«ETA no solo asesinó a mi padre, me robó tener recuerdos de una vida con él»

Javier Ordóñez, en la primera entrevista que concede a un medio de comunicación. /
Javier Ordóñez, en la primera entrevista que concede a un medio de comunicación.

«Al asesino le preguntaría por qué lo hizo, qué pasa por su cabeza para matar a una persona y si se arrepiente, de verdad, de haberlo hecho» Javier Ordóñez Iríbar. Hijo de Gregorio Ordóñez, concejal del PP de San Sebastián asesinado por ETA el 23 de enero de 1995

A. GONZÁLEZ EGAÑA MADRID.

Javier Ordóñez Iríbar tenía catorcemeses cuando ETA asesinó a su padre, el teniente de alcalde del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián. Veintitrés años después del atentado que acabó con la vida de Gregorio Ordóñez Fenollar, su único hijo habla por primera vez en una entrevista concedida a este periódico. Sentado en el salón de su casa en Madrid, su relato es el de un joven universitario al que ETA no solo dejó «cruel e injustamente» sin padre, sino que le robó «la posibilidad de tener una vida de recuerdos con él». «Le conozco a mi humilde manera y para mí siempre será un referente moral y ético en muchísimos aspectos», explica a sus 24 años y a punto de finalizar su proyecto de fin de carrera, Ingeniería Civil y Territorial. Lo hace con el orgullo de haber heredado «el carácter de persona determinada, con las ideas claras y que entiende la política como un instrumento para ayudar a los demás».

Su madre, Ana Iríbar, «la ama», como le llama cariñosamente, le contó que su padre «estaba almorzando en un bar de San Sebastián (La Cepa) cuando entró un señor con una pistola, le disparó un tiro en la cabeza y le mató». Javier tenía cinco años y no se quedó solo con aquella explicación, le hizo una segunda pregunta: ¿Dónde está y quién es el asesino de mi padre? Ese es un momento que el hijo de Gregorio Ordóñez tampoco recuerda muy bien, se lo ha ido refrescando su madre cuando ha ido creciendo. Pero lo que sí sabe es que desde aquel día asimiló «para siempre» el doloroso relato de que su padre había sido asesinado por ETA.

-¿Qué le mueve a dar su testimonio públicamente?

«Conozco a mi padre a mi humilde manera. Para mí sigue siendo un referente moral y ético»«Para mí ha sido más fácil que para mi madre. Cómo vas a añorar a quien no conoces»

-No tengo problemas en contar mi relato. No tengo complejos ni miedos. A lo mejor los tuve hace años cuando era más inseguro, pero hoy no me supone ninguna dificultad hablar de estas cosas.

-No pudo siquiera llegar a llamarle aita porque era demasiado pequeño. ¿Cómo se refiere hoy a él?

-Siempre hablo de él en tercera persona, me refiero a él como mi padre, no digo el aita... Como nunca he podido referirme a él en segunda persona, realmente, se me hace raro...

-Compartió con su padre catorce meses de vida, no tuvo tiempo de conocerle. Pero se da la paradoja de que su padre es un icono para usted, igual que para otra mucha gente. ¿Cómo se vive esa situación?

-Los únicos recuerdos que tengo son lo que me cuenta mi familia, las personas que le conocieron, lo que sale en los libros o incluso en la wikipedia. No tengo más que eso. Le conozco a mi humilde manera. Para mí sigue siendo un referente moral y ético en muchos aspectos. Sé que fue un hombre valiente.

-¿Duele todavía hoy que ETA le arrebatara esa parte de su vida?

-Es que ETA no solo asesinó a mi padre, sino que me robó la posibilidad de tener recuerdos de una vida con él.

-¿Cómo lleva la ausencia y el hecho de que su madre haya tenido que ejercer también de padre?

-Mi madre es en quien más me he apoyado. Ella es mi principal referente, es la que ha suplido esa carencia.

-Ella, a su vez, siempre dice que usted es el bastón en el que se apoya para salir adelante.

-Creo, de un modo extraño tal vez, que para mí es más sencillo porque, como digo siempre, cómo vas a añorar algo que no conoces. Desde que tengo consciencia, mi padre no está. No puedo saber cómo es tener una vida con un padre. No puedo saber qué me falta, en cierta forma.

-¿En qué momento le ha echado más en falta?

