Sánchez da por amortizado a Iglesias y pide aglutinar el voto

P. DE LAS HERAS

Madrid. Pedro Sánchez pretende convencer al electorado de izquierdas de que el auge de Ciudadanos les brinda una «oportunidad de oro» para ganar a la derecha. Pero exige una condición: que todo el voto progresista se aglutine en el PSOE. El secretario general de los socialistas aseguró ayer que, lejos de estar preocupado por las encuestas que sitúan ya al partido de Albert Rivera como la fuerza más votada, se siente optimista.

Su tesis es que, aunque todavía no se aprecie con claridad, la división de «las derechas» (terreno en el que sitúa a PP y Cs) favorece sus opciones. Los sondeos publicados por distintos medios a lo largo de enero, a rebufo de los comicios catalanes, dan mayoría absoluta a la suma de populares (terriblemente desgastados) y liberales (en ascenso meteórico). También muestran a un Podemos deteriorado. E indican que el PSOE apenas saca partido de ello. Pero Sánchez sostiene que eso cambiará si el electorado de izquierdas entiende que Podemos ya no es una opción.

El partido que lidera Iglesias ha pasado de mirar prácticamente de tú a tú al PSOE en las generales de 2015 y 2016 a desplomarse en intención de voto en torno a diez puntos. «Su problema no somos nosotros -alegó tras la reunión de la ejecutiva socialista-- sino que, cada vez que ha tenido que dar un paso, lo ha dado al lado equivocado: diciendo 'no' a un Gobierno de cambio y poniéndose junto al secesionismo insolidario».

Los socialista sostienen que ya se aprecia cierta transferencia de voto al PSOE, pero Sánchez admitió que aún no es suficiente. «Es una carrera larga, pero a mí me gusta correr maratones», dijo con tono confiado. El secretario general del PSOE no se cansa de repetir que la legislatura está «agotada» y que el Gobierno de Rajoy está completamente noqueado. Pero ni presiona para un adelanto electoral ni contempla (ni desea) que haya elecciones hasta 2020 o, como pronto, 2019.

Quiere hacerse con el 'voto útil' de la izquierda con calma ahora que no nota el aliento de Podemos ni de su principal rival interna, Susana Díaz, en el cogote.

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