La respuesta de Puigdemont a Rajoy divide a las fuerzas soberanistas

La diputada de la CUP Anna Gabriel pasa por delante de Carles Puigdemont en la sesión del pasado martes del Parlament. :: A. Gea / reuters/
La diputada de la CUP Anna Gabriel pasa por delante de Carles Puigdemont en la sesión del pasado martes del Parlament. :: A. Gea / reuters

Los sectores más radicales presionan al presidente de la Generalitat para que proclame ya la independencia

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La presión aumenta sobre Carles Puigdemont, que el lunes antes de la diez de la mañana tiene que responder al requerimiento de Mariano Rajoy sobre si declaró o no la independencia en el Parlament el martes pasado. El presidente catalán multiplicó ayer su actividad en el Palau de la Generalitat, donde se reunió con los principales actores del proceso, desde sus consejeros a dirigentes del PDeCAT, la CUP y las entidades soberanistas. Puigdemont prepara la respuesta a Rajoy bajo una fuerte presión por parte del independentismo más radical, que le pide que no dé marcha atrás y proclame ya la secesión.

El fin de semana será largo para el jefe del Ejecutivo catalán que tiene que decidir el sentido de un paso que puede quebrar la cohesión del soberanismo, sumido ya en un mar de dudas tras la decisión de Puigdemont de dejar la declaración de independencia en suspenso.

Esquerra, en menor grado, pero sobre todo la CUP y la ANC y ERC instaron al jefe del Ejecutivo catalán a que retome la vía unilateral y proclame sin más dilación la secesión. Los más contundentes fueron los anticapitalistas, socios parlamentarios de Junts pel Sí, que enviaron una carta a Puigdemont, en la que le instan a proclamar ya la república catalana. «Sólo así podremos hacer que la intervención de actores internacionales se haga a partir de que se nos reconozca como sujeto político», según la CUP. Su temor es que el independentismo haya perdido para siempre una oportunidad de oro de romper con el resto de España. Temen además que el PDeCAT pueda sentirse seducido por una tercera vía a partir de la reforma de la Constitución que propone el PSOE.

También por carta, la ANC pidió al presidente de la Generalitat que levante la suspensión de la declaración. «Dada la negativa de España a cualquier propuesta de diálogo, ya no tiene ningún sentido mantener suspendida la declaración de independencia», señaló la entidad soberanista. La ANC llamó ayer a su militancia a nuevas movilizaciones, entre otras «paros masivos» como el de la «huelga de país» del 3 de octubre, si Rajoy «dinamita las instituciones catalanas» o si su líder, Jordi Sánchez, el de Omnium, Jordi Cuixart, o el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, son enviados a prisión el lunes tras declarar en la Audiencia Nacional acusados de sedición. «No hay marcha atrás», expresó Sánchez.

El triplete de presión le llegó a Puigdemont desde su propio gabinete. Esquerra no le pidió explícitamente que se plante ante Rajoy, pero más o menos. «Es la hora de asumir el riesgo de la libertad», expresó en Twitter el europarlamentario republicano Ernest Maragall. «Totalmente de acuerdo», apuntó Oriol Junqueras. «La república está clarísimamente declarada», afirmaron sin dudas en Esquerra.

Apoyo del PDeCAT

La soledad del corredor de fondo empieza a pesarle a Puigdemont, que vuelve a tener en sus manos el futuro del proceso. Solo le piden prudencia sus compañeros del PDeCAT, quienes, a través de Artur Mas, avalaron la decisión del martes de bajar la tensión y darle algo de pausa al proceso soberanista.

En el fondo, lo que subyace es la incógnita que hay en el independentismo sobre los pasos a seguir tras el frenazo del martes, que ha dejado descolocados a amplios sectores soberanistas, que soñaban con una independencia exprés. La cuestión que se debate es si con la declaración de independencia se favorece o no la supuesta negociación con Madrid y Bruselas. Los que apuestan por la proclamación inminente aducen que tanto el Gobierno central como la UE se han movido solo con la amenaza y por tanto ante una proclamación formal deberían moverse aún más. Pero los que piden calma, recuerdan que si Puigdemont o la Cámara catalana declaran la independencia, el Estado actuará y suspenderá la autonomía. Creen además que hay que actuar con prudencia y que si ahora han dado un paso atrás es para rearmarse y dar dos más adelante.

La convocatoria de elecciones también está sobre la mesa, y si Puigdemont convocara comicios podría adelantarse a una eventual aplicación del 155, pero sectores del independentismo están seguros de que unas nuevas elecciones autonómicas podrían ser un instrumento para frenar el proceso. Con la particularidad de que quien tiene que convocarlas es Puigdemont y su partido no tiene a día de hoy ni candidato.

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