La tensión preelectoral se dispara en el Congreso y amenaza los pactos de Estado

Margarita Robles, en los pasillos del Congreso, tras el encuentro de la subcomisión del pacto educativo el pasado martes. :: efe / j. c. hidalgo/
Margarita Robles, en los pasillos del Congreso, tras el encuentro de la subcomisión del pacto educativo el pasado martes. :: efe / j. c. hidalgo

En dos meses, el PSOE ha abandonado el de educación, Ciudadanos el de justicia y el clima se ha embarrado en el Pacto de Toledo con las pensiones

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

La legislatura no empezó precisamente con grandes señales sobre la capacidad de los principales partidos de alcanzar grandes acuerdos. Y la tendencia se confirma. El Congreso tiene abiertas ocho subcomisiones en las que, supuestamente, se persigue alcanzar grandes pactos de Estado. Los asuntos, desde la sostenibilidad del sistema de pensiones hasta la educación o la política de aguas, los merecen. Pero las perspectivas son ya poco halagüeñas. A un año de las elecciones autonómicas y municipales, el clima en la Cámara baja ha pasado del letargo provocado por la excepcionalidad de la crisis catalana, en la que lo urgente eclipsó a lo necesario, a la pugna por sacar la cabeza.

El caso del pacto por la educación es el más reciente. El PSOE abandonó el martes las conversaciones que mantenían el conjunto de los grupos con el argumento de que debe garantizarse una financiación del 5% del PIB (unos 1.500 millones de euros más de gasto anual hasta 2015) y que todo lo que esté por debajo de esa cuantía es inadmisible. El del dinero es sólo el segundo punto de los quince en los que se centraba la negociación en la comisión. El PP había propuesto una subida de unos 700 millones anuales con el compromiso de aportar adicionalmente la financiación necesaria para cumplir el conjunto de las medidas que lleguen a pactarse. Por eso, sostiene que en el movimiento de los socialistas hay más de escenificación que de problema real.

También Ciudadanos cargó con dureza contra el principal partido de la oposición, aunque ellos mismos -en plena pugna con los populares y en luna de miel con las encuestas- se levantaron hace un mes de la subcomisión que busca un pacto por la justicia arguyendo que las dos grandes fuerzas políticas pretenden seguir controlándola. «Querido PSOE -escribió esta semana en su cuenta de Twitter el responsable de Economía y Empleo, Luis Garicano-: muy probablemente, no va a haber mayorías absolutas en años. Si seguimos en el 'No es no', no conseguiremos pasar mejora alguna nunca. Llamar permanentemente a elecciones, con más de la mitad de la legislatura por jugarse, dando por perdida la educación es irresponsable».

Tras la crisis catalana, los socialistas temen un «abrazo del oso» del PP que diluya su alternativa

En las palabras de Garicano subyace una advertencia crucial. Nunca, en toda la democracia, el Parlamento había estado tan fragmentado como ahora. Podemos y Ciudadanos han sido los dos primeros partidos 'minoritarios' capaces de crecer tanto como para rebasar los mecanismos del sistema electoral, que prima a las fuerzas mayoritarias para facilitar la gobernabilidad, y eso obliga a desarrollar una casi inexistente cultura de pactos con el fin de evitar la parálisis legislativa. Pero el temor a verse ahogado en un «abrazo del oso» del PP, es, en el caso del PSOE, disuasorio.

Ofensiva

Los sondeos indican que, tras un primer impulso vinculado a la atención recibida por el proceso de primarias en el que Pedro Sánchez se alzó con la victoria, los socialistas han perdido fuelle. Podemos, el rival que compite por su mismo espacio electoral, cae en intención de voto, pero ellos no sacan partido del declive. «La gente no sabe dónde estamos», se quejan algunos cuadros medios. Como reacción, el líder del PSOE ha decidido extremar su discurso contra el Gobierno. En menos de dos semanas ha pasado de descartar las elecciones anticipadas a exigirlas.

Sánchez sigue hablando de manera frecuente con Mariano Rajoy. Según fuentes de su entorno, la vía de comunicación que se abrió para tratar de poner freno a la amenaza de la secesión de Cataluña no se ha cortado en ningún momento e incluso sirve para hablar de otros temas. Pero, al tiempo, el secretario general del PSOE ha puesto en marcha una ofensiva con la que trata de visibilizar a su formación como alternativa. Su propuesta sobre la creación de un impuesto a la banca para financiar las pensiones fue la primera señal, pero ha ido a más. Los populares patalean y piden a la oposición que hable en el Pacto de Toledo, pero con el aliento de Podemos en el cogote, y sabedores de que también a ellos los pensionistas les echan en cara su reforma, los socialistas han preferido volar por libre y exigir un aumento del 1,6% de la prestación, equivalente al IPC, en lugar del 0,5%.

El PSOE también avisó la semana pasada de que empezaría a llevar por su cuenta a la Cámara iniciativas contenidas en el pacto por la violencia de género, el único que ha salido adelante hasta ahora. Se quejan de que no han liberado los 200 millones de euros comprometidos con las comunidades. El Ejecutivo los incluirá en los Presupuestos, aunque no hay certeza de que logre aprobarlos.

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