ERC quiere relegar a Puigdemont a un mero rol simbólico

Los republicanos insisten en la necesidad de investir un presidente «efectivo», mientras Junts per Catalunya amenaza con elecciones

CRISTIAN REINO

Junts per Catalunya y Esquerra no acaban de ponerse de acuerdo sobre cómo desencallar la investidura del presidente de la Generalitat. Tienen los votos necesarios para sumar la mayoría absoluta, junto a la CUP, pero camino de los dos meses tras las elecciones del 21-D, tropiezan una y otra vez con la misma piedra: Carles Puigdemont. Junts per Catalunya se resiste a que el expresidente de la Generalitat quede relegado a mero jarrón decorativo y quiere dotarle de funciones ejecutivas, aunque no pueda ser investido por la Cámara catalana. Esquerra, en cambio, está convencida de que el expresidente no podrá tener más que un rol simbólico desde Bruselas.

Después de una semana de negociaciones entre ambas partes, los republicanos reunieron ayer a su comité nacional para hacer balance de cómo van las conversaciones con sus socios. La secretaria general de los republicanos, Marta Rovira, lanzó varios mensajes a los neoconvergentes. En primer lugar, a Puigdemont, a quien presionó para que renuncie a llevar el timón del gobierno catalán desde la capital belga. Hace falta un gobierno «efectivo», que se ponga a rodar cuanto antes para poner fin al 155 y tratar de recuperar el autogobierno, dijo. Además, en clave de negociación con los nacionalistas, remarcó que es preciso alcanzar un «acuerdo global» y no uno «a medias». Así, Esquerra pidió a sus interlocutores rigor, lealtad, unidad y que no se generen «falsas expectativas».

El problema de la negociación tiene nombre y apellidos, Carles Puigdemont i Casamajó, pero sobre la mesa hay hasta cinco cuestiones sobre las que los independentistas deben ponerse de acuerdo. La más inmediata es la propuesta de resolución que prevén someter a votación en la Cámara para restituir de manera honorífica al expresidente. Se trata de una declaración de intenciones, sin efectos jurídicos, que va en la línea de reconocer su «legitimidad». En ERC tienen claro que no podrá ser investido presidente de la Generalitat y le piden que dé un «paso al lado» para poder pasar al plan B, que sería la elección de un candidato alternativo.

Esta semana ha subido como la espuma la figura de Elsa Artadi, aunque aún es pronto, según coinciden fuentes de Junts per Catalunya y de ERC. A los republicanos, en cualquier caso, no les entusiasma la idea, pues ya han tenido varios choques con la juntera durante las negociaciones. Artadi es de la máxima confianza de Puigdemont y de su puño y letra iba firmada la propuesta de reforma de la ley de la presidencia de la Generalitat registrada el viernes en la Cámara, con el objetivo de que en el próximo pleno se debata la posibilidad de que la ley permita una investidura a distancia, reforma ad hoc para Puigdemont.

«Es injusto pero tiene que asumir que no podrá ser investido», apuntan en ERC. Desde Junts per Catalunya, en cualquier caso, dan por hecho que los republicanos apoyarán la reforma de la ley, aunque el viernes no firmaron la propuesta. «Esperamos que sí, solo faltaría», dijo la diputada nacionalista, Gemma Geis.

La reforma difícilmente pasará el corte del Constitucional, por lo que en ERC descartan que el líder nacionalista pueda ser investido desde Bruselas. En parte, porque no están dispuestos a correr ya más riesgos penales .

La tercera pata de la negociación pivota en torno al rol que debería jugar Puigdemont desde Bruselas, cuando haya asumido que no puede ser presidente de la Generalitat y se haya elegido un jefe del Ejecutivo efectivo. ERC ve necesario «reconocer la legitimidad del presidente en Bruselas», según dijo ayer Rovira. Se habla de una investidura en la capital comunitaria a través de una asamblea de cargos electos. «Sería un reconocimiento legítimo; simbólico no, porque este concepto no les gusta en Junts per Catalunya», argumentan los republicanos. En todo caso, sería un acto con efectos políticos, señalan, pero no legales. JxCat no lo ve igual y reclama poderes ejecutivos para el exalcalde de Girona. «La ley lo impide», apuntan fuentes republicanas, que admiten que este será uno de los caballos de batalla más complicados, a no ser que el expresidente asuma la realidad.

Sin hoja de ruta

Se habla mucho de Puigdemont, pero en cambio, al menos en público, JxCat y ERC apenas se refieren al plan de gobierno. La independencia declarada el pasado 27 de octubre queda cada vez más lejos, la vía unilateral parece descartada por parte de los republicanos y los grupos secesionistas -salvo la CUP- fijan el horizonte más próximo en la restitución del autogobierno y en un intento de diálogo sobre los presos, más que de activar la república.

La legislatura podría girar en torno a la idea del proceso constituyente, que pasaría por diseñar la Cataluña de aquí a quince años. Además de la nueva hoja de ruta, los negociadores deben ponerse de acuerdo en el reparto de poder, que podría solventarse con un gobierno al 50%.

«En dos o tres semanas debería haber un acuerdo», dicen en ERC. El calendario de la investidura aún no ha entrado en la fase sin retorno de los dos meses finales, según los letrados de la Cámara catalana. Aun así, JxCat tiene prisa. Y amenaza con lo que más duele a Esquerra: elecciones. «Si tenemos que ir a votar -amenazó Geis- no nos importa».

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