Sánchez llama a reconocer la «aspiración nacional» de los catalanes sin romper España

Sánchez, ayer, en la sede del PSC. :: EFE
Sánchez, ayer, en la sede del PSC. :: EFE

El líder del PSOE pide a toda la oposición que una fuerzas para abrir el debate de la reforma constitucional a la vuelta del verano

PAULA DE LAS HERAS

Madrid. El PSOE no puede hacer nada por sí solo porque sus 84 diputados no serían suficientes, pero Pedro Sánchez pretende liderar una ofensiva en el Congreso para convencer a los catalanes de que sus «aspiraciones nacionales» pueden ser satisfechas sin necesidad de romper España. El secretario general del PSOE y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, presentaron ayer mano a mano en Barcelona un tan ambicioso como ambiguo documento de ocho páginas para hacer frente al órdago separatista de la Generalitat. «Ahí donde no llega la ley -adujo- tiene que llegar la política; lo audaz es abrir un diálogo».

Lo que plantean Sánchez e Iceta no es, en realidad, nada nuevo. Ya lo propusieron en su momento José Luis Rodríguez Zapatero, cuando aún era presidente del Gobierno, y Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando lideraba la oposición. Y ninguno de los dos tuvo demasiado éxito. La diferencia, según el dirigente socialista, es que ahora la posición del PP en la Cámara baja es mucho más débil de lo que era en 2008, cuando tenía 154 de los 350 escaños, (frente a los 169 del PSOE) o en 2011, cuando tenía mayoría absoluta.

Sobre la mesa, el primer partido de la oposición ha vuelto a poner la propuesta de refoma constitucional para «perfeccionar» los aspectos federales del modelo autonómico y modificar el Senado; inversiones que equiparen el porcentaje de gasto al PIB de Cataluña o reformas legislativas que reviertan los recortes del Estatut, derivados de la sentencia del Tribunal Constitucional.

Entre estos últimos, estaría por ejemplo, una modificación de Ley Orgánica del Poder Judicial para que Cataluña (y el resto de comunidades) tengan sus propios consejos de justicia y asuman competencias como la dotación de medios, la habilitación de edificios o la gestión del personal de los juzgados, que ahora corresponden al Consejo General del Poder Judicial. El Constitucional no los rechazó por ser contrarios a la Carta Magna sino porque el Estatuto no era la norma habilitante para su creación.

El PSOE y el PSC también proponen aprobar una ley para que el catalán (y el euskera o el gallego) puedan ser empleados en toda España para dirigirse a la Administración; defienden la anulación del juicio al expresidente de la Generalitat Lluis Companys, fusilado por el franquismo en 1940, y reclaman, entre una amplia panoplia de medidas, que se dé la batalla para ubicar en Barcelona la Agencia Europea del Medicamento.

Dificultades

Los socialistas no se llaman a engaño. Saben que nada de lo mencionado hará que Carles Puigdemont renuncie al referéndum, pero no es a los independentistas a quienes pretenden contentar. Están convencidos de que al final habrá elecciones autonómicas y quieren que quede claro que ellos están con la legalidad, pero no con el «inmovilismo» del PP. «Queremos demostrar a los catalanes que frente a la vía unilateral e ilegal del referéndum -insistió ayer Sánchez- hay una gran avenida que se puede abrir en el Congreso».

Ni él ni Iceta negaron que su oferta plantee problemas. Entre otros, el de definir qué supondría que la Constitución asuma las citadas «aspiraciones nacionales» de Cataluña. El dirigente catalán apuntó que podría hacerse, simplemente, recogiendo en la Carta Magna los derechos históricos a los que apela el Estatut en su artículo 5 y de los que deriva, dice el texto, «el reconocimiento de una posición singular de la Generalitat en relación con el derecho civil, la lengua, la cultura, la proyección de éstas en el ámbito educativo, y el sistema institucional en que se organiza».

En todo caso ese asunto, sostienen, debe ser objeto de consenso con otros partidos durante el debate que Sánchez aspira a abrir el próximo periodo de sesiones en las Cortes. Un debate que, a su juicio, puede echar a andar inicialmente sin el PP, aunque a posteriori sea inexcusable, tanto cuantitativa como cualitativamente, su concurso.

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