Un secesionista pata negra

Quim Torra. :: afp
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Quim Torra. :: afp

Hombre del mundo editorial, convirtió el Centro Cultural del Born en el icono histórico del independentismo Quim Torra Diputado de JxCat y candidato a la Presidencia

C. REINO BARCELONA.

Quim Torra (Blanes, Girona, 1962), el candidato elegido por Puigdemont para que sea presidente interino de la Generalitat, lleva años trabajando para la causa secesionista. Abogado y editor, su ámbito de actuación ha sido sobre todo el de la cultura, pero como ya le pasó a la plataforma Ómnium Cultural, que presidió en 2015, la frontera entre cultura y política es ya casi inapreciable en Cataluña. Como responsable de la plataforma ciudadana soberanista fue uno de los impulsores de la lista unitaria del soberanismo en las elecciones de 2015, pero sin líderes políticos, propuesta deshechada pero que le creó más de un enemigo en los partidos.

Nunca había dado el salto a la arena de la política institucional, hasta las pasadas elecciones, en las que Puigdemont lo reclutó como independiente. Siempre ha estado en la órbita del soberanismo y procede de los sectores independentistas que había en la democristiana Unió Demócratica.

Su cargo más controvertido, y donde dejó su huella más nacionalista fue como director del Centro Cultural El Born, en Barcelona, que convirtió en el icono histórico de la reivindicación secesionista a partir de las excavaciones arqueológicas de 1714.

Tuits explosivos

En los últimos años, Torra ha estado muy activo en las redes sociales, muchas veces para cargar con dureza contra España: «Los españoles solo saben expoliar». «El fascismo de los españoles que viven en Catalunya es infinitamente patético, repulsivo y burdo». «Evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714». «Fuera de aquí de una vez. Dejadnos vivir en paz» o «vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario». Puigdemont ha buscado a un alter ego con poca sutileza verbal.

Pero está por ver si el futuro presidente tiene discurso propio y se deshace del marcaje de su antecesor. Es consciente, y así lo ha transmitido estos últimos meses en conversaciones privadas, que para que el objetivo de la república pueda ser una realidad, el secesionismo deberá aumentar su base social. El 47% (el porcentaje de voto registrado por las fuerzas soberanistas en 2015 y 2017) es, a su entender, una «losa» para el independentismo.

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