Las tensiones entre el PDeCAT y la CUP resquebrajan el frente independentista

Puigdemont mira a Gabriel, tras intervenir en el debate presupuestario en el Parlamento catalán. :: i. Baucells/
Puigdemont mira a Gabriel, tras intervenir en el debate presupuestario en el Parlamento catalán. :: i. Baucells

Esquerra deberá mediar entre sus socios para mantener el bloque soberanista unido contra el Estado en la recta final hacia el referéndum

M. E. ALONSO MADRID.

El edificio soberanista empieza a asomar sus grietas. La deseada unidad de acción entre la CUP y el PDeCAT ha saltado nuevamente por los aires y desde ambas formaciones no han disimulado sus profundas diferencias a lo largo de toda esta semana. Primero, con el enfrentamiento que ambos partidos mantienen por las acciones de la izquierda independentista contra el turismo en Barcelona. Después, con la decisión del Govern de personarse ante el juez cuando se identifique a quienes asaltaron un autobús turístico en Barcelona a finales de julio. Y ahora, por el polémico cartel con la que los anticapitalistas piden el 'sí' al referéndum y en la que incluyen al líder del PDeCAT, Artur Mas, entre los personajes que aspiran a «barrer» de Cataluña si tras el referéndum se proclama una república independiente.

La campaña ha crispado al partido de Carles Puigdemont, que no entiende que su socio de legislatura haya incluido a Mas en el mismo saco que a otros políticos acechados por la sombra de la corrupción. Desde la formación conservadora recuerdan que el líder de la antigua Convergència fue el primero en sacrificarse en aras del proceso soberanista. Mas aguantó la travesía del desierto, sacó las urnas el 9-N, fue procesado por el Estado, convocó unas elecciones que ganaron los independentistas y dio el famoso «paso al lado» para facilitar una legislatura que debía ser histórica. Y ahora la CUP trata de sacarlo del territorio a golpe de escoba, lamentan.

Una maltrecha relación entre dos formaciones antagónicas en todo, excepto en la defensa del referéndum, que nunca ha terminado de cuajar y que convierte a Esquerra en árbitro de la política catalana. La formación de Oriol Junqueras tendrá que mediar entre sus socios de gobierno para calmar las aguas y aparcar los recelos existentes en la recta final hacia el referéndum. Una mediación en la que jugará un papel clave el propio Junqueras, indiscutible hombre fuerte de la Generalitat.

Tras la última remodelación del Govern acometida este julio por Puigdemont, el vicepresidente salió reforzado con nuevas atribuciones. Bajo su mando están ahora las consejerías implicadas directamente en la celebración de la consulta después de que la CUP y un sector de su propio partido expusiesen sus dudas a que el PDeCAT tuviese los arrestos necesarios para llegar hasta el final del proceso. Temen que le tiemble el pulso ante la amenaza del Estado y que algunos cargos prefieran poner a salvo su patrimonio económico, de manera que el referéndum no tenga lugar o se transforme en una votación descafeinada sin efectos jurídicos.

Unidad frente al Gobierno

En cada paso a la independencia unos y otros se han mirado de reojo y no han sido pocas las ocasiones en las que la CUP ha lamentado el tener que arrastrar a sus socios por el camino soberanista. Pero con la cuenta atrás ya en marcha para el 1 de octubre, la entente está obligada a mantenerse unida frente al Gobierno de Mariano Rajoy, que va a imponer todo tipo de diques de contención para que no se celebre la consulta. Aunque será difícil que se vuelva a repetir nuevamente la imagen de fuerza que el bloque soberanista dio el pasado 3 de agosto cuando anunció la fecha de la campaña del referéndum con ERC, PDeCAT y la CUP compartiendo el mismo escenario.

Nadie espera ahora que los anticapitalistas y los de centroderecha aparezcan juntos en ningún acto en la recta final de la carrera independentista. La CUP ya anunció que compaginará la campaña de 'Autodeterminación, desobediencia, Países Catalanes: barrámoslos', que comparte con las organizaciones juveniles Arran, Endavant y el SEPC, con la que inició en junio para el 'sí' al referéndum bajo el lema 'Vivir quiere decir tomar partido'.

La formación de Puigdemont fue la primera en lanzarse a la promoción del referéndum y el 25 de marzo, en un acto que también sirvió para apoyar al expresidente Mas y los exconsejeros Irene Rigau, Joana Ortega y Francesc Homs por su implicación directa en el 9-N, presentó 'Sí al mejor país'. En mayo lo hizo ERC, con una pegada de carteles después del acto del Pacto Nacional por el Referéndum.

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