Los puntos oscuros de los atentados

Un camión retira parte de las 120 bombonas de butano halladas en el chalé de Alcanar. :: efe
Un camión retira parte de las 120 bombonas de butano halladas en el chalé de Alcanar. :: efe

Desde la explosión de Alcanar a un imán fuera de control, el caso de la célula de Ripoll encierra actuaciones todavía por aclarar

KOLDO DOMÍNGUEZ

Dos días después de que los Mossos d'Esquadra dieran por desarticulada la célula yihadista de Ripoll con la muerte del último de sus integrantes, mandos policiales, políticos y expertos en terrorismo han comenzado a echar la mirada atrás y analizar paso por paso todo lo sucedido desde la noche del pasado miércoles, cuando explotó la casa de Alcanar. Transcurrida una semana, la valoración general es que la actuación policial ha sido, a grandes rasgos, correcta. Aunque no impecable. Si no, los atentados nunca se hubieran producido. O al menos sus consecuencias se habrían podido mitigar.

En estos siete días se han puesto de manifiesto lagunas legales, cierta falta de coordinación policial y se han adoptado decisiones que podrían haber cambiado, a mejor, el curso de los sucesos. Son actuaciones que ahora toca analizar y de las que hay que extraer conclusiones para «aprender la lección y que nos sirva para mejorar y evitar nuevos atentados».

Un imán radical fuera de control

Las investigaciones apuntan a que Abdelbaki es Satty fue el instigador y cerebro de los atentados. La Policía tiene monitorizados a 59 clérigos musulmanes por su radicalismo, pero el de Ripoll no era uno de ellos. De hecho, las autoridades no tenían ningún tipo de conocimiento previo de lo que ocurría en esa mezquita. Además, España carece de un listado de imanes en ejercicio, que son contratados sin ningún tipo de supervisión oficial y sin que nadie verifique su procedencia y formación.

Seis meses de preparativos

Los doce miembros de la célula prepararon durante meses los atentados. En ese tiempo, ni los Mossos d'Esquadra, ni la Guardia Civil ni el CNI detectaron sus movimientos. Completaron innumerables viajes entre Ripoll, su lugar de residencia, y Riudecanyes y Alcanar, las dos localidades de Tarragona en las que habían ocupado sendos chalés para preparar los ataques. Y nadie reparo en ellos. Además, hicieron acopio de más un centenar de bombonas de butano y compraron hasta 500 litros de acetona sin que saltaran las alarmas. Sus desplazamientos incluyeron varias visitas al extranjero -es la parte del caso en la que están centrados ahora los investigadores-, sin que ninguno de los servicios de seguridad de esos países avisara de contactos con extremistas.

El tiempo perdido en Alcanar

Aunque las labores de investigación y resolución de los atentados llevadas a cabo por los Mossos ha sido mayoritariamente ovacionadas, su gestión de la explosión de Alcanar ofrece algunos claroscuros. Sindicatos de la Guardia Civil y Policía Nacional han denunciado que se les «excluyó» del lugar del incidente. Al parecer, una dotación de la Guardia Civil de Sant Carles de la Rápita acudió al lugar, pero los mossos no les dejaron acceder. Los expertos de la Policía autonómica analizaron solos el solar y declararon la explosión como un «accidente por acumulación de gas», que después relacionaron erróneamente con un laboratorio ilegal de droga. Había una persona herida. Era Mohamed Houli Chemlal, de Ripoll, que fue trasladado al hospital Verge de la Cinta de Tortosa. Allí no fue ni interrogado ni detenido. Sólo 17 horas después, una vez producido el atropello de las Ramblas, los Mossos ataron cabos y el joven fue arrestado y comenzó a colaborar.

Alquiler de furgonetas y compra de cuchillos y hachas

Desde el atentado de Niza en julio de 2016, los cuerpos de seguridad de todo el planeta trabajan con la hipótesis de nuevos ataques contra zonas peatonales con vehículos kamikazes. Sobre todo con camiones y furgonetas. Al parecer, la célula de Ripoll intentó primero hacerse con un vehículo de gran tonelaje y, como no pudo, optó por varios más pequeños. Hasta tres furgonetas alquiló el comando, todas ellas con documentación legal. Nadie sospechó nada. Como tampoco lo hizo la persona que les vendió cuatro cuchillos y un hacha. Fue en una tienda de Cambrils horas después del masivo atropello de las Ramblas y cuando ya se sabía que se trataba de un atentado yihadista.

Colocación de bolardos

Es uno de los puntos más polémicos del caso. La realidad es que en las Ramblas -y en infinidad de zonas peatonales de todo el país- no se habían instalado bolardos, grandes jardineras o cualquier elemento que evitara el acceso de vehículos. Las distintas administraciones involucradas se han acusado unas a otras de ser las competentes en esta materia. Es verdad que existían recomendaciones del Ministerio del Interior al respecto, aunque se circunscribían al periodo navideño. Tras los atentados, numerosos ayuntamientos, incluido el de Barcelona, han decidido tomar medidas.

Fallida 'operación Jaula'

Una de las decisiones operativas que no funcionó tras el atropello de las Ramblas fue la 'operación Jaula', el cierre de todas las salidas de la ciudad para evitar la fuga de los autores. Pero Younes Abouyaaqoub logró huir. Primero a pie, a pesar de la nutrida presencia policial en la zona ya antes del atentado, y luego en un coche robado -tras asesinar a su dueño-. Se ha criticado la falta de medios de los agentes desplegados para llevar a cabo los controles. Aunque la Generalitat se ha escudado en que se montaron más de 800 en unas pocas horas.

Tardía difusión de los retratos

Sólo dos horas después de que los Mossos y el Ministerio del Interior difundieran las fotografías de Younes Abouyaaqoub y reclamara la cooperación ciudadana, el terrorista era localizado y abatido. Fue el pasado lunes, a pesar de que las autoridades disponían de esas imágenes desde hacía días. Las voces más críticas apuntan a que debería haberse hecho públicas mucho antes.

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