El 155 solo ralentiza la fuga de empresas

Empujados por los grandes del Ibex, en dos meses casi 3.000 firmas han fijado su sede en otras regiones sin visos de volver tras el 21-D Las salidas de Cataluña pasan de 96 al día en octubre a 46 en noviembre, aún muy por encima de lo normal

JOSÉ M. CAMARERO

madrid. Al aluvión inicial de salidas de empresas de Cataluña de octubre le ha seguido un goteo incesante de fugas de negocios que ni siquiera la intervención del Gobierno, con la aplicación del artículo 155 de la Constitución para destituir al Govern y convocar elecciones el día 21, ha podido paralizar. De esa comunidad siguen yéndose diariamente muchos más negocios de los que lo hacían incluso antes de que el proceso independentista se adentrara en la deriva del 1 de octubre, con el referéndum de por medio. En dos meses, el drenaje de sociedades se ha aproximado a las 3.000 -exactamente 2.876 hasta el pasado viernes, según el Colegio de Registradores-, pero aún siguen trasladando sus domicilios sociales diariamente muchas más firmas de las que lo venían haciendo hasta septiembre.

El temor a un futuro que nadie sabe por dónde discurrirá a partir del próximo día 22, jornada de resaca electoral, sigue empujando a muchos empresarios a materializar un cambio de sede social a otras regiones. Tras la huida de CaixaBank, Sabadell, Gas Natural y todas las firmas catalanas que estaban en el Ibex a excepción de Grifols, octubre se convirtió en un mes negro para los intereses económicos de Cataluña. Durante sus cuatro semanas -con la consulta independentista, las sesiones del Parlament para declarar unilateralmente la independencia (DUI), las comparecencias públicas y las amenazas de intervención, entre otros muchos capítulos políticos-, se fueron de Cataluña 1.821 empresas. Es decir, a una media de 96 compañías por día hábil -cuando los registros están abiertos-. La tensión se rebajó a partir del 30 de octubre, el primer lunes posterior al anuncio del Ejecutivo de Rajoy de que aplicaría el artículo de la Constitución que le permitía intervenir la Generalitat y adelantar la cita electoral en el plazo legal más corto posible. Desde entonces, y durante el último mes, la fuga de negocios ha supuesto una sangría de 1.055 firmas, con una media diaria de 46 registros, prácticamente la mitad del nivel de huida de octubre.

El 155 ha aplacado el temor de muchos empresarios, que han optado por esperar para comprobar qué es lo que puede ocurrir tras el 21-D, pero no lo ha extinguido. El ejemplo más paradigmático de esta postura lo representa el presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio, José Luis Bonet. Con la DUI encima de la mesa, anticipó que el consejo de la compañía aprobaría el traslado de sede; tras escuchar a Rajoy interpelando al 155, el grupo paralizó esa decisión; y hace pocos días ha vuelto a insinuar que si las aguas no vuelven a su cauce tras las autonómicas, retomará la idea de irse.

Pero otros muchos empresarios no han querido esperar, ni siquiera con el respaldo de la intervención gubernamental. Porque este acto ha disipado parte de los miedos económicos que se cernían sobre Cataluña, pero no ha conseguido despejar las dudas por completo. De hecho, aun con el 155 sobre la mesa, la salida media diaria de 46 empresas de la comunidad en el mes de noviembre es muy superior a los movimientos que venían siendo habituales en el tejido industrial catalán hasta justo antes del 1-O. Por ejemplo, en todo el mes de septiembre se fueron de la comunidad 40 compañías, algunas menos de las 47 que lo hicieron en julio, las 60 de marzo y junio o las 39 de febrero.

Fuera de lo habitual

En los nueve primeros meses del año habían trasladado su sede social 688 negocios, una tercera parte de los que se fueron solo durante el mes de octubre. Para poner en perspectiva la profundidad del problema al que se enfrenta Cataluña, en 2016 se registraron 526 salidas, prácticamente la mitad de las fugas de este último mes de noviembre.

Antes de que se recrudeciera la crisis, la media diaria de traslados fuera de Cataluña era de 3,5 al día este año. Se trata de un movimiento «habitual», según fuentes empresariales, derivado de las necesidades de ajustar sus negocios por diversos motivos, pero no por la política. Ni siquiera el día en el que menos salidas ha habido en los dos últimos meses se ha aproximado a esas cifras 'normales'. El 21 de noviembre se fueron 21 compañías, siete veces más de lo habitual.

Lo peor es que la cara oculta de estos movimientos está aún por llegar. Por mucho que se calme la situación tras el 21-D, parte de las corporaciones que han fijado su domicilio en otras regiones no tienen intención de regresar. Los bancos son los primeros que lo han advertido, lo que dejará un agujero de complicadas repercusiones tributarias, organizativas e incluso de empleo.

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