SÓLO SON ASESINOS

PABLO GARCÍA-MANCHA PERIODISTA

ETA fue derrotada por las Fuerzas de Seguridad del Estado y la sociedad española hace mucho tiempo. Las estructuras que dicen ahora disolverse en realidad no son nada más que uno de los muchos castillos en el aire que han dibujado con la asombrosa capacidad que mantienen -tanto ellos como sus voceros- para crear realidades paralelas y nefastas; es decir, denominar lucha armada al terrorismo e impuesto revolucionario a la extorsión y al comportamiento mafioso de sus cabecillas, sicarios y peones de base. ETA se atribuye una especie de legitimidad histórica para explicarse a sí misma y justificar la barbarie de su naturaleza criminal, de su instinto asesino. Se enreda en un apocalíptico mensaje de pueblos, armas entregadas y voluntades mayoritarias para esconder una vez más que sólo son criminales. Hablan de libertad con el cañón de sus pistolas en la nuca. Han matado por cientos, han llenado España de cadáveres y de odio, de dolor, de infinidad de familias destrozadas y han jugado un papel en la política porque una buena parte del nacionalismo la ha utilizado de coartada a su conveniencia. ETA mató infinitamente más en Democracia que durante los últimos años del franquismo, ETA ha matado niños y ancianos con la misma frialdad que lo hizo con policías, militares o políticos. ETA sólo es la muerte y como tal hay que tratarla desde las instituciones democráticas que ellos han intentado dinamitar sin éxito. La batalla ahora ha de ser la del relato. Aquí no puede haber dos historias como en tantos manuales editados por el Gobierno vasco en el que se pone a la misma altura a las víctimas y los verdugos. Urge recuperar los más de trescientos casos sin resolver; urge que el gobierno de Madrid no mercadee con los acercamientos de presos ni que se permitan esas vergonzosas recepciones a los asesinos en sus pueblos. Urgen tantas cosas que ya vamos tarde para poner a cada uno en su sitio.

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