Rajoy convoca elecciones en respuesta a la independencia

Puigdemont y miembros
de su Gobierno entonan el
himno de Els Segadors
acompañados de 200
alcaldes en las escaleras
del Parlament. :: m. benet
/
Puigdemont y miembros de su Gobierno entonan el himno de Els Segadors acompañados de 200 alcaldes en las escaleras del Parlament. :: m. benet

Asume las competencias de Puigdemont y disuelve el Parlament para que se vote el 21 de diciembre

RAMÓN GORRIARÁN

madrid. Mariano Rajoy descargó un puñetazo en la mesa y respondió a la declaración de independencia aprobada por el Parlament con una convocatoria de elecciones en Cataluña el 21 de diciembre. Un golpe de efecto conocido por muy pocos y que cogió por sorpresa al Gobierno de Carles Puigdemont, reunido en ese momento en el Palau de la Generalitat para diseñar la estrategia frente al plan de intervención de su autogobierno. El júbilo soberanista por la segregación dio paso a la estupefacción ante una reacción que no entraba en ninguno de los escenarios que manejaba el Gobierno catalán y el movimiento separatista.

El jefe del Ejecutivo no tardó ni un minuto en ejercer su competencia de máxima autoridad de Cataluña tras la destitución de Carles Puigdemont y, después del Consejo de Ministros extraordinario que aprobó las medidas para intervenir la Generalitat, disolvió el Parlament para convocar elecciones «libres, limpias y legales, que puedan restaurar la democracia» en Cataluña tres días antes de Navidad. Una decisión llevada en secreto y que solo conocían su círculo más cercano, el líder del PSOE, una confianza en Pedro Sánchez que da una idea del grado de complicidad que han tejido en las últimas semanas, y el de Ciudadanos, Albert Rivera.

El Senado debate el 155
La sesión inicia su trabajo sobre el acuerdo alcanzado en la jornada anterior por la comisión creada 'ad hoc' para tramitar la aplicación del 155
La propuesta considera procedente la aprobación de medidas extraordinarias para garantizar la legalidad en Cataluña.
La DUI, en marcha
Con una hora y media de retraso -a las 13
30- los grupos marcan sus posiciones sobre las resoluciones que se votarán al final del pleno. Entre ellas, la de la mayoría independentista, JxSi y CUP, de «declarar Cataluña como Estado independiente en forma de república». Un debate árido en el quela posición arremete, con matices, contra la aprobación de la resolución soberanista.
Votación secreta
El Parlament aprueba, por 70 votos secretos a favor, diez en contra y dos abstenciones, la propuesta de Junts pel Sí y la CUP que propone declarar la independencia y abrir un proceso constituyente que «acabe con la redacción y aprobación de la constitución de la república»
El texto insta, además, al Govern a desplegar la ley de transitoriedad. La oposición se ausenta en el momento de la votación.
Respaldo del Senado
La Cámara alta aprueba por 214 votos a favor, 47 en contra y una abstención la autorización para que el Ejecutivo ponga en marcha las medidas que decidió el Consejo de Ministros el pasado sábado ante la DUI que ha tenido lugar horas antes en el Parlament. Se ausentan de la votación el expresidente catalán José Montilla, del PSC, y su compañero de bancada el exjefe del Gobierno balear Francesc Antich. El BOE recoge a las 18
30 la autorización para aplicar el artículo 155 en Cataluña.
Elecciones el 21 de diciembre
El presidente del Gobierno disuelve el Parlamento catalán y convoca elecciones en Cataluña para el 21 de diciembre
Mariano Rajoy anuncia el cese del presidente de la Generalitat, su vicepresidente y todos los consejeros. También el del director de los Mossos, Pere Soler, así como del secretario general de la Consejería de Interior. A ello, añade la destutución de los delegados de la Generalitat en Bruselas y Madrid. También anuncia la extinción del Diplocat y las llamadas 'embajadas' de Cataluña en el exterior.

