RAJOY, FUTURO CERRADO

RAJOY, FUTURO CERRADO

Vivió y superó etapas y situaciones muy complejas, pero hasta ahora nunca le había fallado su astucia, su capacidad para esperar que el tiempo resolviera los problemas

DIEGO CARCEDO

Lo que estamos viendo estos días demuestra que hacer futurología política es absurdo y temerario. Desde hace algunos meses, la joven carrera política de Pedro Sánchez parecía sentenciada mientras que hace apenas dos semanas las perspectivas del veterano Mariano Rajoy al frente del poder se veían ratificadas. Ambas perspectivas las reflejaban en un caso las encuestas y en el otro los hechos: la aprobación, bien es verdad que in extremis, de los Presupuestos Generales del Estado. Rajoy y el Gobierno del PP parecían tener garantizado concluir la Legislatura que encabezaban después de una investidura compleja y un pasar sobre ascuas de los problemas.

Pero una sentencia judicial, una intervención del tercer poder al que nunca hay que olvidar, dio un vuelco a la situación en cuestión de minutos. El recurso constitucional a una moción de censura, en apariencia meramente instrumental, ha invertido los términos. Ahora son muchas las incógnitas que se abren. Y entre todas no es menor la suerte que espera a Mariano Rajoy como político. De partida no se le augura una carrera prometedora. Llegó al máximo y, aunque continuará durante algún tiempo al frente de su partido y como líder de la oposición, será difícil que recupere el protagonismo perdido.

Difícil no quiere decir imposible y nada hay menos cierto que, efectivamente, en política nunca se sabe. Rajoy vivió y superó etapas y situaciones muy complejas, siempre fue polémico y nunca le faltaron adversarios dentro incluso del PP, pero hasta ahora nunca le había fallado su astucia -que algunos apellidarán gallega-, su capacidad para esperar que el tiempo resuelva los problemas y su inteligencia para afrontarlos con cautela y defender las soluciones con habilidad. Es un excelente parlamentario, lo demostró en el debate que le costará el puesto, y desde luego, aún podrá seguir haciéndolo desde la oposición.

El nuevo Gobierno que presidirá Pedro Sánchez parte con muchos obstáculos para salir adelante y quizás ninguno tan insalvable como el escaso apoyo parlamentario con que cuenta -sólo 84 diputados propios en el Congreso y mayoría absoluta del PP en el Senado- a la hora de intentar cumplir con su programa y poner en marcha algunos proyectos que la sociedad y los grupos que le apoyaron le reclamarán. Rajoy quizás desaprovechó la oportunidad de salir airoso presentando la dimisión cuando se conoció el contenido de la sentencia que le dejaba a los pies de los caballos. La moción de censura, más contra su persona que contra su Gobierno, era una reacción lógica de la oposición que seguramente el presidente no valoró en su gravedad. Bien es verdad que eran muchos los indicios que auguraban que fracasaría.

Pero también hay que añadir que incluso, si en lo que ya parecería un milagro la hubiese superado o superase, porque nada hay que darlo por consumado hasta que se celebre la votación, su imagen quedaría muy deteriorada. Resistir no siempre implica ganar. Ahora comienza para él una nueva etapa marcada por la certidumbre de que su futuro político se va cerrando. Si no tira la toalla de inmediato, algo poco probable a juzgar por sus palabras, continuará en sus nuevas funciones con la rémora de las sentencias judiciales contra la corrupción, la falta de credibilidad que le atribuyeron los jueces en la sentencia sobre la 'Gürtel' y el haber sido el primer presidente de la democracia que fue destituido.

Tampoco dentro del PP es probable que le aguarden momentos tranquilos. Nunca es fácil dirigir con fecha de caducidad. Miles de cesantes en sus cargos de confianza tendrán que digerir su malhumor en las próximas horas. Y si ya había indicios de lucha por su sucesión, lo previsible es que ahora se incrementen. La voluntad que Rajoy había expresado de volver a encabezar las listas de las elecciones generales, previsiblemente próximas, pasará al recuerdo. Entre tanto, no hay que desdeñar que aún quedan por salir muchas sentencias judiciales -'Púnica', 'Lezo', etcétera...- que seguirán empañando la imagen del partido y quizás alguna salpicándole. Su continuidad ya con carácter provisional se convertirá en una rémora cara a las europeas, autonómicas y locales del próximo año. Lo más lógico, conociendo su serenidad y sentido de la responsabilidad, es que se despida promoviendo un congreso del que salga un nuevo liderazgo. El suyo será historia.

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