Rajoy desafía a Sánchez

Rajoy y Sánchez se dirigen al interior de la Moncloa en la reunión que mantuvieron el pasado 15 de mayo. :: Emilio Naranjo/ efe
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Rajoy y Sánchez se dirigen al interior de la Moncloa en la reunión que mantuvieron el pasado 15 de mayo. :: Emilio Naranjo/ efe

Los votos de los cinco diputados del PNV vuelven a ser claves para la estabilidad de la legislatura El presidente descarta el adelanto electoral y emplaza al líder socialista a que consume su moción de censura con el apoyo de los independentistas

RAMÓN GORRIARÁN

madrid. Apenas dos días después de dar la legislatura por encarrilada con la aprobación de los Presupuestos, todo saltó ayer por los aires en una secuencia trepidante de tan solo tres horas que ha vuelto a sumir a la política española en la incertidumbre. Pedro Sánchez registró en el Congreso la moción de censura contra Mariano Rajoy; Ciudadanos liquidó su peculiar colaboración con el PP y exigió un adelanto electoral; el presidente del Gobierno descartó el anticipo y retó al líder del PSOE a aliarse con los independentistas para llegar a la Moncloa.

Entre la aprobación de las cuentas y la erupción política estalló la sentencia del 'caso Gürtel', que dejó anonadados a Rajoy y al PP y crecida a la oposición. El secretario general del PSOE, argumentan en su partido, no podía quedarse de brazos cruzados y limitarse a la habitual andanada de críticas, por más aceradas que fuesen, contra Rajoy por la corrupción. Se requería un paso más, una respuesta más enérgica, y la opción elegida fue la moción de censura. Sánchez envolvió en lenguaje institucional su iniciativa y la calificó de «respuesta serena, firme, de Estado y constitucional» para «recuperar la dignidad» de la democracia y rescatarla del terreno cenagoso en el que, a su entender, ha caído, y cuyo mejor exponente es la sentencia del 'caso Gürtel'. Más allá de la argumentación de botafumeiro, hay pocas dudas de que el movimiento está cargado de pragmatismo y busca una rampa para sacar al PSOE y a su liderazgo de la atonía que les invade.

El paso pilló a la Moncloa a contrapié. En la Presidencia del Gobierno no esperaban a punto de cruzar el ecuador de la legislatura un puñetazo en la mesa tan contundente como arriesgado. La fraternal alianza con el líder de la oposición gracias a la argamasa del 155 se fracturó en un pestañeo, y Sánchez, el «hombre de Estado» hasta ayer, se convirtió, a ojos de Rajoy, en el político inconsistente de siempre, dispuesto a llegar a la Moncloa «a cualquier precio y con quien sea». Para el presidente del Gobierno, la sentencia del 'caso Gürtel' es una simple excusa para el líder socialista porque -además de que el fallo no es para tanto, según dice- ha demostrado que ha puesto su «interés personal» por encima de todo, incluso a costa de «perjudicar a España». No existe, en su opinión, un proyecto político, hay una apuesta personal.

La iniciativa del secretario general del PSOE pilló a la Moncloa a contrapié

Alto coste

El Gobierno, con independencia del enfado, acepta que la moción de censura, aunque es difícil, puede prosperar. Sea exitosa o no, la Moncloa pronostica que tendrá un alto coste para los socialistas y su secretario general por aceptar el respaldo de los independentistas, en este momento la peor compañía política fuera de Cataluña. Rajoy retó a Sánchez a embarcarse en esa singladura con una tripulación mezcla de Podemos y separatistas, y que recoja después los frutos de esa compañía.

Aunque en el PSOE no se alzó ni una voz contra la moción de censura, también asumen, y en eso coinciden con el cálculo del presidente del Gobierno, que contar con esos compañeros de viaje tendrá un coste político y electoral, pero más lo tendría no hacer nada.

Rajoy, como es su costumbre, liquidó ayer con dos brochazos las exigencias de Ciudadanos para que adelante las elecciones bajo la amenaza de presentar otra moción de censura «instrumental» con la única finalidad de convocar los comicios. «En lo que de mí dependa la legislatura acabará en 2020», respondió, y ni se inmutó por el anuncio de la retirada de la colaboración de Albert Rivera. «En minoría -recordó- llevo toda la legislatura». El respaldo de la formación liberal al Gobierno es tan variable como la estrategia de su líder, y ha puesto en jaque a Rajoy más de una vez. Por todo ello, contar o no con la complicidad de Ciudadanos es un problema menor para los populares.

El Gobierno, además, cree que el menos interesado en un adelanto electoral es Ciudadanos porque necesita que prosiga el engorde de su masa social para asentar sus opciones de ser alternativa real y no solo en las encuestas. En la Moncloa, por tanto, se tomaron las amenazas del partido naranja a beneficio de inventario, como un nuevo episodio de su campaña de desgaste sin más consecuencias que las dialécticas.

Rajoy, no obstante, hace números porque esta es la primera moción de censura de las que se han presentado desde la restauración de la democracia que tiene posibilidades de prosperar. Las tres anteriores, dirigidas contra Adolfo Suárez, Felipe González y la de hace un año de Pablo Iglesias contra Rajoy, estaban condenadas al fracaso de antemano por la falta de apoyos. En esta ocasión los números pueden dar la razón a los socialistas.

180 o 175

La llave, como es la tónica en toda la legislatura, la tendrá el PNV y sus cinco diputados. Si apoyan la moción, Sánchez podría alcanzar los 180 votos y se convertiría en el nuevo presidente del Gobierno. De no ser así, el respaldo a la moción se quedaría en 175, a uno de la mayoría absoluta exigida.

Los nacionalistas vascos mantienen la cautela y por ahora guardan las distancias con el PSOE. Su posición no es fácil porque sería difícil de entender que colaboran en el derribo de un Gobierno con el que hace 48 horas han pactado la aprobación de los Presupuestos. Una pirueta extraña para un partido serio, como se precia de ser el PNV. Pero por otra parte, los nacionalistas tiene como socios en el Gobierno de Vitoria a los socialistas y el entendimiento entre las dos administraciones podría ser más fluido con Sánchez en la Moncloa. Aunque juega en su contra que el cartel del secretario general del PSOE en el PNV no es el mejor valorado.

Los socialistas no descartan que puedan recabar sus cinco votos; los populares, en cambio, apuestan por una abstención que dejaría a Sánchez en la puerta de la Moncloa pero sin la llave para abrir la puerta. Y eso siempre que se asegure los apoyos de Podemos, Esquerra, PDeCAT, Bildu y Nueva Canarias. El PSOE ya sabe que no podrá contar con, por supuesto, el PP, ni con Ciudadanos, Coalición Canaria, Unión del Pueblo Navarro y Foro.

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