«Me sentí un cacho de carne», dice la militar que denunció la violación grupal

El pub donde la soldado fue presuntamente drogada. :: d. pérez / efe/
El pub donde la soldado fue presuntamente drogada. :: d. pérez / efe

La Policía coteja el ADN de nueve compañeros del cuartel con los restos de semen que hallaron en las medias de la soldado

J. CANO / A. FRÍAS

MÁLAGA. Un juzgado militar y la Policía investigan la posible violación grupal de una soldado ocurrida en el interior del acuartelamiento del Ejército del Aire en Antequera (Málaga) el pasado diciembre. Según la denuncia presentada por la mujer, alguien le administró algún tipo de droga en su bebida mientras estaba de fiesta con unos compañeros en un pub, y cuando despertó al día siguiente con un fuerte dolor de cabeza no recordaba nada, aunque presentaba un hematoma y molestias en el pecho y el labio. A raíz de una de las declaraciones de la víctima, que está de baja por depresión, afloró otra supuesta agresión sufrida en septiembre por un compañero, que ayer fue interrogado en comisaría aunque tras tomarle declaración quedó en libertad.

Sobre el incidente de diciembre, y según su versión, en el local al que acudió consumió dos copas y varios botellines de cerveza, aunque no sabe la cantidad exacta. Lo que sí recordaba es que tenía «un sabor amargo» al que entonces no dio importancia. También contó a la Policía que, en un momento determinado, se dirigió al baño y dejó su cerveza en la barra, al alcance de sus compañeros.

Al día siguiente, se despertó con fuerte dolor de cabeza y habló con una compañera y también con el soldado que la acompañó, quien le dijo que la noche anterior, en el bar, le había notado una actitud «un poco rara», y que ambos le manifestaron la posibilidad de que hubiese sido drogada. El militar que la ayudó tenía un detector de estupefacientes. Al parecer, dio positivo en barbitúricos. La mujer acudió al teniente de la enfermería, quien se lo comunicó al comandante, que le recomendó denunciar los hechos.

Diez días después, la soldado volvió a la comisaría para ampliar su declaración y detalló con mayor precisión los recuerdos que tenía del bar. Aseguró que estuvo charlando en la barra con el cabo mayor y el sargento y que este último mostró un «especial interés» por ella, «acercándose más de lo debido y llegando a acariciarle una pierna». Según su testimonio, en ese momento notó otra mano que le palpaba el muslo, «dando un manotazo» para que no la tocaran, aunque no pudo ver la cara de quien lo hizo. «Otros dos se acercaron y empezaron a decirme al oído: 'Es que no veas cómo vienes'», relató con la advertencia de que eran «recuerdos confusos», por lo que piensa que, a esas alturas, ya había sido drogada. Tras ese episodio, apareció su amigo -el soldado que la llevó a su cuarto- y ella le contó lo que acababa de pasarle y que se había sentido como «un cacho de carne».

Muestras de cabello y ADN

Los policías pidieron a la soldado que se desplazara al hospital para que se le tomara una muestra de cabello con el fin de determinar si en su organismo quedan restos de narcóticos. También se está analizando el saco de dormir que usó esa noche y las medias, en las que, según su abogado, se han encontrado restos de semen. Al parecer, según explicó el letrado, la Policía ya ha tomado muestras de ADN al menos nueve soldados del acuartelamiento para comprobar si hay compatibilidades.

La última ampliación del testimonio de la denunciante se produjo el 16 de enero. La soldado declaró a los policías que tenía «recuerdos vagos», como la luz de la habitación encendida, «un hombre de tez morena que la movía mientras la cogía del brazo y le decía cosas», y un segundo individuo, más grande que el anterior, «con una respiración muy profunda», del que «notó el contacto de su costado izquierdo y su cara, muy desagradable», lo que a su juicio podría corresponder con el moratón de su pecho y la inflamación de su labio superior.

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