Susana Díaz se refugia en su fortaleza andaluza a la espera de otra oportunidad

La líder del PSOE-A apuntala su apuesta regional mientras mantiene un perfil nacional propio

CECILIA CUERDO SEVILLA.

La presidenta andaluza Susana Díaz despidió 2017, su annus horribilis, muy lejos de donde lo empezó: replegada en Andalucía. La comunidad fue su paño de lágrimas tras frustrarse de forma estrepitosa en mayo su intento de liderar el PSOE federal, consciente de que su apuesta personal podía además volverse en contra y convertirla en la socialista que perdió la región tras casi 40 años de poder ininterrumpido de su partido. Para evitarlo, Díaz ha hecho del andalucismo y los derechos sociales la bandera con la que asegurarse la victoria en su tierra, y aunque sin señalarse mucho ni friccionar aún más su relación con la dirección federal, no ha perdido comba del debate nacional. Y es que algunos en su entorno siguen manteniendo que su carrera nacional no está acabada, y que frente a los vaivenes de Pedro Sánchez, su discurso centrado acabará imponiéndose.

«Ahora toca Andalucía», dijo tras las primarias socialistas, lo que le valió reproches de la oposición acerca de su nula dedicación a la región por un inicio en blanco de la legislatura. Díaz adelantó el congreso regional para asegurarse una cómoda reelección y pillar a contrapié a los 'sanchistas', incapaces de presentar batalla ya desde los avales por la dificultad de señalarse públicamente. Y en lo institucional, reactivó su acuerdo de investidura con Ciudadanos, lo que le obligó a suprimir de facto el impuesto de sucesiones pese a haberlo defendido como elemento de redistribución de riqueza. A cambio, puede presumir de estabilidad política, un factor nada baladí en los tiempos actuales, y de ser la primera comunidad en aprobar sus presupuestos regionales. También la primera en aprobar la universidad gratuita para los alumnos que aprueben y en lanzar una macroconvocatoria de oposiciones para dar estabilidad al empleo público, apuntalando así su apuesta por la sanidad y la educación.

Esas han sido las de cal. La de arena vino del Tribunal Constitucional, que echó abajo la jornada laboral de 35 horas semanales para los funcionarios. Para solventarlo, se ha recurrido a la triquiñuela de computar el trabajo desde casa para completar las 37,5 horas que impone Moncloa. En sanidad, la reciente muerte de una paciente en el sistema público de salud (la «joya de la corona» para el PSOE-A) por un «problema organizativo», según reconoció la propia Junta, fue la puntilla para un año en el que manifestaciones multitudinarias han clamado contra los recortes sanitarios en la comunidad.

Nacionalismo y socialismo

Díaz no ha estado ajena a la política nacional, alzando la voz a cuenta del debate territorial, la igualdad entre ciudadanos o la financiación autonómica para mantener un perfil propio. No dudó siquiera en retar a su secretario general para que no le hiciera elegir entre sus lealtades al «partido y Andalucía» a cuenta de la apuesta de Pedro Sánchez por la plurinacionalidad, que la andaluza rechaza. «Nacionalismo y socialismo son incompatibles», dice, señalando a la reforma constitucional como única vía de resolver el conflicto catalán. Así, desde el PSOE-A no han ocultado en privado su rechazo a una ambigua campaña del PSC, que creen ha minado sus expectativas. Díaz ha sido además la presidenta autonómica más rotunda a la hora de exigir un nuevo modelo de financiación a Mariano Rajoy.

«El año termina con un liderazgo indiscutible en todos los terrenos de Susana Díaz y del PSOE de Andalucía», valoró su equipo, resaltando que Díaz «ha encabezado la defensa de los intereses generales de Andalucía para que ésta tenga una voz potente en defensa de su Estatuto y de la igualdad de todos los territorios». Pero a quince meses vista, los socialistas andaluces se mueven ya en la clave que mejor dominan: la tensión electoral.

En las últimas semanas han aumentado los rumores de un adelanto electoral en la región. Los socialistas creen haber hecho los deberes y sostienen que los sondeos les auguran una mayoría que les permitiría soltar el 'lastre' de sus socios de investidura. Mas aún en un momento en que Ciudadanos coge aire tras las elecciones catalanas y quiere aprovechar la ola presentándose como alternativa propia y no como llave de gobierno de PP o PSOE. Díaz niega un adelanto, pero la oposición no descarta que repita ahora la jugada que ya hizo en 2015 para evitar entonces el auge de Podemos.

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