REVISIÓN DE LA INTERPRETACIÓN

JUANA BALMASEDA - ABOGADA PENALISTA

Fue una violación. De eso no hay duda. En nuestro sistema hay dos delitos que podemos considerar 'violación'. En los dos hay falta de consentimiento y en los dos hay actos de acceso carnal: penetración, felación... Uno es más leve: el abuso, y otro, más grave: la agresión. La diferencia radica en si hubo violencia o intimidación. El fiscal entendía, como hacemos muchas mujeres, que en un portal pequeñísimo, con cinco hombretones sujetándote, emparedada entre dos... Estás siendo gravemente intimidada. Tienes miedo. «Si me hacen esto, ¿qué más podrían hacerme?». Tengo la convicción de que ella se sintió intimidada, de que no pudo reaccionar. El miedo te paraliza. El miedo es la intimidación.

El tribunal ha entendido que no estamos ante la agresión con intimidación o violencia. Porque considera que lo que hay es una agravante, que aumenta el castigo, pero que no es parte de la definición de la agresión: el prevalimiento o aprovecharse de su superioridad. Y entiendo que por prevalimiento se refiere a que iban en cuadrilla, en manada. Eran superiores a su víctima y de ello se aprovecharon.

Para mí, no había prevalimiento. Había un plan, un desprecio absoluto hacia la mujer y había intimidación. Y que le doliera o no, es un matiz que interesó al magistrado del voto particular y que nos devuelve a los tiempos en los que, en la calle al menos, se consideraba importante si la víctima disfrutaba o no. Para mí, fue violación en primer grado, la más grave, la de los 18 años.

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