Rajoy se vuelca en atraer al PNV ante el temor fundado de que la moción triunfe

Rajoy, ayer en el Congreso, durante la sesión de control al Gobierno. :: ballesteros / efe/
Rajoy, ayer en el Congreso, durante la sesión de control al Gobierno. :: ballesteros / efe

El Gobierno niega que el presidente vaya a dimitir y asegura que eso sería tanto como asumir una culpa

NURIA VEGA MADRID.

Gobierno y PP tienen la sensación de haber hecho un viaje muy largo desde que el viernes la moción de censura de Pedro Sánchez parecía estar abocada al fracaso. Las últimas horas han sido determinantes para que en el Ejecutivo se instale el temor, creen que fundado, de que la maniobra del PSOE podría acabar reuniendo en el Congreso los apoyos necesarios para salir adelante. El primer síntoma de alerta fue la inclinación ayer del PDeCAT a tumbar el proyecto de Mariano Rajoy. Una postura que, sin ser firme, sólo añade presión al PNV y deja, una vez más, en manos de los nacionalistas vascos el futuro del presidente.

El Gobierno se esforzó ayer por sondear al grupo catalán y atraer al PNV hacia sus posiciones. Conocer cómo respira el PDeCAT resulta vital, dado que, según fuentes de la formación en Cataluña, los nacionalistas vascos han estado «intercambiando» con ellos «impresiones» antes de abordar su reflexión interna. Y ayer las señales no resultaron para nada alentadoras, pese a que los diputados independentistas esperarán, por precaución, a escuchar a Sánchez antes de decidir.

Si finalmente el PDeCAT sumara fuerzas con el PSOE, los populares creen que para el PNV sería «muy difícil» desmarcarse y votar en contra de la moción, pero, en todo caso, fuentes de la dirección del PP recordaron que la interlocución con Andoni Ortuzar, como ya ha ocurrido en la negociación presupuestaria, «es cosa de Rajoy». Más ahora que lo que está en juego es su continuidad en el poder.

Los nacionalistas vascos han pospuesto hasta hoy el encuentro en el que decidirán el sentido de su voto en la moción de censura. Y sólo desde el nerviosismo que se apoderó hoy de la clase política se entiende que el Gobierno se viera en la necesidad de desmentir los rumores sobre que el PNV ya había confirmado a Rajoy su apoyo al proyecto de Pedro Sánchez.

Minutos después, desde la Moncloa se negó, además, que el presidente del Gobierno tuviera previsto comparecer en público antes del debate de la moción de censura. El mensaje responde a que las especulaciones sobre una dimisión del jefe del Ejecutivo fueron cobrando fuerza en los círculos políticos a lo largo de la jornada. «Nunca se ha planteado», descartaron rotundas fuentes gubernamentales. «Nada de eso». «Es no conocer a Rajoy».

Un paso atrás, en este momento, explican en la Moncloa, sería tanto tanto como el reconocimiento de una culpa, de un deber no cumplido. Y en esa idea incidió Alberto Núñez-Feijóo. «Yo no tengo ninguna duda de que Rajoy no va a dimitir porque sería dimitir de sus responsabilidades», advirtió el jefe del Ejecutivo gallego. «Si en España también el presidente del Gobierno -añadió- es un político como los de la oposición, entonces estaríamos en una situación agónica».

¿El momento del adiós?

Algunas fuentes populares, sin embargo, se pronuncian en términos bastantes próximos a la agonía. Creen estar acercándose al abismo y entienden que, llegado el caso de que el PNV decida censurar a Rajoy, no sería descabellado que el presidente anunciara su retirada «para retener el Gobierno». Técnicamente, esa opción cabe hasta antes de que se vote la moción. Pero en el Ejecutivo van más allá en su intento de desterrar la tesis y tiran de la Carta Magna.

El artículo 101.1 establece que «el Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria previstos en la Constitución o por dimisión o fallecimiento de su presidente». Esto significa que todo el Ejecutivo entraría en funciones tras apartarse Rajoy y el Rey tendría que iniciar una nueva ronda de consultas en la que Sánchez podría ser designado candidato de contar con el respaldo mayoritario de los grupos. Entonces, el movimiento 'in extremis' de los populares para salvar la Moncloa habría resultado fallido.

El propio Rajoy se presentó ayer en la sesión de control del Congreso, reconvertida en ensayo general de la moción de censura, con la «intención» de agotar su segundo mandato y denunciar la actitud «inquisitorial» de la oposición. «Ha regresado Torquemada -le espetó a la portavoz socialista, Margarita Robles-; y no me refiero a usted, que también». En realidad, él sigue sintiéndose avalado por las tres últimas victorias electorales y contrapone sus resultados a los de Sánchez: «Si va a las urnas, por eso huye de ellas, es imposible que sea capaz de llegar a la Presidencia; tiene que utilizar atajos y sistemas torticeros».

Y llegados a este punto, si Rajoy se guarda alguna carta para estos dos días, sólo él y, como mucho, su núcleo duro conocen de qué se trata.

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