Rajoy consultó las medidas con el líder del PSOE, pero obvió al de Ciudadanos

Rajoy y Sánchez. :: p. marcou / afp
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Rajoy y Sánchez. :: p. marcou / afp

Sánchez dio su apoyo incondicional al presidente del Gobierno mientras Rivera agudizó su alejamiento

R. GORRIARÁN

Madrid. Mariano Rajoy consultó con el secretario general del PSOE la interposición del recurso contra la candidatura de Carles Puigdemont y recibió su visto bueno. No preguntó, en cambio, al presidente de Ciudadanos, socio de legislatura, y con el que las relaciones se han deteriorado tras las elecciones en Cataluña. Toda una inversión de papeles en las habituales relaciones entre el Gobierno, sus aliados y la oposición.

Pedro Sánchez viajó ayer a Los Ángeles para impartir una conferencia en la University of Southern California, pero antes atendió una llamada del presidente del Gobierno. Rajoy pidió al secretario general del PSOE su parecer sobre el recurso para abortar la candidatura de Puigdemont para la investidura y, según señalaron fuentes de la dirección socialista, recibió su apoyo para todas las medidas que anunciaría después la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Un respaldo coherente al brindado para la aplicación del artículo 155 de la Constitución a la Generalitat y con las palabras del propio Sánchez el pasado martes en Sevilla, cuando ratificó que el PSOE estará al lado del Gobierno para «salvaguardar la legalidad» en Cataluña, impedir «el quebrantamiento» del Estado de Derecho y «pasar la página negra de Puigdemont».

El secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos, confirmó que la sintonía con el Gobierno en este apartado es total porque los constitucionalistas deben caminar unidos «en la defensa de la legalidad y de la integridad territorial de España». Comparten, por tanto, que «un prófugo de la Justicia» no puede ser nombrado presidente de la Generalitat de Cataluña.

Una complicidad que hasta ahora tenía un tercer aliado, Ciudadanos. Rajoy no se puso en contacto con Rivera, según la vicepresidenta porque solo informaron a los que se dirigieron al Gobierno y Rivera no lo hizo. Fuentes del partido naranja ratificaron que no hubo conversación, pero mostraron su conformidad con las medidas. La relación entre el PP y Ciudadanos se ha enfriado tras las elecciones catalanas, ganadas por los liberales, y en las que los populares quedaron relegados a la última posición.

Además, la exigencia de Ciudadanos al PP de que dimita la senadora Pilar Barreiro, encausada por corrupción, para dar su apoyo a los Presupuestos ha tensado más la cuerda. El partido naranja se niega a reunirse con Hacienda para avanzar en el acuerdo presupuestario hasta que no renuncie a su escaño la parlamentaria encausada. Un condicionante que ha colocado en el alero el proyecto estrella de Rajoy, y del que depende en buena medida la duración de la legislatura.

Cataluña y la corrupción se han convertido en dos piedras en el engranaje de unas relaciones que nunca han sido buenas entre el PP y Ciudadanos, pero que han profundizado ahora el distanciamiento.

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