Los secesionistas encaran la nueva legislatura en Cataluña sin estrategia ni proyecto común

Junqueras y Puigdemont en una manifestación en Barcelona en octubre pasado para pedir la liberación de los 'jordis'. :: Quique García/ efe/
Junqueras y Puigdemont en una manifestación en Barcelona en octubre pasado para pedir la liberación de los 'jordis'. :: Quique García/ efe

El choque entre Junts per Catalunya y Esquerra amenaza con degenerar en un enfrentamiento a cara de perro y una repetición de elecciones

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Las fuerzas independentistas catalanas encaran la legislatura que se abre pasado mañana sin estrategia ni proyecto y, por supuesto, sin líder con libertad de acción. Junts per Catalunya y Esquerra solo tienen un acuerdo, mantener la mayoría soberanista en la Mesa del Parlament y que el presidente sea de la misma cuerda. Aparte de eso, nada. Nadie sabe cómo va a ser la investidura ni cuál va a ser el rumbo del próximo Gobierno, si se forma. Entretanto, el choque entre las dos principales fuerzas secesionistas se recrudece y la hipótesis de la repetición electoral gana cuerpo.

El último roce ha surgido a cuenta de la petición de Esquerra a Carles Puigdemont de que sea «realista» y huya de «soluciones mágicas». Toda una afrenta para Junts per Catalunya, que ayer respondió a través del diputado y exconsejero Josep Rull que «lo más realista» es que Puigdemont sea investido presidente porque «es lo que ha votado la gente». Es «democrático, legal y reglamentario» y cualquier otra fórmula, según Rull, sería un fraude al resultado del 21 de diciembre.

Una opinión que no es unánime en Junts per Catalunya, sobre todo entre los dirigentes del PDeCAT, como el exalcalde de Barcelona Xabier Trias, quien sugirió que Puigdemont sea investido, no se inclinó por ninguna fórmula, y regrese a Cataluña para «entrar en prisión». Un escenario que no contempla ni en pintura el equipo de Bruselas.

También terció desde la prisión Oriol Junqueras en la edición digital del diario Ara, en la que abogó por «recuperar la gestión democrática de las instituciones» de Cataluña intervenidas por el Gobierno de Rajoy con el artículo 155. «No hacerlo -subraya- es renunciar a revertir el 155 y una temeraria huida hacia delante». Advierte asimismo de que si la mayoría secesionista en el Parlament no se pone de acuerdo para echar a andar la Generalitat se bloquearía la legislatura y la repetición de elecciones sería obligada.

Para no llegar a ese escenario extremo, Junqueras reclamó a los independentistas que sean «muy conscientes, tocar el suelo con los pies», para enfrentarse a los problemas «con un ejercicio de realismo imprescindible». Para echar un poco más de leña al fuego, la alcaldesa de Barcelona y líder de los comunes dio un toque de atención a Puigdemont a cuenta de que «lo lógico es que el presidente de la Generalitat esté en Cataluña». Nuevas alusiones al pragmatismo que irritan en los círculos cercanos al expresident, donde dicen una y otra vez que el «plan A, B y Z» es investir a Puigdemont desde Bruselas, ya sea con la fórmula on line o la intervención delegada.

Esa es la única estrategia que pone en la mesa Junts per Catalunya, y Esquerra no se atreve a desmontarla por temor a quedar como el traidor a los resultados electorales y el que discute la legitimidad del presidente de la Generalitat. Los republicanos, a lo sumo, apelan al sentido común, a que los hechos son los que son y que el reglamento de la Cámara dice lo que dice.

17 de 70 investigados

Tampoco está clara la maniobra de los secesionistas para asegurarse el control de la Mesa porque los cinco de Bruselas no van a poder votar y su mayoría de 70 escaños quedaría reducida a 65, cifra que igualarían los 57 diputados constitucionalistas en el muy improbable caso de que los ocho diputados de los comunes se revuelvan contra los independentistas. También corren el riesgo de que cualquiera de los 17 diputados de su bloque que están imputados pueda ser llamado a declarar ante el Supremo y encarcelados; es el caso de Marta Rovira o Josep María Jové, investigados por el juez Pablo Llarena sobre su pertenencia al comité estratégico del 'procés'.

Pero si algo está crudo es el proyecto soberanista del próximo Gobierno. Hay una corriente que se presume mayoritaria favorable a un cambio de rumbo respecto a la unilateralidad de la pasada legislatura, lo que no implica un abandono de los objetivos. La república catalana no es motivo de debate, otra cosa son los tiempos. Pero Puigdemont, su entorno más próximo y la CUP manejan el discurso de la construcción republicana a partir del momento que dejaron el 27 de octubre. Otro planteamiento equivaldría a validar el 155, según el expresidente, o volver a la vía autonómica, según los antisistema.

Ni los partidarios de la bilateralidad y la negociación con el Gobierno de Rajoy ni los defensores de la vía unilateral han ido más allá de los enunciados generales de su proyecto para Cataluña. Todo está supeditado al resultado de la pugna entre la visión épica de unos y el enfoque pragmático de otros. Mientras se dilucida, el calendario se aprieta.

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