Los tics autoritarios amordazan a la oposición

El proceso entra en su fase decisiva con la adopción de medidas unilaterales y sin apenas debate parlamentario

C. REINO

BARCELONA. El independentismo autodefinió el proceso secesionista catalán como la «revuelta de las sonrisas», una revolución de las clases medias que a base de manifestaciones pacíficas durante las Diadas del 11-S alcanzaría la independencia sin apenas tirar un papel al suelo.

Pero no es oro todo lo que reluce. El último ejemplo, el jueves pasado. El Consejo de Garantías Estatutarias advirtió a Junts pel Sí y la CUP de que aprobar las llamadas leyes de la desconexión por la vía de la lectura única viola la Constitución y el estatuto catalán y vulnera los derechos de los grupos de la oposición, que podrían verse ante la tesitura de ni siquiera poder presentar enmiendas a la ley del referéndum, la más trascendental que aprobará la Cámara catalana en su historia, pues declara a Cataluña como objeto soberano, prevalece respecto a la Constitución y establece la proclamación de la independencia a las 48 horas de la victoria del sí en la consulta del 1 de octubre. Poca broma, para que la ley sea ventilada en dos horas y sin apenas debate parlamentario. Y además, promovida por dos formaciones que no suman más del 48% del total de los votos.

Por no hablar de la falta de garantías de la consulta con la que los independentistas pretenden proclamar la república catalana, sin tener en cuenta que con toda seguridad en la votación solo participarán los partidarios de una de las opciones, los miembros de las mesas serán también de una sola de las opciones, la organización estará a cargo de voluntarios que no apunta a que sean contrarios a la secesión, con un censo que no es el oficial de las elecciones habituales, sin funcionarios, sin las garantías que establece la Comisión de Venecia y sin el reconocimiento ni de Madrid ni de Bruselas.

La gota que colmó el vaso, según apuntaron los grupos no secesionistas, fue la moción que Junts pel Sí y la CUP aprobaron hace dos semanas para instar al Gobierno catalán a garantizar que los medios de comunicación privados que inserten publicidad institucional tengan que comprometerse a publicitar la campaña del referéndum.

Llovía sobre mojado. Un diario francés de la izquierda como 'Liberation' ha retratado estos días a Lluís Llach, antiguo luchador contra la dictadura, como un «censor» y un «diputado amenazante», después de los vídeos que han circulado en los que aparecía en actos de la ANC avisando a los funcionarios que serán sancionados y «sufrirán» si no se someten a las leyes del proceso soberanista. Al ver cómo actúa ahora el cantautor, a muchos se les ha caído un mito.

Como el del juez Santi Vidal, exsenador de ERC, que iba presumiendo en charlas con secesionistas que la Generalitat ha conseguido los datos fiscales de los catalanes de forma «ilegal».

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