-Desde pequeño vivimos en Madrid mi madre y yo. El resto de la familia está en San Sebastián o en la Comunidad Valenciana. Parte de mi vida la he pasado solo o con mi madre y he aprendido a tener esa independencia que, tal vez, me permite no echar en falta cosas que a lo mejor sí debiera echar en falta. No estuvo en mi comunión, ni en otros momentos clave de mi vida. Cuando veo a otros niños o jóvenes con sus padres, digo: 'a mí me ha tocado esto, la vida es así'. No podemos cambiar el pasado, sino enfrentarnos al futuro.

-El próximo 23 de enero se cumplirán, justamente, 23 años del asesinato. ¿Cómo vive cada aniversario cuando se acerca esa fecha tan dolorosa?

-Nos volcamos, sobre todo, en los actos por el aniversario. Hacemos la entrega del premio de la Fundación Ordóñez. He asistido en alguna ocasión y este año también estaré en San Sebastián. Mi madre siempre prepara un discurso. Yo soy su mayor crítico, le hago sugerencias y esos preparativos me sirven para reflexionar a través de las ideas que ella transmite en su discurso.

-¿Qué ha heredado de Goyo, como se le conocía entre su gente en San Sebastián?

-El pelo, sobre todo. Pero lo que es más importante es que he heredado su carácter, de persona muy determinada, con las ideas muy claras, que sabía lo que quería hacer, que entendía la política de una forma diferente a la de otras personas... Y quiero creer que todas esas cosas las comparto yo también.

-¿Se ve reflejado en el partido al que perteneció su padre?

-La política ha cambiado mucho en 23 años. Pero, independientemente de las siglas y de los partidos, en lo que sí me veo reflejado es en la personalidad, en la manera de ser, en el carácter y en lo que espero de los demás y de uno mismo, más allá de lo que son siglas y política.

-¿Cómo recuerda el momento en el que le relataron por qué había muerto su padre?

-La verdad es que de la infancia me acuerdo poco. Ese tipo de cosas me las ha contado mi madre. Sé, porque ella me lo ha contado, que de muy pequeño, con cuatro o cinco años, un día desayunando en la cocina me planté delante de mi madre y le pregunté cómo había muerto y dónde estaba el asesino de mi padre. Después de muchos años de cuentos por la noche, mi madre me contó la verdad. Me dijo que mi padre aquel día estaba almorzando en un bar de la Parte Vieja de San Sebastián, cuando entró un señor con una pistola, le disparó en la cabeza y le mató. Me hizo el relato tal y como fue. Desde ese momento, lo interioricé, lo asimilé y lo asumí.

«No lloré»

-¿Y cómo se asume que te expliquen que a tu padre le asesinaron de un disparo en la cabeza?

-En ese momento, siendo un niño pequeño debí responder con emociones muy crudas, con rabia, ira...

-Lloraría...

-No lloré. Parece ser que no.

-¿Ha seguido haciendo preguntas?

-De más mayor lo tratamos con naturalidad. No es ningún tabú. Con mi madre no tengo ningún problema a la hora de tratar el tema. Ni con mi tía (Consuelo Ordóñez). Ella está muy metida en la defensa de las víctimas del terrorismo y es algo muy recurrente. Y mi abuela paterna siempre me cuenta muchas cosas.

-¿Ha leído mucho sobre su padre?

-De pequeño, cuando te mueve la curiosidad buscas en internet. Luego, de más mayor, he ojeado muchas veces el libro 'Tal y como era', editado por la Fundación Gregorio Ordóñez. Pero las personas que más me hablan de mi padre son mi madre, mi tía Consuelo y mi abuela paterna.

-¿Ha tenido ocasión de hablar de este tema con sus amigos?

-Con mis amigos no es algo que yo diga: '¡Hola! Me llamo Javier Ordóñez, por cierto, mi padre está muerto'. No te presentas así a la gente. Pero cuando te preguntan: '¿Tus padres qué hacen?' Les digo que mi madre trabaja y que mi padre fue asesinado por ETA en el año 95. Entonces, todos me dicen: ¡Vaya por Dios! La reacción es un poco... Realmente, me cuesta más contarlo por la reacción que van a tener ellos que por la mía. A mí no me supone ningún trauma decirlo. Todos los que han preguntado lo saben, nunca he eludido esa respuesta.

-De la pregunta que hizo de pequeño sobre el asesino de su padre, ¿qué sabe hoy, dos décadas después?

-Estamos en ello. Sabemos que han sido juzgadas tres personas del comando (se refiere a Xabier García Gaztelu, 'Txapote', Valentín Lasarte y Juan Ramón Karasatorre). Tenemos medio certeza de quién fue el que disparó, pero en estas cosas nadie se chiva de nadie y existe cierto grado de desconocimiento aún. Me gustaría saberlo todo.

