La segunda etapa en el peor momento

García-Escudero, ayer, en un acto en el Senado. :: J. P. GANDUL / efe
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García-Escudero, ayer, en un acto en el Senado. :: J. P. GANDUL / efe

Pío García-Escudero Presidente del Senado

R. GORRIARÁN MADRID.

Pío García Escudero reúne dos de las características que más valora Mariano Rajoy, discreción y sentido común. El presidente del Senado ya fue presidente del PP de Madrid entre 1993 y 2004 y, con Alberto Ruiz-Gallardón como presidente de la Comunidad, formó un dúo bien avenido que proporcionó días de calma y buen rollo en el ahora convulso partido. Quizá por añoranza de aquellos tiempos, Rajoy ha vuelto a echar mano de este arquitecto de 62 años, taurino donde los haya -«si yo fuera toro, preferiría morir en la plaza», dijo en una ocasión-primero de los diez hijos del conde de Bardarán y confeso receptor de los dineros negros de Luis Bárcenas (cobró 24.000 euros para rehabilitar su casa tras un atentado de ETA).

Se apartó de la primera línea del PP de Madrid con la llegada de Esperanza Aguirre y su cruzada contra Ruiz-Gallardón. Aquella batalla sin cuartel no iba con él.

Pero aquellos años de sosiego también tuvieron sus momentos turbios, y Aguirre se encargaba de recordárselo en cuanto salía a colación la supuesta financiación irregular de los populares madrileños a través de Fundescam. «Pregunten a Pío, Pío, Pío», decía Esperanza en alusión a la fundación creada por el PP en 2000. Pero hasta ahora ha salido indemne en las investigaciones judiciales.

Llegó a la política de la mano de José María Aznar, que en 1987 le colocó como director de Patrimonio de la Junta de Castilla y León. Con él regresó a Madrid y, tras unos escarceos en la vida municipal y autonómica, se hizo con las riendas de la organización madrileña. Encontró además su hueco en la política nacional en el Senado. Primero, sin galones y desde 1996, como portavoz en la Cámara alta en dos etapas. Hasta que en 2011, Rajoy le promocionó a presidente del Senado.

Catorce años después de ser desalojado de mala manera por Esperanza Aguirre, vuelve al despacho de la primera planta de la calle Génova avalado por el dedo de Rajoy.

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