Puigdemont exige la libertad de los «presos políticos» tras abandonar la cárcel alemana

El expresidente catalán alega que ha llegado el momento de la política y emplaza a Rajoy a sentarse a negociar

CRISTIAN REINO

barcelona. Tras doce días de reclusión en la cárcel alemana de Neumünster, Carles Puigdemont salió ayer en libertad, después de que la ANC y Ómnium Cultural abonaran la fianza de 75.000 euros impuesta por la justicia germana.

El expresidente de la Generalitat fue arropado por los suyos como un héroe, una especie de Sant Jordi que ha salido victorioso en su batalla contra el dragón de la justicia española. Son las paradojas del proceso catalán, que da tantas vueltas imprevistas. Y es que hace pocos días nadie hubiera dado un duro por el futuro del expresidente, a quien sus propios correligionarios presionaban para que renunciara al acta de diputado para facilitar la investidura. Pero de repente, lo que para muchos -también en el independentismo- fue una huida hacia ninguna parte, ahora se ha convertido en una jugada maestra, para poner en jaque al Gobierno y a la justicia y mantener viva la causa secesionista.

A la salida de la cárcel, cerca de las dos de la tarde, Puigdemont compareció con atuendo de mandatario, no de expresidiario: traje y corbata y el escudo de la Generalitat en su solapa. Su primer mensaje fue para cargar contra el sistema judicial español y contra la democracia española. Contundencia, de quien todavía se considera el presidente de la República catalana en el exilio. «Es una vergüenza para Europa que existan presos políticos», afirmó a las puertas de prisión. «Exijo la liberación inmediata de todos mis compañeros encarcelados en España», añadió. «La democracia, remató, está en peligro».

En el entorno del líder de JxC aseguran que está «como una roca» y con una «energía increíble» Se trasladó a Berlín tras ser puesto en libertad y hoy pretende comparecer allí ante los medios

Palabras muy gruesas y poco conciliadoras del exalcalde de Gerona, que fueron acompañadas de una llamada al Gobierno a sentarse a hablar. «Es el momento de hacer política», expresó, junto a sus abogados y rodeado de una nube de periodistas. «Es la hora del diálogo», algo que «llevamos reclamando durante años», para recibir solo «respuestas represivas y violentas», remató. El mensaje es más o menos el mismo que hizo en Bruselas, el día después de las elecciones del 21-D, en que el independentismo revalidó la mayoría absoluta y JxCat, contra pronóstico, se convirtió en la primera fuerza secesionista.

El secesionismo, tras haber intentado la ruptura, pide ahora más política y menos tribunales. «Estamos ante un caso político que reclama que el Gobierno se siente en una mesa de negociación», aseguró. No se extendió en las condiciones de ese supuesto diálogo, pero el independentismo lleva meses reclamando una solución al pleito catalán, que empezaría por la puesta en libertad de los dirigentes encarcelados -extremo no negociable en una mesa política-, el fin del 155 y el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Consciente de que la causa nacionalista no tiene muchos adeptos en el corazón de Europa, el expresidente no se presenta como un luchador por la independencia de Cataluña, sino como un adalid de las libertades. El conflicto catalán no es un asunto interno de España, señaló, sino que concierne a todos los ciudadanos europeos.

A su juicio, la cuestión soberanista es estrictamente política, por lo que debería estar alejada de los tribunales. «No estamos ante un caso de rebelión ni de malversación», dijo. En su entorno afirman que le ven como una «roca» y con una «energía increíble». Dispuesto a seguir dando la batalla, mientras el Tribunal alemán resuelve su extradición.

Rumbo a Berlín

Puigdemont, tras salir de prisión, se desplazó a Berlín, donde podría instalarse a la espera de que se aclare su situación judicial. Por la tarde tenía previsto ofrecer una rueda de prensa, pero por «cuestiones legales» la trasladó a hoy. Durante su trayecto hacia la capital de Alemania, grabó un mensaje que dirigió a los independentistas. «Mucho coraje a todos, continuemos y sigamos hacia delante. Es un camino largo, pero es un camino que solo tiene un final posible que es nuestra victoria», alentó. «Continuamos más fuertes que nunca, más decididos que nunca, siguiendo nuestra vía, la vía catalana», concluyó.

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