-¿Qué le diría al asesino de su padre si lo tuviera delante?

-La verdad es que nunca me lo he planteado. Con ese señor no quiero saber nada. Pero, si tuviera que decir algo, le diría: ¿Por qué? Algo tiene que haber... Quiero saber qué pasa por su cabeza en el momento de asesinar a una persona, independientemente de que sea mi padre. Y quiero saber si se arrepiente de verdad de haber matado a mi padre. Si es un arrepentimiento genuino. Tampoco me interesa nada más. Con esas dos preguntas, creo que tengo la respuesta a prácticamente todo.

-¿Qué compromiso mantiene con la defensa de los derechos de las víctimas?

-Mi tía (Consuelo) me lo cuenta todo también, sin rodeos. Me pide mi opinión de muchas cosas y yo me intereso por el sentido político de muchas otras. Estoy al tanto de todo lo que hace Covite, incluso he estado en algunos actos.

-¿Qué cree que es lo más urgente ahora para esas víctimas?

-Lo más urgente es que se escriba la historia tal y como ha sido, que se escriba un relato verídico, sencillamente. Que se vea qué es el terrorismo de verdad y que todo el mundo sea consciente de ello. Que se sepa quiénes son las víctimas y quiénes son los verdugos y que no se tergiverse lo más mínimo la verdadera historia de sufrimiento por culpa de ETA, que ha habido en nuestro país y concretamente en el País Vasco, para poder preservar la memoria de las víctimas. Que no se pase página y que se tenga claro lo que ha pasado, que no lo ignoremos y aprendamos de ello.

-¿Se imagina el futuro con una convivencia en paz y ETA disuelta?

-Quiero creer que eso esté cada vez más cerca. Tengo esperanzas de que podamos llegar a que, en una sociedad avanzada como la que tenemos, sea normal llevar una convivencia pacífica, pero eso sí, sin olvidar lo que ha ocurrido en el País Vasco.

-¿Le mueve seguir la estela de su padre y dedicarse a la política?

-Me intereso mucho por las cosas que ocurren en el mundo, me gusta la política, la filosofía, el cine, la ética, sigo la actualidad, veo las noticias, leo artículos, debato con mis amigos, pero mi vocación no es esa. Me gusta hablar de ello y saber lo que opinan los demás, pero nunca he pensado en dedicarme a la política.

-¿Le gustaría tener la oportunidad de hablar en público en un acto de Covite o de la fundación?

-Soy miembro de Covite y de la AVT, pero aún no me han pedido algo así. Estoy un poco verde para esas cosas.

-¿Cómo le gustaría que fuera recordado su padre?

-Como una persona valiente, que tenía las ideas muy claras, que utilizaba la política como instrumento para ayudar a los demás, ante todo, y como una persona con absoluta devoción hacia los demás y hacia su ciudad.

-¿Qué sentimiento le provoca escuchar las peticiones que hacen los presos? ¿Cómo reaccionó al desarme de ETA y a otros pasos que se están dando en ese terreno?

-Quiero creer que cada paso contribuye a que todo esto acabe y que ese final sea justo y razonable para las víctimas. Las informaciones que salen espero que sirvan para avanzar a la Justicia y el Estado de Derecho a llegar a la verdad de lo que ocurrió.

-¿Qué le parece que gente de la izquierda abertzale no sea todavía capaz de verbalizar que fue «injusto» asesinar a un concejal como ocurrió el martes en el homenaje a José Ignacio Iruretagoiena en Zarautz?

-Me da lástima. Primero por ellos, porque me parece que no ver la maldad, la crueldad y la injusticia de un asesinato, no reconocer el horror y el error que es eso, dice mucho de una persona. En segundo lugar, me da lástima que en una sociedad avanzada puedan darse estos casos y que, además, esas personas puedan tener poder en algunas instituciones.

-¿Intuye si eso cambiará en algún momento?

-No lo sé, pero si no ha cambiado ya... Los viejos hábitos difícilmente mueren. Critican que nosotros no somos capaces de entenderles, cuando es lo contrario, son ellos los que no ven más allá de sus motivos egoístas. Espero que algún día cambien.

-¿Cree que alguna vez escuchará a la izquierda abertzale decir que nunca se debió atentar, que cualquier asesinato fue injusto?

-No lo sé.

-¿Qué necesita usted escuchar de esas personas?

-No necesito nada.

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