Rajoy presume de fortaleza frente a la ofensiva conjunta de Sánchez e Iglesias

Rajoy, durante su comparecencia de ayer en el palacio de la Moncloa. :: Chema Moya / efe

En un balance triunfal del curso político, agradece el apoyo de Ciudadanos, PNV y los nacionalistas canarios e ignora el trance ante el tribunal de 'Gürtel'

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Si los dos principales partidos de la oposición, PSOE y Podemos, creían haber encontrado en la declaración de Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional la artillería para empezar a cavar bajo sus pies, el presidente del Gobierno les hizo ver ayer que no siente la más mínima precupación. Es más, lanzó el mensaje de que se marcha de vacaciones más tranquilo que nunca. Ni siquiera el desafío catalán parece quitarle el sueño.

«Yo me encuentro bien, con absoluta franqueza», llegó a decir en su habitual comparecencia de balance del curso político, tras el último Consejo de Ministros antes del descanso estival. «Es verdad que ni yo ni mi Gobierno lo hemos tenido fácil pero en una situación de extrema dificultad estamos haciendo cosas, sin duda mejorables, pero buenas para el conjunto de los españoles; y lo más importante es lo que creemos estar en condiciones de hacer -añadió-. Yo, desde luego, tengo ganas».

Tan fuerte se siente que ni siquiera descartó volver a ser candidato del PP en las próximas elecciones generales, aunque a continuación matizara que aún no se ha parado a reflexionar sobre la cuestión. El caso es que, un año después de asomarse a los terceros comicios en menos de doce meses y de que en sus propias filas se especulara con su retirada para facilitar la formación un nuevo Ejecutivo, Rajoy se plantó ante los españoles con un discurso triunfal.

«El resumen de este periodo sería: mejora constante de las previsiones», se vanaglorió. Se refería a las previsiones económicas, pero también a las políticas. A las primeras, porque entre abril y junio se ha registrado la mayor bajada de desempleo en el segundo trimestre del año en la Encuesta de Población Activa desde que existe ese instrumento de medición (1964), porque el FMI pronostica que España crecerá este año un 3,1%, a la cabeza de los grandes países avanzados, y porque parece posible alcanzar los 20 millones de ocupados antes de la meta fijada de 2020. A las segundas, porque todo apunta a que, a pesar de los exiguos 137 escaños con los que cuenta el PP en un Parlamento de 350 diputados, podrá agotar la legislatura.

Tacticismos rancios

Es cierto que Rajoy tuvo cuidado en no atribuirse en exclusiva el mérito de estos logros y que apeló tanto al «enorme trabajo de la sociedad» como a la colaboración de otras formaciones políticas, en concreto, de Ciudadanos, el PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias, que le ayudaron a sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2017 y el techo de gasto para las cuentas de 2018. «Estamos demostrando -les agradeció- que la política más útil es la capaz de buscar el interés común por encima de tacticismos rancios y de vuelo corto» . Pero, en todo caso, aprovechó la ocasión para casi hacer una pedorreta virtual a Pedro Sánchez, que este miércoles exigió su dimisión, y a Pablo Iglesias.

Cuando se le planteó una pregunta sobre la intención de socialistas y podemitas de pedir su comparecencia en un pleno extraordinario para aclarar asuntos de la trama Gürtel, el jefe del Ejecutivo la despachó como quien aparta a una mosca. Ya antes, en su intervención inicial, había recordado que no hace más que dos meses que superó «con absoluta tranquilidad» una moción de censura «que sólo sirvió para demostrar que no existe mayoría alternativa». Pero al responder a este nuevo envite añadió: «Desde 2009, en el que la opinión pública ha conocido ese asunto por el que usted se interesa (el caso Gürtel), he vivido tres elecciones, he participado en debates y en decenas de intervenciones en el Parlamento sobre el tema, alguna monográfica; todo lo exagerado acaba por ser irrelevante y añadiría que la ansiedad es mala consejera».

En su propio balance, antes de atender a los periodistas, Rajoy no había hecho la menor mención a la corrupción. Ni siquiera, como en otras ocasiones, para presumir de las reformas impulsadas por su Gobierno o para decir eso tan socorrido de que si se conocen todos esos casos que salpican al PP (Lezo, Púnica , Taula, Auditorio, Aquamed, Brugal...) es porque el sistema funciona. Los populares están convencidos de que los escándalos ya les han pasado toda la factura posible, pero creen que pueden lastrar su recuperación. Así que mejor fuera de foco.

Sí reconoció, en medio de la satisfacción general, que España sigue teniendo problemas. Pero se mostró optimista. «Ahora -alegó-está en condiciones de afrontarlos con más fuerza».

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