El dúo Pimpinela. Había señales de que el reinado del PP en la Comunidad de Madrid podía acabar así desde hacer tiempo. Casi desde los tiempos en que Rajoy se hacía el sordo ante las peleas del «dúo Pimpinela» formado por Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Calló hasta que estalló un 15 de enero de 2008. Aquel día reunió a los dos en su despacho de la calle Génova. El motivo, ambos querían ir en las listas de las generales. El primero en pedirlo fue Ruiz-Gallardón, al enterarse Aguirre dijo que ella también. El líder del PP dio un puñetazo en la mesa -«estoy harto de vuestros enfrentamientos»- y les comunicó que ninguno sería candidato. El entonces alcalde dijo que dejaba la política, palabras de las que se desdeciría. Era el colofón a años de enfrentamientos por todo y por nada.

El tamayazo. El problema para el líder del PP era Aguirre, que fue un permanente dolor de muelas. Rajoy todavía no estaba al frente del partido, pero asistió espantado a uno de los capítulos más rocambolescos en la historia de los populares de Madrid, el 'tamayazo'. Tras las elecciones autonómicas del 25 de mayo de 2003, el socialista Rafael Simancas tenía en la mano ser el presidente de la Comunidad de Madrid con el apoyo de IU, pero dos diputados socialistas, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, se dieron la vuelta con una burda excusa programática. Quedó la sensación de que habían sido comprados, pero nadie pudo probarlo. Se repitieron las elecciones y Aguirre se convirtió por primera vez en presidenta autonómica.

Contra Rajoy. Aquel incidente predispuso al hoy presidente del Gobierno contra Aguirre, animosidad que se agravó con el episodio de las candidaturas con Ruiz-Gallardón, pero que alcanzó la cúspide tras la derrota en las generales de 2008 frente a José Luis Rodríguez Zapatero. La presidenta de la Comunidad de Madrid pidió a Rajoy un paso atrás y, con el latiguillo de «no me resigno», buscó apoyos y urdió una operación para hacerse con el liderazgo del partido en el congreso del PP en Valencia. Aguirre pasaba por su mejor momento tras reeditar su mayoría absoluta, Rajoy por uno de los peores tras su segunda derrota. El líder del partido salvó el cónclave con el apoyo de varios barones regionales. Pero quedó tocado. También tomó nota.

Los espías. La presidenta madrileña retornó a sus lares, pero enseguida, en enero de 2009, volvió a estar en el candelero. Esta vez por un oscuro caso de espionaje contra sus rivales políticos, los 'gallardonistas', en el que se vieron implicados sus consejeros Ignacio González y Francisco Granados. Se habló de una «gestapillo», definición acuñada por el vicealcalde Manuel Cobo, organizada por el Gobierno de Aguirre con la colaboración de miembros de las fuerzas de seguridad financiada con facturas falsas. Tampoco se aclaró nada.

Gürtel. Aquel 2009 comenzó el insomnio del PP con la corrupción. Saltó el 'caso Gürtel' por una investigación del juez Baltasar Garzón y alcanzó de lleno a la Comunidad de Madrid, a su Gobierno y al PP. La compleja trama tocaba todos los palos. Financiación irregular del partido, adjudicaciones fraudulentas de obras públicas, contratos y concursos amañados, facturas falsas, sobresueldos. Aguirre intentó presentarse como la adalid de la lucha anticorrupción -«yo destapé la trama Gürtel», se jactaba en cuanto podía-, pero tuvieron que dimitir un consejero, tres alcaldes y otros tantos diputados autonómicos. Los imputados se contaron por decenas. Todos del PP. Todos de su órbita. El terremoto, sin embargo, quedó sepultado por las dimensiones del tsunami nacional provocado por la misma trama corrupta de Francisco Correa, que golpeó el corazón de la calle Génova, y sentó por primera vez a un partido en el banquillo de los acusados.

Púnica. No tuvo las mismas magnitudes, pero la operación Púnica con tintes cutres difícilmente imaginables volvió a sacudir al PP de Madrid. Medio centenar de dirigentes políticos, empresarios y funcionarios fueron detenidos en octubre de 2014. Entre ellos, Francisco Granados, en su día mano derecha de Aguirre y secretario general del partido. Una trama de corrupción para la adjudicación de servicios públicos en administraciones autonómicas y locales con una cifra multimillonaria de euros defraudados aún sin cuantificar cuyo destino se repartió, al parecer, entre los promotores y la financiación irregular del PP. Cuentas en Suiza, chalés regalados, millones en un maletín escondido en un altillo de sus suegros, que Granados achacó a trabajadores de Ikea que habían pasado por allí. Un vodevil si no fuera por el multimillonario saqueo de fondos.

Lezo. Con la pérdida de la mayoría absoluta del PP en la Comunidad de Madrid en 2015 emergió la porquería más escondida. Dos décadas de total hegemonía alimentaron la sensación de impunidad y barra libre. En 2016 comenzaron las investigaciones de la llamada 'operación Lezo', que en abril del año siguiente condujeron a una docena de detenciones, entre ellos el expresidente Ignacio González. Se trataba de una madeja creada al abrigo del Canal de Isabel II que desviaba fondos públicos de compras internacionales fraudulentas al bolsillo de los jefes de la trama. En un primer cálculo se habló de más de 20 millones de euros volatilizados. No fue detenido, pero Ruiz-Gallardón está imputado desde el jueves en esta causa porque como presidente autonómico autorizó en 2001 la compra por parte de la compañía de aguas de una empresa colombiana con un sobreprecio, según los investigadores, de unos 30 millones.

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