Rajoy ofrece al PP su hoja de servicios y una caricatura de Cs para salir a «ganar»

El presidente esquiva la crisis del caso Cifuentes y la contrariedad por la respuesta de Alemania a la euroorden de Puigdemont

N. VEGA SEVILLA.

«Esto es lo que hay». Ni golpes de efecto ni cambios profundos. Mariano Rajoy volvió a sus esencias en la clausura de la convención nacional del PP en Sevilla como garantía de victoria en los próximos procesos electorales. Su hoja de servicios y el aval de su gestión en el Gobierno. Esas son las fortalezas que concede al partido a un año de las elecciones municipales y autonómicas. Eso, y la caricatura de un adversario, Ciudadanos, al que dibuja como «inexperto lenguaraz», superado en experiencia hasta por el «alcalde del pueblo más humilde de la sierra de Grazalema». Levantar los ánimos pasaba ayer por desmontar al rival. «Hay una obsesión con Ciudadanos por su capacidad de penetrar en el centro derecha», asegura un veterano de la formación.

Y, efectivamente, los aplausos más sonoros celebraron la metralla de Rajoy contra los liberales. «No tienen una idea sobre España y, lo que es peor, parece que no tienen ni idea de España». «Escudriñan y buscan fuera las recetas que se supone que necesitamos, como quien compra imanes para decorar un frigorífico». Una tras otra, cada reflexión reconfortó a los populares.

La convocatoria de este cónclave en enero ya constituyó en sí mismo un mensaje político de que se entendía que «algo» debía hacer la dirección nacional del PP para impulsar sus siglas maltratadas en las sondeos de opinión ante el avance de Ciudadanos. Y en los últimos meses el partido sólo ha constatado su complicada situación, incapaz de rentabilizar la actuación frente al secesionismo, frustrado por el desenlace que no llega en Cataluña, con dificultades para salvar los Presupuestos Generales del Estado y ahora lastrado por el caso del máster de la Cristina Cifuentes.

Pero el problema interno que supone tener a la presidenta de la Comunidad de Madrid en cuestión, sin poder zanjar si obtuvo o no de manera limpia el título en Derecho Público del Estado Autonómico, no formó parte de la intervención del jefe del Ejecutivo. Tampoco las asperezas con la ministra de Justicia alemana, que el viernes salió en defensa de la excarcelación de Carles Puigdemont pese a la euroorden emitida por el Tribunal Supremo.

Rajoy retornó a los ejes de siempre, las señas de identidad que defiende para el PP: eficacia en lo económico como partido que «cuadra las cuentas» y garantía de que España continuará unida. Especialmente orgulloso de cómo ha administrado el desafío catalán, ayer incluso se atrevió con un pronóstico: «Más pronto que tarde todo será un mal recuerdo en la historia centenaria del país».

Pragmatismo

Más allá de lo que los cargos del PP puedan opinar en privado sobre el acierto o la torpeza de mantener el mismo rumbo cuando se avecinan malos tiempos, el partido se encomendó al presidente y aplaudió un discurso en el que Rajoy reivindicó su estilo de hacer política, su pragmatismo. La formación se preparó, además, para ponerse manos a la obra. Es momento de activar el modo electoral.

«Os digo que no queda tiempo que perder, tenemos que convencer a todos de la vigencia de nuestro proyecto», exhortó Rajoy a los suyos. Su propuesta sigue siendo la misma que planteó en las elecciones generales de 2015 y en las de 2016. A eso lo fía todo: a ser capaz de trasladar al votante que sólo el PP conjuga experiencia y seguridad en la gestión. Que únicamente los populares son «especialistas» en salvar las dificultades» y resolver las crisis. Que lo demás -un saco en el que entran PSOE, Podemos y Ciudadanos- es «una apuesta». «Son una hipótesis, nosotros una certeza», sentenció. Y, si es así, a su juicio, sólo queda «salir a ganar como siempre».

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