AL DÍA SIGUIENTE Y DESPUÉS

Una gran diferencia es que ahora nuestras sociedades saben muy bien lo que es el terrorismo cuando te toca de cerca. Comparado con la matanza de Hipercor de 1987, o incluso la de Atocha de 2004, superado el estupor de los primeros balances, tenemos como ciudadanos muchos más datos, mucha más experiencia, para interpretar lo que (nos) está pasando. Porque al final se trata de eso: cómo dar sentido al sinsentido, cómo entender lo que desde nuestra perspectiva racional y moral aparece como algo absurdo. Sigamos la regla canónica del viejo periodismo.

¿Quién? A 24 horas del ataque, se tiene mucha información sobre los autores, como fue en el caso de los ataques de Niza, París, Bruselas. No sólo sus nombres y lugares de actuación, también -y eso es crucial- la red de sus relaciones grupales.

¿Cómo? El modelo de terrorismo 'low cost' queda confirmado como un patrón evidente, un par de furgonetas, unas bombonas de butano, un piso en Alcanar (en este caso), media docena de chicos muy jóvenes y muy desestructurados socialmente, el problema se precisa para nuestros cuerpos de seguridad. En efecto ¿cómo prevenir y anticipar con la antelación suficiente? Aunque la intervención posterior al ataque haya sido eficiente (y lo ha sido), este aspecto nos recuerda que la lucha antiterrorista tiene esas dos vertientes, el antes y el después.

¿Dónde y cuándo? Lugar ideal, una ciudad europea muy visitada, un día de agosto muy concurrido, la tentación era obvia. Pero Las Ramblas estaban de nuevo hoy llenas de gente, en París la gente sigue yendo a la sala de conciertos Bataclan, el paseo de los ingleses en Niza está a rebosar. Nuestras sociedades, es decir, nuestros ciudadanos siguen con su modo de vida cotidiano, es una derrota clara del terrorista.

Y queda el ¿por qué? Aquí está el meollo del terrorismo, que es una forma particular y extrema de la política, entendida como lo que es en sentido estricto: la búsqueda de unos fines en relación a unos medios. Y esta es la línea de fractura entre los terroristas y todos los demás. Formas de coacción hay muchas a lo largo de la Historia, incluyendo violencia a gran escala. Pero el terrorista es el personaje que se encuentra moralmente a gusto fuera de todo dilema moral entre fines y medios. Todo vale, literalmente, para (intentar) imponer su programa finalista, no hay debate sobre la moral y el uso de la fuerza.

Resultado: aunque a algunos les pueda parecer chocante, los terroristas van perdiendo porque no están ganando, y la democracia está ganando porque toda esta ristra de atentados, a pesar de su terrible factura en vidas humanas, no la ha debilitado en modo alguno nuestras formas de vista.

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