El PP quiere llegar a su congreso con un único aspirante a la sucesión para preservar la unidad

Cospedal no se descarta en la carrera por la presidencia del partido, pero no desvelará sus planes hasta que el proceso comience

NURIA VEGA MADRID.

Será la del PP una transición tan rápida que los dirigentes populares que se atreven con los vaticinios en privado no auguran grandes batallas a cara de perro. La mayoría apuesta ya por llegar al congreso extraordinario que designará en julio al sucesor de Mariano Rajoy con una candidatura única que genere un amplio consenso en la formación. «Lo más deseable», reconoció ayer el coordinador general, Fernando Martínez-Maillo. De ser así, Alberto Núñez Feijóo parte como favorito en un partido ansioso de renovación. Pero ningún potencial aspirante enseñará sus cartas antes de que se ponga en marcha el proceso de relevo. «Cuando tenga algo que decir -aplazó el presidente de Galicia-, lo diré».

El próximo lunes, la Junta Directiva Nacional fijará la fecha del cónclave y abrirá el plazo para la presentación de precandidaturas. Las propuestas podrán registrarse entre siete y quince días después de la convocatoria, y es relativamente sencillo cumplir con los requisitos. Basta con los avales de cien afiliados para concurrir y pugnar por la presidencia del PP. Es por eso que la secretaria general, María Dolores de Cospedal, ve «muy difícil hablar de candidaturas únicas».

La suya podría ser una opción. Ayer, por lo que pueda pasar, se prodigó en entrevistas en medios de comunicación sin cerrarse ninguna puerta. «No es el día para hablar de ese tema, estamos en el procedimiento y lo que tenga que ser, será», pospuso una y otra vez, igual que hizo Núñez Feijóo. En los últimos años se han escrito incontables páginas sobre su legítima ambición de suceder a Rajoy y sus constantes desavenencias con Soraya Sáenz de Santamaría. La literatura política las sitúa como antagónicas y sus compañeros de Gobierno y partido han ratificado que la tesis de la hostilidad tiene fundamento. El caso es que ambas aparecen -eso sí, cada vez con menos fuerza- en las quinielas sobre el relevo.

Si a Cospedal le pudiera pesar su vínculo con Rajoy cuando el partido intenta abrir una nueva etapa, lo mismo podría decirse de la exvicepresidenta. Aunque, en este último caso, además, no se ha trabajado el partido desde su llegada a la Moncloa. Algunas voces se arriesgan a aventurar que ambas han deducido de la despedida de Rajoy y de su voluntad de ser sustituido cuanto antes, que no es el momento de enfangarse en peleas. Pero que Cospedal no se descartara este miércoles y el silencio de la exvicepresidenta no permiten predecir qué ocurrirá a partir del lunes.

Si quisieran batallar, la tradición establece que deberían medir discretamente sus fuerzas antes de dar el paso al frente. Lo mismo tendrían que hacer el resto de potenciales aspirantes que aparecen en las apuestas internas. Después de que el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, confirmara ayer que no se presentará, se mantiene como posible candidata al relevo la presidenta del Congreso, Ana Pastor.

El caso de un tapado

Hasta ahora lo importante para todo aquel que quisiera tener garantías de éxito, era granjearse los apoyos de las organizaciones territoriales. Tener de su lado a los barones. Pero los estatutos cambiaron en 2017. En el XVIII Congreso Nacional del PP se aprobó un sistema de dos vueltas, con el sello de Martínez-Maillo, en el que primero votan los militantes y, después, los compromisarios o delegados en el cónclave final.

Este procedimiento permite que alguien que no cuente con apoyos orgánicos, pero que tenga un perfil muy atractivo -muy, muy atractivo- y capacidad de persuadir a las bases, impulse su candidatura y logre ganarse la simpatía de la militancia. Difícil, pero posible. «Pero si surgiese un tapado, Feijóo lo fulminaría», sostiene un cargo nacional del PP.

Cada vez son más los que se inclinan, de hecho, por consensuar una lista unitaria. «Me gustaría llegar al congreso como siempre hemos llegado cuando las cosas las hemos hecho bien -admitió ayer el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando-, con una candidatura única e integrados. Y en eso estamos». Fuentes populares suscriben su deseo. Entienden que el presidente de Galicia debería construir su propuesta «teniendo en cuenta» lo que tengan que decir tanto Cospedal como Sáenz de Santamaría.

Las llamadas a la unidad se han convertido en una constante en la formación. A un año de las elecciones autonómicas y locales de 2019, el PP no quiere ni un desliz. El presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, advirtió de que cualquier síntoma de dispersión podría «penalizar» al partido en las urnas. Los populares tienen el convencimiento de que si aprovechan esta oportunidad de renovación, tienen el terreno ganado a Ciudadanos.

En este escenario, Núñez Feijóo, con su mayoría absoluta en Galicia, es un valor nada despreciable. Ayer, en el Parlamento gallego, eludió desvelar sus planes y emplazó a la oposición a volver a plantearle la pregunta en el pleno del 20 de junio. El BNG le recordó, en cambio, que «lleva en su mochila las fotos con un narco», Marcial Dorado, tomadas en los años noventa. En el PP confían, en todo caso, en que la polémica no suponga otra rémora para el partido. Sería un error de bulto. «Antes de bañarse -dan por sentado-, se tentará la ropa». Si no, no entenderían que se postulase.

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