Sánchez exige la dimisión de Rajoy pero elude hablar de moción de censura

Pedro Sánchez comparece ayer en la sede del PSOE. :: Víctor Lerena / efe
Pedro Sánchez comparece ayer en la sede del PSOE. :: Víctor Lerena / efe

El secretario general del PSOE obvia la propuesta de Pablo Iglesias y replica que es él quien marca la estrategia como líder de la oposición

P. LAS HERAS / A. AZPIROZ

Madrid. Pedro Sánchez tenía pensado pedir la dimisión de Mariano Rajoy antes incluso de oír su declaración ante la Audiencia Nacional. Prometió que sería su primera acción como secretario general del PSOE durante su campaña de las primarias, pero llegado el momento tomó la decisión de guardarse la carta hasta encontrar la percha adecuada. Y ayer, según su discurso «un día negro para la historia de nuestra democracia», encontró la ocasión. «No puede negarnos nuestro derecho a ser mejores, a más ejemplaridad pública, porque la ejemplaridad es la única forma de buen gobierno y con usted al frente, no está al alcance», dijo en una lírica declaración leída en la sede de su partido.

En los doce minutos que duró su mensaje, y tras el que tan sólo consintió una pregunta, el líder de la oposición apeló más a la emoción y los sentimientos provocados por el hecho de ver al jefe del Ejecutivo testificar sobre la financiación irregular de su partido que a cuestiones probadas o desveladas en el juicio de la Gürtel. «¿Qué ejemplo está dando el actual presidente del Gobierno a nuestros hijos e hijas? ¿Qué sentirán los padres y abuelos y abuelas de esa juventud, aquellos que lucharon tanto por nuestra democracia? Ellos saben que la corrupción no sale gratis», llegó a decir. «Por dignidad, y no la suya sino la de nuestra democracia -insistió- le exigimos desde el PSOE que dimita».

Las implicaciones que puede tener esa exigencia, a la que trató de dar gran solemnidad, son aún una incógnita. En 2013, el año del «sé fuerte» a Luis Bárcenas, el entonces secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, ya hizo ese mismo movimiento. Rajoy no lo atendió y pasadas las semanas al PSOE no le quedó más remedio que tragar, aunque fuera ejerciendo una oposición crítica. Ahora, en pleno desafío secesionista puede acabar ocurriendo lo mismo. De hecho, no hace ni un mes que Sánchez acudió a la Moncloa y acordó mantener un «diálogo fluido» y una lógica relación institucional con el presidente, que ya tenía sobre la mesa la citación de la Audiencia Nacional.

A diferencia de Pablo Iglesias, el líder del PSOE, acompañado de parte de su ejecutiva, no dijo nada de presentar una moción de censura ni de exigir la comparecencia del líder del PP ante el pleno del Congreso. Es más, en esa única pregunta que contestó, eludió secundarlo. «El PSOE defiende sus estrategias como líder de la oposición», dijo dejándolo todo en el aire.

El secretario general de Podemos, que había comparecido unos minutos antes en la Cámara baja, se había mostrado tajante. «Rajoy no va a dimitir solo por pedírselo o por reprobar a sus ministros», advirtió. Por eso reiteró su idea de utilizar los mecanismos constitucionales para derribar al presidente del Gobierno y situar a Sánchez en su lugar. El problema es que los socialistas descartan un Ejecutivo que descanse en Podemos y los independentistas. La única opción que contemplan es una alianza que sume al partido morado y Ciudadanos y eso es algo que tanto Iglesias como Albert Rivera dan por imposible.

Tocar la fibra

El secretario general del PSOE hizo aún así una sutil apelación a la formación de centro liberal. Una apelación destinada a tocar la fibra sensible de quien se presenta como abanderado de la regeneración democrática. «El mundo y Europa observan hoy a España y en particular -subrayó- a los dos partidos que sustentan al Gobierno actual, el PP y Ciudadanos». Pero no hubo nada más que haga pensar en que atenderá la reclamación de su homólogo podemista.

Iglesias también pidió el apoyo de los socialistas para forzar la comparecencia del jefe del Ejecutivo en un pleno extraordinario, con la idea de hacerle pasar de nuevo por el trago de responder a las preguntas sobre Gürtel, pero ante los diputados de la oposición y sin un presidente de un tribunal que decida qué preguntas son o no pertinentes.

Su análisis sobre la comparecencia de Rajoy estuvo repleto de críticas, entre otras cuestiones, a la «chulería e impertinencia» del presidente. Ni siquiera dudó en denunciar «un pacto de silencio entre corruptos», en relación a la actuación del abogado de Luis Bárcenas. «La justicia -zanjó- no es igual para todos».

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