Sánchez reclama a Rajoy una cuestión de confianza si no hay Presupuestos

El líder de la oposición admite que no tiene apoyos para una moción de censura pero intenta evidenciar la parálisis del Ejecutivo

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Pedro Sánchez asume que no hay en el Congreso votos sufiencentes como para tumbar a Mariano Rajoy mediante una moción de censura, el único instrumento del que dispone la oposición para forzar un cambio de Gobierno. Por eso, pretende que sea el propio jefe del Ejecutivo el que se someta voluntariamente a un cuestión de confianza si no es capaz de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2018. Lo dijo ayer durante una inusual comparecencia, tras reunirse con la ejecutiva de su formación. «Ser presidente no cosiste en vivir en la Moncloa -argumentó-; si no puede gobernar tiene que asumir su responsabilidad».

La exigencia del secretario general del PSOE no pasa de ser un brindis al sol. La respuesta de los populares estaba cantada y tardó muy poco en llegar. «Las cuestiones de confianza -recordó el vicesecretario general de Acción Sectorial, Javier Maroto- no se piden, se proponen por parte del Gobierno». En la historia de la democracia española solo dos presidentes se han servido de ese instrumento parlamentario para apuntalar su proyecto y ambos pisaban sobre seguro: Adolfo Suárez en 1980 y Felipe González en 1990.

Suárez lo hizo tras superar, dejándose muchos pelos en la gatera, la moción de censura que le había presentado unos meses antes el líder socialista (al que se dio en la opinión pública como perdedor numérico pero vencedor moral del debate). Y González optó por esa vía para dotar de mayor legitimidad su investidura, porque en el momento en el que fue elegido presidente en el Congreso estaba en cuestión el resultado de tres provincias en las que los populares habían presentado recursos. Una vez solventadas las dudas, pidió de nuevo la confianza de la cámara y la logró.

El líder del PP no tiene ni de lejos el apoyo parlamentario del que gozaron sus predecesores, así que someterse a una cuestión de confianza sería muy arriesgado, aunque para ganarla solo sea necesario una mayoría simple. Es obvio que no lo hará, pero Sánchez pretende que su exigencia permita evidenciar la falta de oxígeno con la que opera el Ejecutivo. Después de los meses en los que se puso al lado de Rajoy para evitar quiebra de la soberanía nacional, ha decidido endurecer su discurso y dar respuesta a aquellos que, dentro y fuera del PSOE, empezaban a preguntarse dónde estaban los socialistas. «Pues aquí estamos», defendieron ayer en la ejecutiva.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció hace diez días que llevaría el proyecto de Presupuestos al Parlamento sí o sí antes de Semana Santa después de haber optado por no presentarlos el pasado mes de septiembre por temor al fracaso, incumpliendo con ello el precepto constitucional que obliga a llevar las cuentas a las Cortes tres meses antes de que concluya el año. El principal escollo era, y sigue siendo, que el PNV, que ya fue clave en en 2017, rechazaba hacerse una foto con Rajoy en plena ofensiva contra el independentismo, primero, y con la autonomía de Cataluña intervenida, después.

El «espejo» alemán

En estos meses el Gobierno ha tratado de quitar hierro a la ausencia de Presupuestos e incluso ha defendido que ni siquiera en el supuesto de verse incapaz de aprobar las cuentas de 2019 y tener que prorrogar doblemente las de 2017 tendría por qué verse abocado al adelanto electoral. Sin embargo, en la dirección del PP admiten que ese escenario haría la situación insostenible. Por eso Sánchez trató de poner ayer el dedo en la llaga.

«Lo que no tiene sentido -le replicó Maroto- es que el que más dice no al Presupuesto, sea el que más exige que lo haya». «Es una incoherencia de primera división, y yo si fuera Pedro Sánchez lo que haría es prestar cinco diputados del PSOE a los Presupuestos para que no dependan de nadie que está dudando».

Los populares reclamaron, de hecho, al PSOE que se miren el «espejo» de sus hermanos alemanes del SPD, que ayer ratificaron su acuerdo de Gobierno con los conservadores de Angela Merkel. «Nosotros como izquierda de Gobierno lo que tenemos que hacer es exigir responsabilidad. El problema el PP lo tiene -adujo- con su principal socio, que es Ciudadanos».

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