La toma de posesión causa otro lío

Mas coloca la medalla a Puigdemont en enero de 2016. :: afp/
Mas coloca la medalla a Puigdemont en enero de 2016. :: afp

La tradición indica que sea el expresidente quien 'corone' a su sucesor, pero las circunstancias políticas mandan

CRISTIAN REINO

barcelona. La tensión lo envuelve todo en las relaciones entre la administración central y la catalana. También la toma de posesión del nuevo presidente de la Generalitat, que podría celebrarse hoy o mañana, una vez el Rey firme el nombramiento oficial y salga publicado en el BOE.

Hasta la fecha, este acto siempre lo ha organizado el Gobierno catalán. El presidente saliente colocaba la medalla de la Generalitat al entrante y el nuevo jefe del Ejecutivo catalán juraba o prometía el cargo. En esta ocasión, las circunstancias especiales mandan. Puigdemont no puede regresar de Berlín, porque sería detenido y puesto a disposición del juez.

Así que Torra no podrá recibir la distinción de su antecesor. Hasta que el Gobierno catalán entero tome posesión, aún regirá el 155 y por tanto la Generalitat estará en manos del Ejecutivo central. Es decir, quien debería 'coronar' a Torra sería la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. La imagen estaría cargada de simbolismo. Y de morbo.

En esta coyuntura inédita, la organización del acto corre a cargo del Gobierno, que aún controla la administración catalana, y la Moncloa quiere que sea de obediencia constitucional, lo que no despierta muchas simpatías (más bien ninguna) en la parte catalana.

Mas y Puigdemont eliminaron la bandera española y el retrato del Rey de la escenografía y Torra querría un atrezo parecido. Está por ver. De entrada, el nuevo presidente avisó ayer que usará la misma fórmula que empleó Puigdemont para su toma de posesión, en la que obvió al Rey y a la Constitución y juró «fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña». Esa fórmula fue recurrida pero la justicia la avaló después.

Torra se mostró ayer contrario a que el Gobierno central organice el acto de toma de posesión. «Nosotros queremos un tipo de acto diferente, íntimo, discreto y muy sencillo, con gestos simbólicos que nos permitan demostrar la situación de excepcionalidad y de tristeza que vivimos» por la pérdida de las instituciones y el encarcelamiento de varios dirigentes, sumado a la marcha al extranjero de muchos otros, remató. En el aire está también la lista de invitados. Se trata del primer choque con la nueva administración encabezada por Torra.

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