El tirón de Puigdemont surte efecto

Puigdemont y Rovira en el centro encabezan la manifestación de ayer por las calles de Bruselas. :: Stephanie Lecocq / efe/
Puigdemont y Rovira en el centro encabezan la manifestación de ayer por las calles de Bruselas. :: Stephanie Lecocq / efe

Esquerra teme que el gancho electoral del expresidente arruine sus planes de ser la fuerza hegemónica del independentismo

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

La de Bruselas era la manifestación de todas las fuerzas independentistas, el gran acto unitario de la campaña, pero un líder sobresalió con nitidez, Carles Puigdemont. Atrajo todos los focos y fue el centro de las miradas en una jornada dulce para el expresidente y su candidatura de Junts per Catalunya. Los sondeos apuntan a una recuperación espectacular en dos semanas y con otras dos de campaña por delante. En la medida que mejoran sus perspectivas para el 21 de diciembre menguan las de sus otrora socios republicanos.

Todo eran sonrisas y rostros exultantes en la capital belga. Todos no, las caras de algunos dirigentes de Esquerra Republicana mostraban una preocupación inexistente hasta hace unos días por las perspectivas electorales y el creciente protagonismo de Puigdemont. La encuesta publicada ayer por 'El Periódico de Catalunya' apunta a un empate en la treintena de diputados entre Esquerra y Junts per Catalunya. Pero no es la única que constata una tendencia al alza de la lista de Puigdemont y al estancamiento o retroceso de la de Oriol Junqueras.

Una situación inimaginable hace quince días, cuando las opciones electorales del PDeCAT estaban en las catacumbas de los sondeos con una quincena de escaños y relegada a cuarta fuerza. La apuesta de Puigdemont por prescindir de su partido y convertir la campaña en un altavoz en Bruselas sobre las «desmanes» del Gobierno de España ante «las legítimas aspiraciones de Cataluña» motivó primero una sonrisa displicente que se convirtió en una mueca de preocupación a medida que pasaban los días y mejoraban sus opciones electorales.

Puigdemont es la figura más querida por los independentistas, es el mejor valorado entre los votantes secesionistas en el último barómetro del CIS con una nota de 8,25 por encima del 8,10 de Oriol Junqueras, y es el preferido para ser presidente, casi uno de cada tres catalanes así lo desea, de acuerdo al estudio de 'El Periódico'. En una campaña donde pesa más la emotividad que la racionalidad, donde para los secesionistas el recuerdo de las cargas policiales del 1-O o la aplicación del 155 se valoran más que el fracaso de la declaración de independencia, el expresidente se mueve como pez en el agua.

No así los líderes de Esquerra. Junqueras encarcelado en Estremera hace campaña con las manos atadas, sin poder recurrir a los vídeos y con escasa repercusión pública. Su número dos, Marta Rovira, no ha cubierto las expectativas y, según reconocen los propios republicanos, es muy eficaz a la sombra del partido pero pierde enteros cuando sale al sol de la campaña. De hecho, en el primer debate entre los candidatos que se celebró anoche en TVE fue sustituida por el número dos de Esquerra por Girona, Roger Torrent, un nombre emergente en Esquerra.

Sin oferta electoral

El independentismo, además, se encuentra con el problema de que tiene poco que ofrecer tras haber gastado la oferta de la independencia en 18 meses en la legislatura pasada. No puede hablar de calendarios porque ese reclamo está agotado, tampoco puede concretar ofertas soberanistas porque sus candidatos recién excarcelados están en el filo de la navaja. Las ofertas, cuando ya se ha prometido todo, cotizan a la baja. Es la hora de los candidatos, y ahí el expresident es imbatible para los suyos.

Junts per Catalunya y el disminuido PDeCAT presionan además a Esquerra para que apoyen que Puigdemont, sea cual sea resultado electoral, se convierta de nuevo en presidente de la Generalitat con el argumento de que es el gobernante legítimo destituido por Rajoy. Razonamiento que Esquerra no puede rechazar pero que al mismo tiempo implica que Junqueras o Rovira, aunque ganen las elecciones, se conviertan en figuras decorativas.

Los republicanos pueden haber incurrido en un error de cálculo porque pensaron que había llegado el momento de convertirse en el faro del independentismo. Ya lo plantearon en 2015, pero entonces Artur Mas presionó con todos los resortes a su alcance para concurrir a las elecciones en una lista unitaria. Junqueras cedió y nació la alianza de Junts pel Sí que ganó los comicios de hace dos años. Esta vez no iba a ser así, pensaban los republicanos, porque además Puigdemont no iba a ser el candidato de los restos de Convergència. Pero fue llegar a Bruselas y cambiar de planes para preocupación de Esquerra.

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