Fue el colofón a nueva jornada frenética, en la que con un intervalo de 43 minutos el Parlamento de Cataluña y el Senado de España tomaron ayer dos decisiones que se recogerán, estas sí, en los anales de la historia. La Cámara catalana, con el único apoyo de los separatistas, alumbró «la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social». El Senado aprobó por primera vez en la historia, y con la aplastante mayoría de PP y PSOE, el plan de intervención de la Generalitat de Cataluña que materializó horas después el Consejo de Ministros.

El Gobierno catalán guarda silencio ante su despido colectivo y la fecha electoralEl presidente de la Generalitat regresó en el coche oficial a su casa en Girona

Pero faltaba el colofón, la exhibición de autoridad, según Rajoy, frente a «los partidarios de cuanto peor mejor, los que han llevado a Cataluña a un callejón sin salida». La leyenda que corre de que el líder del PP es un político aferrado a que el transcurso del tiempo solucione los problemas o de que es remiso a tomar decisiones drásticas sufrió un duro golpe. Y eso que el presidente del Gobierno se cuidó de precisar que con su enérgica respuesta «ni interviene» ni «recorta» el autogobierno de Cataluña, unas palabras que en absoluto compartieron en el Palau de la Generalitat ni en el PDeCAT y Esquerra, donde se consideró que era «una injerencia inadmisible», denunció un diputado cercano a Puigdemont.

Pero el Gobierno catalán carece ahora de resortes jurídicos para tratar de anular la decisión de Rajoy una vez que todos sus miembros han sido destituidos y el Parlament, disuelto. Ni el Ejecutivo ni la Cámara catalana pueden recurrir al Constitucional ni a otro tribunal ni a la Junta Electoral Central.

Las fuerzas soberanistas se plantean ahora si se presentan a esos comicios. Hay argumentos a favor y en contra del boicot, y mientras los contrarios a competir en las urnas arguyen que así se restaría legitimidad al Parlament que salga elegido, los partidarios de concurrir defienden que no se puede enterrar el proyecto soberanista y dejar toda la Cámara en manos de los partidos constitucionalistas.

El Ejecutivo de Puigdemont calló y no dio una respuesta ni a su destitución colectiva ni a la convocatoria electoral. Tras la reunión informal que mantuvo Puigdemont con sus consejeros en el Palau de la Generalitat, el president salió por una puerta lateral y enfiló, todavía en su coche oficial, rumbo a su domicilio en Gerona. Su marcha desmintió los rumores que corrieron durante el día de un atrincheramiento épico en las dependencias oficiales mientras la plaza de Sant Jaume estaba blindada por una multitud que rodeaba la sede de la Presidencia de la Generalitat. La gente estuvo en su sitio, el presidente, no.

Se cerraban así otras 24 horas de sobresaltos. Ni el Gobierno de Puigdemont ni las fuerzas soberanistas quisieron darse por enterados anoche del despido ni de la convocatoria electoral. La jornada iba a ser una fiesta para poco más de la mitad de los parlamentarios del Parque de la Ciudadela de la capital catalana, mientras todo lo contrario acaecía en el edificio de la madrileña plaza de la Marina Española, en sus tiempos sede del Consejo Nacional del Movimiento franquista, donde las caras serias copaban el paisaje. Las tornas cambiarían horas después.

El soberanismo se jactó tras la votación del Parlamento de su éxito político, pero aceptaba en privado que no se trataba, en puridad, de la independencia de Cataluña aunque la imprecisión del lenguaje haya elevado a esa categoría la apertura del proceso constituyente hacia la república catalana. Saben que han aprobado un deseo que dista mucho de ser una realidad, sobre todo tras las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros. El expresidente Artur Mas, y lo suscriben muchos en las filas de la secesión, ya avisó que declarar la independencia es la nada si ningún país te reconoce ni tienes el control del territorio ni posees una estructura estatal. Tres requisitos que Cataluña incumple de cabo a rabo, y que todo apunta a que será imposible que los satisfaga después de la respuesta de Rajoy.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos