Puigdemont pretende una investidura telemática y regresar después a España

Puigdemont interviene a través de videoconferencia en uno de los mitines de la campaña autonómica. :: JAVIER SORIANO / afp/
Puigdemont interviene a través de videoconferencia en uno de los mitines de la campaña autonómica. :: JAVIER SORIANO / afp

El PP recurrirá ante el Constitucional la elección a través de internet del jefe del Ejecutivo catalán

CRISTIAN REINO BARCELONA.

A diez días para la constitución de la Cámara catalana, el independentismo inició los primeros movimientos serios para desencallar la investidura toda vez que el expresidente de la Generalitat sigue en Bruselas sin concretar su futuro. Desde su entorno, no obstante, deslizaron ayer que el exjefe del Ejecutivo está dispuesto a regresar a España después de ser investido presidente de la Generalitat. Esto implica que la elección tendría que realizarse de manera telemática, un hecho inédito en la historia del parlamentarismo español.

Los independentistas se aferran a que el reglamento de la Cámara no especifica que el aspirante a presidente deba estar presente en el Parlamento durante el debate de investidura y a partir de esa grieta han construido su estrategia. Buscan una carambola a dos bandas que, por un lado, dé una salida al complicado laberinto de la investidura de Puigdemont y, por otro, trata de poner en un brete a la justicia, y de rebote al Gobierno español, porque debería tomar la decisión de detener a un presidente de la Generalitat recién elegido, con la carga simbólica y política que lleva consigo.

Ese es uno de los planes. El otro consiste en instar a Mariano Rajoy a negociar que Puigdemont pueda regresar a Cataluña para ser investido con el compromiso de que al día siguiente de ser reelegido acudiría a declarar al Tribunal Supremo.

Tras constatar que el PP no quiere negociar, los independentistas necesitan ahora ejecutar como sea la investidura para sostener el plan iniciado con la fuga del 29 de octubre a Bruselas. Necesitan que la mesa de la Cámara haga una lectura laxa del reglamento y este extremo solo será posible si los secesionistas se aseguran la mayoría absoluta en el órgano rector de los legisladores.

Los resultados del 21 de diciembre les avalan, lo que ya no juega a su favor son las circunstancias. Por ello, desde el secesionismo se daba por hecho que los cuatro exconsejeros que acompañan a Puigdemont (dos de Junts per Catalunya, Clara Ponsatí y Miquel Puig, y dos de ERC, Antoni Comín y Meritxell Serret) renunciarán a su acta de diputado para amarrar la mayoría absoluta de los secesionistas en la votación de la Mesa. Sin renuncias en Bruselas ni entre los tres presos en Estremera y Soto del Real, el indepedentismo vería esfumarse su mayoría absoluta al pasar de 70 diputados a 62.

Jordi Sánchez y Quim Forn, en prisión junto a Junqueras, ya han recibido sus actas de diputado, y el exlíder de la ANC y número dos de Junts per Catalunya se ha mostrado dispuesto a renunciar. Demòcrates, formación aliada a ERC, fue ayer el primer grupo que pidió en público a los exconsejeros que dejen sus escaños, a cambio recibirián una cartera en el futuro ejecutivo.

Esquerra también insinuó que podría pedir a sus exconsejeros que den un paso atrás. «Estamos convencidos de que los que están en el exilio tomarán la mejor decisión por el bien común», afirmó Roger Torrent, tras la reunión de la ejecutiva. En la formación republicana insisten en el doble lenguaje que tan nervioso pone a sus socios. Mientras la dirección del partido reitera que la investidura de Puigdemont es el único plan que está sobre la mesa, Gabriel Rufián presiona con la idea de que Junqueras es el plan B si Puigdemont no regresa.

ERC duda del 'skype'

La cuestión es que a los republicanos no les acaba de convencer la idea de una investidura telemática. Tampoco a algunos sectores del PDeCAT. Esquerra se lavó ayer las manos, pero lanzó un aviso a Puigdemont. «El Ejecutivo y el presidente deben poder gobernar». Los republicanos no ven clara la investidura telemática y trasladan la decisión a los letrados de la Cámara catalana, que deberán interpretar el reglamento.

En cualquier caso, si los independentistas siguen adelante volverán a provocar un encontronazo legal ya que el PP anunció que recurrirá al Tribunal Constitucional para impedirlo. Los populares calificaron la intención de los soberanistas de «surrealista», «absurda» y que pretende «reírse de los ciudadanos». «Sería una ilegalidad. La esencia del parlamentarismo es la presencia», afirmó el coordinador general del partido, Fernando Martínez Maillo. Según el PP, las videoconferencias solo se permiten en las comisiones parlamentarias, no en las investiduras.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, cree que Puigdemont vive en el mundo de Matrix. «Los que no nos hemos tomado la pastilla no entendemos su mundo -aseguró insistiendo en la analogía con la película de las hermanas Wachowski-, el de una república que no existe y que piensa que puede gobernar por Skype o WhatsApp».

«La presidencia telemática no existe. Cataluña debe ser gobernada desde el Palau de la Generalitat», señaló el socialista Miquel Iceta, que consideró que está fuera de toda duda jurídica y política, y de sentido común, que un gobierno debe tener «un presidente y consejeros que residan en el país».

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