Puigdemont ignora a Rajoy y trata de hacer efectiva la independencia

El Govern y los diputados de Junts pel Sí y la CUP, con la ausencia de los parlamentarios del PSC, PPC y Ciudadanos, aplauden ayer tras aprobarse la DUI. :: a. estévez / efe/
El Govern y los diputados de Junts pel Sí y la CUP, con la ausencia de los parlamentarios del PSC, PPC y Ciudadanos, aplauden ayer tras aprobarse la DUI. :: a. estévez / efe

Llama a los catalanes a defender la república en su primer mensaje tras la declaración de independencia

CRISTIAN REINO BARCELONA.

«Horas después de que el Parlamento declarara la independencia, el Gobierno catalán se puso en marcha y celebró la primera reunión del Ejecutivo de la nueva república. Fue una cita convocada de urgencia con la presión de que podía ser la primera y la última. Con la única baja de Santi Vila, que renunció el jueves, y con la plaza Sant Jaume llena hasta la bandera y mientras Rajoy anunciaba la destitución de los allí reunidos y el adelanto electoral, el Gobierno de Carles Puigdemont se centró en el análisis de la situación, perfilar la estrategia y poner en marcha la construcción de la república, aplicando la ley de transitoriedad jurídica y abriendo el proceso constituyente.

«Vienen horas en las que a todos nos tocará mantener el pulso del país en un terreno de paz, civismo y dignidad». Estas fueron las primeras palabras que pronunció Puigdemont después de que la Cámara catalana proclamara ayer la república independiente. No intervino en el hemiciclo, durante el pleno, si no en el pequeño rellano que hay a la salida de su despacho en el Parlamento autonómico, junto a la escalinata. Poca solemnidad para el que había sido presentado como el día D de la independencia.

Fue un discurso, dijo, pronunciado desde la «emoción y el corazón», pero también desde la razón. Se dirigió a los varios centenares de alcaldes que asistieron al pleno y a los diputados y consejeros de su Gobierno. Alegría, pero el gesto de las caras no podía disimular el peso de la responsabilidad. Fuentes del Ejecutivo catalán reconocían la que se les viene encima. Mientras se dirigía por primera vez a la población, el Senado aprobaba el 155 y su destitución estaba en camino. Ese fue su primer mensaje: hay que defender la nueva república.

La gran incógnita que se abre a partir de ahora es cómo se hace efectiva esa defensa. «Toca aguantar», expresó lacónicamente un diputado autonómico de Esquerra. El independentismo tenía la sensación de haber metido un golazo con la proclamación de la república y la consigna era todos para atrás, cerrojazo para defender el resultado. En la práctica, este 'catenaccio' supondrá, según Josep Costa, profesor de la Universidad Pompeu Fabra y miembro de la Sindicatura Electoral del 1-O, que el Gobierno catalán no reconocerá la destitución que anuncie la Moncloa. «Si se ha declarado la independencia es para no reconocer órdenes externas», afirma este asesor del independentismo. «Puigdemont y los consejeros no acatarán el cese», añadió. «El 155 es un papel y la DUI, otro, pero el Gobierno catalán tiene a dos millones de personas que le siguen y esa es una ventaja respecto al Ejecutivo central», añadió. «Toca resistir», señaló otro dirigente secesionista. «Madrid lo va a tener difícil para tomar el control de la situación si la gente está detrás», reflexionó.

Agenda en blanco

En cualquier caso, el primer movimiento del presidente de la Generalitat no fue en la línea de encastillarse en el Palau de la Generalitat para hacer una defensa numantina. Hacia las diez de la noche, tras la reunión, se marchó a casa. La agenda del presidente de la Generalitat y sus consejeros está en blanco hasta el lunes. El primer gesto del Gobierno de la nueva república fue ignorar las medidas del Gobierno central contra la nueva república.

«Como ha ocurrido siempre y continuará pasando», son las instituciones y los ciudadanos los que «conjuntamente, de forma inseparable, construyen pueblo y sociedad», señaló Puigdemont en su breve alocución en los pasillos parlamentarios. La gran batalla podría librarse en cuanto se ponga en marcha la maquinaria judicial y haya querellas sobre la mesa y órdenes de detención. Si el presidente de la Generalitat decide resistir en el Palau de la Generalitat, que estos días podría estar rodeado de miles de personas, y la Policía recibe una orden de detención, el riesgo de orden público es más que evidente.

El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, también hizo un breve discurso desde el mismo lugar que el jefe del Ejecutivo, con el que tras el choque del jueves apenas intercambió palabras en todo el día, y se dirigió a los ciudadanos de las «tierras españolas», a quienes dijo que «compartimos tantas cosas en común» y con los que se comprometió a «construir un futuro en común mucho mejor», con las herramientas propias de un estado y de «cualquier república».

En principio, el independentismo, según las primeras reacciones, no reconoce la legitimidad de las elecciones anunciadas por Rajoy y fuentes de Junts pel Sí y la CUP apuntaron a un posible boicot electoral. La ANC evitó valorar el anuncio de Rajoy: «No tenemos por costumbre comentar la política de gobiernos extranjeros».

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