Puigdemont pide declarar hoy desde Bélgica con el objetivo final de evitar la extradición

Periodistas esperan a la puerta del abogado belga Bekaert ante una posible apareción de Puigdemont. :: Yves Herman / reuters/
Periodistas esperan a la puerta del abogado belga Bekaert ante una posible apareción de Puigdemont. :: Yves Herman / reuters

El abogado, que también asesora a los cuatro exconsejeros en el exilio, seguirá la misma táctica usada en los casos de ETA

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Cubrir las peripecias de Carles Puigdemont por Bélgica se ha convertido en una cuestión de fe en la palabra de Paul Bekaert. Todo es tan rocambolesco que no queda más alternativa que esperar a que decida hablar preferiblemente a un medio internacional para intuir por dónde pueden ir los tiros. Insiste en que Puigdemont sigue en Bruselas, pero ya nadie pone la mano en el fuego por nada. Bekaert es el veterano abogado flamenco que defenderá al expresident y a los cuatro exconsejeros que se han quedado junto a él en esta suerte de Govern en el exilio. Se trata de Meritxell Borràs, Antoni Comín, Clara Ponsatí y Meritxell Serret. La estrategia es sencilla: embarrar el terreno de juego y apostar por el cuanto peor, mejor. El primer paso será la solicitud a la Audiencia Nacional para que declaren desde Bélgica. «Es posible porque ya lo he hecho en el pasado», zanjó el histórico letrado de miembros de ETA, que ya el martes adelantó que no acudirían a Madrid.

El quinto día de la autoproclamada república catalana volvió a ser la mejor metáfora del discurrir del procés en las últimas semanas. Fue una jornada caótica de desinformación persiguiendo sombras. En torno a las diez de la mañana, comenzó a filtrarse la idea de que Puigdemont comparecería en Gante a mediodía. Todo llegaba desde Madrid y Barcelona, pero en Bruselas nadie informaba de nada. Alertas, urgentes... Sí, comparece a las doce. Agua. Luego, también desde España, se expandió el rumor de que la esperada comparecencia sería en Tielt, localidad flamenca situada a 90 kilómetros de Bruselas donde el abogado tiene su bufete. Más agua. Fuentes del entorno del expresidente achacaban estas confusiones «a filtraciones de Interior» y pedían calma porque no estaba nada previsto. De hecho, el propio Bekaert criticó la actitud de los medios españoles en declaraciones a la televisión flamenca refiriéndose por ejemplo a la información que decía que el martes estaba viajando a Barcelona. «Es una verdadera guerra de nervios y propaganda», aseguró.

Por la tarde, cierta calma chicha rota con un tuit llamando a la resistencia. Y llegó la noche. Cuando ya nadie esperaba nada, rompió su silencio a través de un comunicado. Lo hizo para proclamarse presidente del «Govern legítimo» y asegurar que «en ningún caso los consellers y el president que se quedan en Bruselas contemplan eludir la justicia, sino que justamente la reclaman». Puigdemont añadió que «responderán a las citaciones de acuerdo con los mecanismos que ya están previstos en la UE en estas circunstancias». Pero parece que no en lo que denominó «un juicio político».

¿Volverá a hablar hoy? Quién sabe. Todo dependerá de la decisión de la juez Carmen Lamela, si acepta la videoconferencia o, por contra, si la rechaza y al final ordena su arresto por incomparecencia. Este es el escenario más factible y sobre el que Bekaert ha diseñado su tradicional estrategia en contra de la justicia española. Lo dicho, embarrar el terreno de juego y buscar las aristas entre los sistemas judiciales de España y Bélgica para evitar la extradición de sus defendidos alegando, 'grosso modo', que no tendrán un juicio justo porque sus derechos fundamentales serán vulnerados.

A la espera

«Hay muchas posibilidades de que lo detengan, así que mi cliente está esperando a ver cuál es la reacción del Estado español y cómo se desarrollan los acontecimientos. De momento y por decirlo de algún modo, el gato sigue en el árbol», explicó el abogado flamenco.

Dar algo por sentado estando Bélgica de por medio sería un grave error. Todo es posible. Si al final la jueza decide hoy prisión provisional para Puigdemont y sus exconsejeros, se debería tramitar una orden de detención y entrega europea, la llamada euroorden, para que las autoridades belgas les arresten. Así será. En este hipotético caso, serán detenidos por la Policía española o por la belga, de eso no se librarán, porque así se contempla en el protocolo judicial que rige en la UE. La clave es el traslado a España, la extradición, y aquí es donde Bekaert quiere jugar su partida.

La última palabra la tiene un juez y en Bélgica son especialmente garantistas en la defensa de los derechos fundamentales, como pueden dar fe varios miembros de ETA acusados de delitos de sangre que lograron quedarse en el país gracias a este letrado.

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