Segundo asalto a la Moncloa

Pedro Sánchez./
Pedro Sánchez.

El rechazo que genera el PP entre Podemos y los secesionistas y la sentencia del 'caso Gürtel' podrían dar la Presidencia al líder de los socialistas

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Pedro Sánchez tiene serias posibilidades de convertirse hoy en presidente del Gobierno. Más que en 2016, cuando con escaño en el Congreso y un grupo parlamentario formado por 90 diputados se presentó a la investidura de la mano del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, hoy su principal enemigo. Si llega a la Moncloa será esta vez a lomos del rechazo que genera el PP entre Podemos y los secesionistas e impulsado por la sentencia del 'caso Gürtel'. Si pierde, lo hará habiendo puesto a Mariano Rajoy contra las cuerdas. Según los suyos, todo son beneficios.

El escenario que dibujan sus más afines tiene, aun así, más aristas de las que ellos mismos se avienen a reconocer. Es cierto que el liderazgo interno del secretario general del PSOE no está, en ningún caso, en riesgo. Los barones que hace dos años le obligaron a prometer por escrito que ni siquiera se sentaría a hablar con quienes desean romper a España no se han atrevido ahora a poner el más mínimo 'pero' a su iniciativa, a pesar de que en privado admiten sus miedos a un castigo del electorado. Las primarias zanjaron las luchas de poder. Nadie pedirá su cabeza. Pero la operación no está exenta de riesgos.

Sánchez se lanzó a esta moción de censura porque consideró que no le quedaba más remedio. No estaba en sus planes. Él, que en su primer mandato vivió cinco procesos electorales, quería construir su alternativa con calma, pero tuvo que asumir que ya no sería posible. La idea, una vez dado el paso, era hacer que Ciudadanos se retratara y poner en cuestión su discurso regenerador. Ahora, puede verse al frente del Gobierno con el Boletín Oficial del Estado en las manos y la potestad de convocar elecciones en el momento que más le convenga, pero con unos presupuestos que no son los suyos, pocos aliados para sacar adelante iniciativas políticas y, sobre todo, la sospecha permanente de que ha estado dispuesto a pactar con los independentistas del PDeCAT y Esquerra Republicana de Catalunya sólo por acceder al poder. En su entorno afirman que si tiene que volver a aplicar un 155, lo hará. Pero eso hace compleja su intervención de hoy.

En caso de perder la moción, tampoco tendrá ante sí un camino de rosas. Sus afines defienden que al menos habrá ganado la posición y estará en mejores condiciones que hace unas semanas de cara a las elecciones. Sin embargo, todo depende de cómo evolucionen los acontecimientos. Si Rajoy opta por convocar elecciones, Sánchez podrá colgarse la medalla de haber sido quien lo empujó. Si, por el contrario, da tiempo a que Podemos y Ciudadanos acuerden una moción meramente instrumental, con un candidato independiente y para llamar a las urnas, como ya avisó Pablo Iglesias el martes, serán otros los que se lleven el gato al agua.

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